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domingo, 15 de julio de 2018

Primera plana


Cómo ocurre cada vez con más frecuencia, hoy la portada y la contraportada de El País están alquiladas a un anunciante; un recadero, imagino que global como corresponde a la categoría del periódico. En otras ocasiones el anuncio ha correspondido a una marca de coches. Ha habido veces que, en el expositor del quiosco, había cuatro o cinco periódicos luciendo la misma portada, que no era la coincidencia en el tratamiento dado a una noticia, sino el anuncio de una marca.
Antes, El País se definía como “diario independiente de la mañana”. Nunca me lo creí -independiente, ¿de quién?-, pero casi lo prefería a la denominación de “periódico global”, que tiene ínfulas universales, pero, ¿es mejor periódico?
Lo dudo. Además el anuncio de hoy es paradójico: no basta con indicar que la primera plana se ha vendido a un anunciante, sino que el texto del anuncio - una sola palabra: “Entregados”- señala la posición del periódico ante quien paga (y manda).  
Chomsky, en “Los guardianes de la libertad” (“Manufacturing consent”), escribe que la publicidad en los medios de comunicación de masas es uno de los cinco elementos que componen un modelo de propaganda, en países donde está reconocida la libertad de expresión e información y se defiende el papel de la opinión pública.
In illo tempore, cuando la prensa se preciaba de ser el cuarto poder -aunque pocas veces lo era-, los periódicos defendían como una muralla su mancheta y la primera plana.
La primera plana definía el contenido de la edición del día y era la primera batalla, ganada o perdida, en la venta de ejemplares frente a los competidores, y para publicar la gran noticia del día, se reservaba el hueco en la primera página hasta que llegaba a la redacción, por cualquiera de los medios de entonces, o incluso se demoraba la impresión si la noticia que se esperaba lo merecía.
Los mejores reporteros se peleaban por colocar en primera plana sus crónicas, como lo recordaban tantas películas sobre periódicos y periodistas, y en particular Howard Hawks en “Luna nueva” y Billy Wilder en “Primera plana”, en el duelo entre el periodista Hildy Johnson (Jack Lemmon) y su trapacero jefe Walter Burns (Walter Mathau).
Eso, me temo que pasó a la historia del periodismo, porque ahora parece que son los anunciantes los que disputan por aparecer en primera plana, en unos diarios que han entregado su alma y su razón de ser al diablo, no a sus lectores.

