De
momento viene bien que alguien arregle en Cataluña lo que el PP empeora, si además
sirve para que sea más barato el precio de la luz, que suba el salario mínimo, se
reduzca la tasa de paro y mejore el empleo, suba el ingreso mínimo de
supervivencia, aumente la protección de las mujeres y los menores o tengan
contrato laboral las empleadas del hogar. Es decir, para que el Gobierno vaya
cumpliendo sus promesas, aunque otras queden en el tintero.
Otro
tema es que la amnistía sirva para reducir la influencia del nacionalismo. Aunque
el independentismo esté en retroceso (pese a la actitud chulesca de sus
promotores), la amnistía no es una pócima de efecto inmediato. El nacionalismo,
fomentado con firmeza desde la Generalitat -cuestión de Estado (catalán)-, será
importante mientras no se combata desde una posición progresista como el añejo proyecto
de un sueño romántico y burgués del siglo XIX, preñado de supremacía provinciana,
efectuado en nombre de una Cataluña idílica que nunca existió. Pero esa
intención es débil en el PSOE y más aún en la izquierda postmoderna, entre
tanto, políticamente el nacionalismo se combate con argumentos muy rancios.
En
este asunto conviene tener en cuenta no sólo los sucesos más recientes, sino
los procesos, la secuencia de acontecimientos, que, en el caso de las relaciones
del gobierno central con los partidos nacionalistas y con los terroristas es
larga y diversa, pues hay coyunturas en que las concesiones son explícitas y
otras en que son tácitas o, mejor dicho, encubiertas. Y en los casos de perdón
son evidentes.
Debería
ser notoria la propensión del PP a los perdones encubiertos. Para facilitar una
negociación con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, Aznar acercó a 120
presos de ETA a cárceles del País Vasco, permitió la excarcelación y el regreso
el regreso a España de varios centenares de miembros y colaboradores de la
banda. No fue el único: Rajoy excarceló a 14 etarras, Acebes a 23 y Mayor Oreja
a 19, todo ello sin gran ceremonia. En cuanto a los indultos, Aznar es campeón
en concederlos: 1.443 en un solo día, por delitos diversos.
Como
en cualquier trato es obligado entrar en las contraprestaciones, que, en el
caso de la negociación del gobierno de Aznar con ETA, por parte de ésta no hubo
contraprestación alguna, pues siguió como siempre. Aznar había dicho que sería
“generoso” y lo fue con una serie de “entregas a cuenta”, pero a cambio de nada,
pues la negociación se interrumpió tras la reunión de Zurich. O sea, que fue un
timo; el gran estadista fue engañado por un puñado de encapuchados para sacar
de la cárcel y traer del exilio a un montón de militantes y partidarios. Todo
ello no impidió al PP acusar a Zapatero de “traicionar a los muertos” y a
Rubalcaba de “colaborar con el terrorismo”, cuando el PSOE se propuso negociar
con ETA. Entonces sí hubo un resultado positivo, pues ETA cesó en sus atentados
y luego se disolvió.
Y
citemos de pasada la chapucera amnistía fiscal para ricos, de Cristóbal Montoro
con el fin de regularizar las cuentas de 31.500 muertos de hambre con un
“perdón” de 2.800 millones de euros. Finalmente fue declarada inconstitucional.
Pero
lo que más sorprende de este asunto es que dos partidos - PP y Vox- con el mismo
origen político -el franquismo- critiquen acerbamente la amnistía propuesta por
Sánchez siendo herederos de los beneficiarios del mayor perdón habido en este
país desde 1975, que fue la amnistía de 1977.
La Ley de Amnistía de octubre de 1977 tuvo un doble efecto: permitió a opositores del franquismo salir de la cárcel y a la vez impidió que entraran en ella muchos de los más inhumanos defensores de la dictadura; sacó de la cárcel a víctimas del franquismo, pero evitó encarcelar a quienes habían actuado como verdugos.
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