viernes, 25 de mayo de 2018

Del ciudadano ácrítico: el retorno del idiota


Observo que el tema de esta sesión de las “Jornadas”[1] viene definido por tres sugerentes voces -conciencia, crítica y ciudadanos-, así que, a tenor de lo que me suscita la unión de estas tres palabras, antes de responder al interrogante  que señala el título en cuestión, voy a plantear otras preguntas que vienen al hilo del asunto: ¿Podemos imaginar una ciudadanía que no sea crítica? ¿No es el espíritu crítico y vigilante lo que caracteriza a la ciudadanía?
En el Antiguo Régimen, el discurso crítico que brotaba desde los estamentos subalternos contra el ilimitado poder regio, que reservaba la función gubernativa a los altos estamentos -nobleza y clero- e imponía deberes y obediencia al estado llano, es lo que acabó con la figura del súbdito e hizo aparecer la figura del ciudadano burgués, que, más tarde, y debido a las demandas políticas del movimiento obrero, dio lugar al ciudadano moderno, que es un sujeto reclamante de derechos, razonante y crítico, vigilante del poder político, activo y revolucionario, pues introduce una nueva forma de concebir la política, es decir, de acceder y ejercer el poder, para atender a unos asuntos que se van a considerar públicos (comunes, abiertos y opinables) y no reservados a la ocupación privada y permanente de una casta.  
La figura del ciudadano, con tiempo y esfuerzo, y en medio de notables tensiones sociales y de saltos atrás, muy frecuentes y graves en el caso de España[2], ha ido creciendo en derechos nominales y reales, pero desde el punto de vista de la praxis política, hoy, en las postrimerías del siglo XX, en Occidente, el vigoroso trazo que perfilaba al ciudadano se ha ido debilitando, erosionado por los cambios jurídico-políticos, que, desde la década de los años setenta, han dado lugar a los regímenes de democracia dura o fuerte, que ya anticipaba Agnoli[3], como autoritaria respuesta a la crisis de legitimación, que, según Habermas, sufre, desde entonces, el Estado democrático.
En este orden de cosas, uno de los cambios políticos más importantes ha sido sentar las condiciones para que surja un discurso que equipara la figura del ciudadano a la del contribuyente, a la del consumidor o a la del modélico votante. Este programado ciudadano se muestra cuando vota -lo que le ponen delante-, cuando paga los impuestos -que le ponen delante-, cuando consume -los artículos a los precios que le ponen delante- y cuando trabaja en las condiciones laborales, que también le ponen delante.
Este paradigmático sujeto es un ser obediente, aceptante del (des)orden vigente, que no cuestiona, pero en el cual él mismo es cuestionado por ignotos poderes para hacerle volver, cada día un poco más, a la condición propia de un súbdito que acepta su voluntaria sumisión[4] como una condición básica para mantener vigente el orden político y económico. Surge la pasividad (o la resignación) como necesaria condición para mantener el régimen político liberal/democrático y el sistema económico de mercado -la producción capitalista-, como ya señalara Marx (1974, p. 255): la teoría económica liberal /burguesa sólo funciona cuando los trabajadores aceptan someterse a la producción en las condiciones que marca el capital, pues en cuanto brota la lucha de clases, es decir, cuando no se acepta mansamente lo que el capital prescribe, entonces la teoría no se cumple[5].
El sujeto así considerado estaría más cercano al idiota, el ciudadano libre de la Atenas clásica, que, en principio, no ostentaba cargos públicos y que luego fue desentendiéndose de los asuntos comunes (de la gestión de la polis) y acabó viviendo aislado, inmerso en su vida privada y renunciando de hecho a los derechos que le confería su ciudadanía. Por decirlo de otra manera, abusando de la definición de Aristóteles -zoon politikon- del hombre como animal político, el idiota sería el zoon apolitikon, el hombre apolítico. A tenor de esta idea, el individuo apolítico es un hombre (o ya, en nuestros días, una mujer) incompleto, porque está mutilado de un aspecto esencial de su vida humana, es decir, transnatural, que se ocupa de hacerle partícipe de los fines y afanes comunes, el que le brinda la percepción de que su propia existencia sólo tiene sentido en relación con la existencia de otros semejantes, dentro de un proyecto común de cuya gestión también debe de ocuparse[6].
Hoy, en gran medida, el sistema político democrático -o mejor dicho, democrático burgués, pues sigue conformado por la hegemonía burguesa y respondiendo de manera principal, aunque no exclusiva, al logro de los intereses de esta clase- se esfuerza por producir ingentes cantidades de idiotas. Lo peor del asunto es que también los llamados partidos de izquierda (y los sindicatos) han invertido no pocos de sus esfuerzos en alimentar esta contagiosa epidemia de idiotez.
Así, pues, la respuesta a la pregunta que señala el objeto de esta sesión estaría en hacer revivir esa incómoda figura para el gobernante, porque es crítica, activa, acreedora, participativa, interpeladora del poder político (y del económico), que debiera ser el ciudadano moderno: en hacer revivir, adaptado a las necesidades de nuestra época, el zoon politikon aristotélico, pues para el filósofo de Estagira, la política es un instrumento para formar y articular la parte social de cada individuo, el ámbito para alcanzar la socialización suprema, que es convertirse en ciudadano; es decir, sentirse miembro de una colectividad y asumir los deberes y derechos que implica vivir en comunidad, porque vivir es convivir y compartir tiempo y espacio (territorio).
El quid de la cuestión está en que hacer revivir a este paradigmático sujeto no es tarea fácil, porque llegar a ser un ciudadano crítico y exigente precisa, entre otros requisitos, entender bien lo que ocurre alrededor, y eso -llegar a entender, a comprender- es hoy algo bastante difícil de conseguir.

MIRAR Y NO ENTENDER
Hoy, cuando recibimos cada día más cantidad de información sobre la situación del mundo que la que han recibido nunca las generaciones precedentes, no podemos asegurar que prestando atención a las noticias que nos suministran los medios -la prensa- entendemos bien lo que acontece en el planeta.
De la lectura de los periódicos, la audición de la radio y el visionado de los programas informativos de televisión no obtenemos la impresión de entender lo que ocurre. Es más, personalmente siento que la representación del mundo que costosamente me había ido elaborando a lo largo de muchos años se ha ido desbaratando en poco tiempo, y que ni uniendo los trozos dispersos de la vieja imagen con las novedades cotidianas consigo formalizar una nueva visión coherente que reemplace a la antigua, lo cual me llena de perplejidad.
Por fortuna, existen personas que ofrecen unas reflexiones que van por delante de las nuestras y nos procuran el alivio de hallarnos en buena compañía en este mundo que se nos ha vuelto tan extraño.
Anthony Giddens (1993, p.16) señala: la opinión de que no es posible obtener un conocimiento sistemático de la organización social resulta, en primer lugar, de la sensación que muchos de nosotros tenemos de haber sido atrapados en un universo de acontecimientos que no logramos entender del todo y que en gran medida parecen escapar a nuestro control.
Otro autor, un periodista y estudioso de los procesos de la comunicación, I. Ramonet (1997, p.87), comparte esta desazón cuando escribe: Nos enfrentamos a una crisis de inteligibilidad: aumenta la distancia entre lo que sería necesario comprender y las herramientas conceptuales necesarias para tal comprensión. Con la desaparición de las certezas y la ausencia de proyecto colectivo, ¿habrá que resignarse a vivir lo que Max Weber llamaba <<el desencanto del mundo>>?
Opinión compartida por J. Mª Ripalda (1999, p.105) que señala que las clásicas distinciones de frentes se difuminan; los viejos esquemas políticos, oficiales o revolucionarios, no funcionan; el discernimiento es más necesario y difícil que nunca. Y Marc Ferro[7] escribe: somos conscientes de vivir en unas sociedades sin brújula, que han perdido sus puntos de referencia y ya no saben unir el futuro y el pasado. Lo mismo se puede decir de las ideologías, porque ya no sirven de referencia, se trate de socialismo o de liberalismo, puesto que las prácticas que pretendían encarnarlos han resultado equivocadas. Parece, pues, que habitamos en un mundo sin rumbo, como lo califica Ramonet (1997), o desbocado, como lo hace Giddens (2000), o que, de repente, haya explotado el desorden, como afirma Fernández Durán (1993).
En los años 60 y 70, entre la “gente maja”, progresista o comprometida en la lucha contra la dictadura, se puso de moda un término -tomar conciencia-, que era una aberración semántica (tomar conciencia es gramaticalmente similar a tomar horchata), pero señalaba la necesidad de entender, de ser conscientes de lo que pasaba. Eran un par de palabrejas de separaban el mundo de los alienados del mundo de los iniciados, de los seres conscientes, de los que estaban orientados, sabían lo que pasaba y lo que había que hacer.
La conciencia solía tomarse, como un bebedizo, en uno o varios seminarios, en los cuales un iniciado abría los arcanos de la concepción materialista de la historia a los catecúmenos.
Después de varios seminarios bien cargados de conciencia, ya se tenían las claves de cómo funcionaba el mundo y de por qué lo hacía, y ya se podía pensar en cambiarlo. Con tan ligero equipaje teórico, los que en los años sesenta teníamos alrededor de veinte años nos aprestamos a transformar el mundo de manera radical (desde la raíz) y no de otra forma, pues la fuerza de nuestro empeño no residía tanto en un real conocimiento del mundo como en la creencia de que poseíamos ese saber. Nuestra titánica tarea de pretender cambiar el mundo de manera revolucionaria no era tanto una consecuencia de la ciencia como de la fe; de haber tomado conciencia. Sin embargo, el proceso de conocer el mundo -no digamos ya el de transformarlo- es una tarea algo más compleja y requiere un poco más de tiempo. 
Los griegos de la época clásica llamaban contemplación -mirar detenidamente- a la labor de meditar, reservada a los hombres libres que disponían del tiempo suficiente como para poder entregarse a interpretar el mundo después de haberlo contemplado largamente -eso es lo que significa en griego théorein, <ver>, <contemplar>, señala Victoria Camps[8]-, y de ahí ha quedado el sentido posterior del término teoría como resultado de la reflexión, de la contemplación, de la actividad de mirar y de pensar. La theoría era un reflejo que se construía en el aire de la mente y que se levantaba con la dúctil materia de las palabras. Por ello, la theoría -lo visto, en suma-, se reconstruía abstractamente, sin la grávida realidad e indiferente a la asunción que de ellas habían hecho nuestros ojos, señala Emilio Lledó en la obra citada (1994, p.12), pero hoy, la afanosa escrutación del mundo por una mirada anhelante sólo parece hallar el caos como resultado de su esfuerzo y, en consecuencia, en vez de encontrar conocimiento, tropieza no sólo con la duda, sino con la confusión.
Comprender es hoy la apuesta capital, sentencia Ramonet (1997, p. 191), luego de señalar que estamos saliendo de un universo de simples determinismos y entramos en un mundo de complejidad, en el que la incertidumbre, la estrategia y la innovación aparecen fuertemente ligadas. Pero su imbricación nos aparece como un enigma.
Así, pues, tal y como prescribía Hegel a sus coetáneos, los humanos de hoy volvemos a estar condenados por Dios a ser filósofos; condenados a tener como tarea prioritaria la interpretación de un mundo que en sus evoluciones nos deja perplejos.
Javier Muguerza (1990, p. 46) considera interesante este estado de tensión que para él es la perplejidad, ya que es la antesala de la búsqueda -la filosofía apenas es más que un conjunto de cuestiones incesantemente planteadas y vueltas a replantear, de problemas siempre abiertos, de perplejidades que nos asaltan una y otra vez. De tal manera, indica este autor, que, si para la inmensa mayoría de los mortales, incluida la inmensa mayoría de los filósofos (y, por supuesto, el que esto escribe), la perduración de un estado de irresuelta perplejidad tendría bastante más de pesadilla, y hasta de maldición, que de dádiva o de regalo de los cielos, algunos escasos filósofos pueden disfrutar con el don de la perplejidad, puesto que es el único padecimiento filosófico capaz de inmunizarnos contra el escepticismo propio de la ignorancia y la certeza del dogmatismo.
Pero no debemos renunciar a entender este presente confuso haciendo de la perplejidad una razón de vida o la base de una postura estética, si es que aspiramos a actuar de alguna manera sobre la realidad. Muy al contrario, el dinamismo del mundo actual no respeta la automarginación para dedicarse a contemplar los afanes humanos (demasiados de ellos trágicos) desde un hipotético Olimpo resguardado de dudas y tensiones. Al final, hay que actuar y para hacerlo hay que tratar de comprender; es decir, no renunciar, cuanto menos, a utilizar la razón, como indica Muguerza (1990, p. 662) -Cualquiera que sea el grado de perplejidad teórica en que uno esté sumido, hay ocasiones en la vida en que no queda más remedio que optar por una u otra alternativa. La opción por la razón frente a la sinrazón es una de ellas. Es, sin lugar a dudas, la opción fundamental. Y la necesidad de optar por la razón es de índole eminentemente práctica.
Así, pues, en nuestros confusos días y como previo requisito a la intención de actuar sobre el mundo -tarea propia de cíclopes, si se trata de transformarlo- o al menos de no abandonarlo del todo a su controvertido rumbo, habría que plantearse (o replantearse) la imperiosa necesidad de volver a interpretarlo; de comprenderlo en su acelerado dinamismo y en su creciente complejidad, tarea, a mi parecer, no menos ciclópea.

Mayo, 2000.



[1] Jornadas sobre medios de comunicación: presente y futuro. Barcelona, 3-4 de junio de 2000, organizadas por el Consell d’Edicions del Centre d’Estudis y Debats de l’Esquerra Socialista de Catalunya. Se publicó parcialmente como artículo en la revista Escrits nº 21, hivern, 2006.
[2] Tema que he abordado en El lienzo de Penélope. España y la desazón constituyente (1812-1978), Madrid, Los libros de la catarata, 1999.
[3] Agnoli, J. & Brückner, P. (1971) (primera edición alemana en 1968): La transformación de la democracia, Méjico, Siglo XXI.
[4] Sobre este asunto, ya, en el siglo XVI, reflexionó Etienne de La Böetie en El discurso de la servidumbre voluntaria.
[5] Los economistas quieren que los obreros sigan en la sociedad tal como está establecida y tal como la han consignado y sellado en sus manuales. Marx, C. (1974): Miseria de la filosofía.
[6] Este tema lo he abordado con más extensión en el capítulo “Gobierno y convivencia. Apunte sobre el origen urbano de la política”, en la obra colectiva: Política y comunicación. Conciencia cívica, espacio público y nacionalismo, Madrid, Los libros de la catarata, 1999.
[7] M. Ferro “Medios y comprensión del mundo”, en Le Monde diplomatique (1998): Pensamiento crítico vs. Pensamiento único, Madrid, Debate.
[8] Camps, V., "El sentido olvidado de la ética", reseña del libro de E. Lledó Memoria de la ética, (El País, "Babelia", 12-XI-1994, p.13).

domingo, 11 de febrero de 2018

Televisióno pública

A propósito de suprimir la emisora catalana TV3 y todas las emisoreas autonómicas.
Defiendo la radio y la tv públicas, no serviciales de los partidos gobernantes sino como servicios públicos, con programas de calidad, con información lo más objetiva posible, con formación y divulgación (artística, científica y cultural, en general), con entretenimiento culto, no chabacano, que se proponga la mejora intelectual de la ciudadanía como meta (hacer mejores ciudadanos y, a ser posible, mejores personas), y gestionadas con criterios de profesionalidad, neutralidad, eficacia y control del gasto, al margen de los vaivenes de los partidos políticos. Lo ideal sería que, tanto en la radio como en la tv públicas, no se notaran en sus programas los cambios de gobierno.

lunes, 22 de enero de 2018

Cuarto poder

Francamente, recomendaría a ambos, y en particular a Évole, que vieran "Los archivos del Pentágono", donde hay lecciones de buen periodismo y sobre el papel que juegan los periodistas que creen que son amigos de los políticos. Los periodistas se juegan cada día la credibilidad de su papel como cuarto poder, que sólo se puede cumplir si se ponen al servicio de los gobernados, no de los gobernantes. Esa fue la reclamación de los periodistas ingleses, cuando, creo que fue en 1803, tuvieron acceso al Parlamento británico para informar en directo de los debates, que antes hacían por medio de la información facilitada por los miembros de la cámara. Desde el momento en que los periodistas juegan a "comprender" las "razones" del poder, de la clase política o del gobierno, dejan de actuar como miembros del cuarto poder para convertirse en portavoces del primero.

martes, 2 de enero de 2018

Deprisa, de PRISA

Good morning, Spain, que es different


El periódico global, y sin embargo parcial, exhibe hoy en primera plana, en cabecera y a 5 columnas, el siguiente titular: "Pedro Sánchez dimite y deja un PSOE más dividido y derrotado", que se aleja bastante de lo ocurrido. Para comprobarlo basta con seguir la trayectoria del diario alentando (y quizá algo más) a la facción disidente. 
En realidad, el titular debería decir: "Hemos conseguido que Pedro Sánchez dimita y deje un PSOE más dividido y derrotado".
Acompaña la tropelía informativa un farisaico editorial -"La hora de la unidad"- alineado con la facción susanesca, que certifica la legitimidad del golpe palaciego y aboga, tras el éxito alcanzado, por restablecer la unidad del partido -ahora sí- con generosidad. 
Pero sabe el editorialista que la unidad no se restablece en una hora, ni en un mes ni en un año, y que el desaliento producido en sus militantes, seguidores y votantes socialistas será duradero, porque en política, y más en momento como este y en como se ha producido la "operación Mariano president", cosas como esta tienen consecuencias duraderas. 
El PSOE, para partidarios y detractores, era uno de los pilares más firmes del sistema, y una de las dos columnas más vigorosas del régimen de partidos, hoy seriamente agrietado. 
Es difícil de entender como un diario que ayudó a fundar, a popularizar y a defender el régimen político de la Transición (recuérdese la valiente edición de la noche del 23-F) y tan volcado después en mantenerlo, se ha podido prestar a una maniobra de este tipo, de la misma manera que es igualmente difícil de entender el propósito de quienes la han promovido desde dentro del propio PSOE.
A corto plazo, el efecto inmediato es la investidura de Rajoy, pero a largo plazo las consecuencias pueden estar muy lejos de los propósitos de los conspiradores.

lunes, 1 de mayo de 2017

El País

Antes leía el suplemento dominical de El País, no todo claro; luego sólo algunos artículos; de opinión, algún reportaje o entrevista, pero cada vez menos. Desde hace un tiempo, le echo una ojeada sin leerlo, y el de hoy ya está en la papelera. "El País semanal. Exclusividad sin límite. Especial lujo". No me interesa. 
El país de Cebrián y el mío cada día están más lejos. A lo mejor prescindo de él. Ya lo habría hecho si no fuera por algunas firmas que quedan todavía.
...
 Ignoro quienes son los cerebros que dan forma a las ediciones, imagino que jóvenes, por el diseño y la falta de memoria que se trasluce (el otro día, alguien atribuía a Muñoz Molina, una frase de Marx en el Manifiesto del Partido Comunista, que el escritor español ha utilizado como título para uno de sus libros. Pero esa frase -"Todo lo sólido se desvanece en el aire"- ya la utilizó el filósofo norteamericano Marshall Berman para titular un libro suyo publicado en 1988). Sigo: tales jóvenes están ofreciendo un producto que como periódico es cada día peor, mientras dedican esfuerzos y dinero a editar una serie de suplementos destinados a "su público" de treintañeros sanos y triunfadores, o a "sus jóvenes" con ese "Tentaciones" que es un compendio de imbecilidades a todo color.

jueves, 20 de octubre de 2016

Libertad de expresión

A propósito de una entrada de JG. Zurbano sobre el boicot a Cebrián y González en la Universidad Autónoma.

No están acostumbrados a que se les tape la boca, aunque una vez mostrado el rechazo, sin insultos y a cara descubierta, se les tendría que haber dejado hablar, para a) conocer lo que querían decir, b) para poder interpelarles y c) para respetar un derecho. No hay que emular a la derecha en privar a nadie, por repulsivo que sea, de los derechos civiles. La ley mordaza es un invento de la derecha; la izquierda no debe seguir al PP en eso. Hay que ser coherentes.

Por eso les criticamos, porque son prepotentes, porque no respetan, porque despiden a los trabajadores o compañeros de partido (el que se mueve no sale en la foto) que no les siguen o discrepan. Por eso les criticamos, en nombre, digo yo, de otros principios. No debemos dejar que el adversario (o el enemigo) consiga que nos parezcamos a él, porque entonces habremos perdido la batalla por nuestras ideas al haber asumido parte de las suyas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Larga vida al Viejo Topo


He recibido el número de octubre de El viejo topo, un número singular, ya que celebra el 40 aniversario de su fundación, y he recibido también una carta de su director, Miguel Riera, dándome las gracias por mi apoyo.
No las merece, sino que, al menos en mi caso, es al contrario, pues si nos atenemos a las leyes del mercado, al pragmático “do ut des”, el saldo del intercambio entre el precio de los ejemplares pagados por un persistente lector, ocasional colaborador y más reciente suscriptor, y lo recibido en estos años es claramente desfavorable a la Revista.
Es mucho, lo recibido en estas cuatro décadas, en ideas, enfoques, nuevos temas y nuevas visiones de temas viejos (tan viejos como el mundo) y, sobre todo, lo recibido en el tono humilde, abierto, exploratorio, ensayístico y alejado del dogmatismo imperante en muchas de las izquierdas (y en todas las exultantes derechas), que coincide y alienta la posición de quien observa la marcha del mundo (y de su propia vida) con ojos asombrados, el ceño fruncido y el ánimo perplejo.
El viejo topo nació en una época contradictoria, teórica y políticamente estimulante, que permitía albergar, con no poca ingenuidad, esperanzas en lograr drásticos cambios y creer en exóticas utopías, pero, el lastre de un pasado ominoso acabó pronto con esos sueños. El artículo de Miguel Riera “Resurrección en el desconcierto”, en el que relata las vicisitudes de la Revista, es al mismo tiempo la crónica del país, del nuevo país democrático, del fracaso de lo prometido en la Transición y el fracaso de los proyectos de fondo, la derrota de los programas de la izquierda y, por el contrario, la victoria del neoliberalismo, difundido con un relato triunfal sobre la modernización de España, primero en versión socialdemócrata y luego en versión conservadora, aunque ya agotado, pues nos hallamos sin relato, perdidos y endeudados.
Se alejan las reformas necesarias, la revisión profunda de lo que nos ha traído hasta aquí y un necesario proceso constituyente. Y quedan pendientes de abordar las modestas utopías de este país: una república en vez de una monarquía, una Iglesia resignada a su lugar en las conciencias, no convertida en un poder económico y político, un Estado menos inclinado a servir a las rentas altas y más dado a atender a los estratos sociales desfavorecidos, un mayor equilibro entre las rentas, un aparato fiscal que exija más a quién más tiene, un empleo digno y perdurable, una sistema parlamentario realmente representativo, un gobierno transparente y a ser posible no ocupado por gente corrompida, y otras metas que parecen quimeras en un tiempo como este.
Como la historia no se detiene (aunque a veces lo parezca), necesita que alguien escarbe en el subsuelo, bajo las alfombras institucionales, para permitir que lo nuevo y sojuzgado, lo subversivo, lo revolucionario, salga a la luz del día y trabaje para transformar este desdichado mundo. Por eso es necesario El viejo topo. Brindemos con cava para que siga cavando.

Un abrazo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Las prisas de PRISA

Good morning, Spain, que es different

Antaño, El País era considerado un periódico progresista, un diario que ayudó a hacer la Transición, y un oficioso vocero de la socialdemocracia, tanto que, en ocasiones, ha dado muestras de ser más coherente con los principios de esta corriente ideológica que el propio PSOE, su representante español.
Sin embargo, desde hace tiempo, en la línea editorial y en las propias secciones del diario es claramente perceptible un cambio de orientación en un sentido más conservador, que se ha acentuado desde la llegada de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE.
En las últimas semanas el diario ha tomado partido a favor de los adversarios de Sánchez, de manera que, en este asunto, sus titulares de primera plana con frecuencia han sido similares a los de los diarios de la derecha.
Ante la situación de incertidumbre provocada por las dificultades para investir al Jefe del Gobierno y el riesgo de que el PSOE pudiera llegar a algún tipo de acuerdo con otros partidos para formar un gobierno en el que Podemos estuviera presente, la dirección del diario ha decidido provocar la deposición de Pedro Sánchez, señalando el camino a los críticos del Secretario General para obtener el cese de sus funciones.
En los últimos días, la secuencia de esta intención ha sido la siguiente:

El País, viernes 23 de septiembre de 2016.
Titular y subtítulo en primera plana: “Sánchez, dispuesto a un congreso para hacerse fuerte en el cargo. El líder socialista propondrá al comité federal un Gobierno con Podemos. Rivera descarta toda participación en ese pacto y pide una reacción en el PSOE”. Editorial: “La deriva de Sánchez. Su hoja de ruta agudizará la crisis del PSOE y provocará otras elecciones”.

El País, sábado 24 de septiembre de 2016.
Titular y subtitular en primera plana. “Los líderes del PSOE harán frente al plan de Sánchez. Los críticos rechazan un congreso y gobernar con Podemos”.

El País, domingo 25 de septiembre de 2016.
Titular y subtítulos en primera plana: “El 25-S arranca la cuenta atrás para evitar terceras elecciones. Rajoy pretende hacer suya la esperada victoria en Galicia para reforzarse. Sánchez hará frente a los críticos con unos resultados que se prevén malos”·
El País, lunes 26 de septiembre de 2016.
Titular en primera plana: “Galicia y País Vasco refuerzan a Rajoy y hunden a Sánchez”. Editorial: “Voto a la estabilidad. Euskadi y Galicia eligen continuidad y castigan la intransigencia de Sánchez”. En página 13, un artículo del Jefe de Opinión del diario, José Ignacio Torreblanca, titulado: “La irresponsabilidad política”.
El País, martes 27 de septiembre de 2016.
Titular y subtitular en primera plana: “Sánchez cambia su dimisión por un congreso del PSOE. Tras el desastre del 25-S, el líder socialista fuerza unas primarias antes de que haya Gobierno. La propuesta encuentra amplia contestación en el partido”. Editorial: “Un partido secuestrado. Sánchez maniobra para eludir la responsabilidad de las continuas derrotas”.
El País, miércoles 28 de septiembre de 2016.
“El PSOE se alza ante el intento de Sánchez de retener el cargo”. Titular en primera plana. Subtitulares: “Más de la mitad de la ejecutiva se plantea dimitir para evitar el congreso”, “Las voces críticas dominan la reunión del grupo parlamentario socialista”, “Susana Díaz dice que ahora hay que hablar de España y no de problemas internos”.
El País, jueves 29 de septiembre de 2016.
Primera plana: Antetítulo: “Crisis histórica del socialismo español”. Titular: “Sánchez se atrinchera tras su cese”. Subtítulos: “La mayoría de la ejecutiva dimite y deja sin funciones al secretario general”, “El líder destituido ignora la decisión y se queda al frente de la minoría”, “Los dirigentes dimitidos niegan legitimidad a Sánchez y a su equipo”. Editorial: “Salvar al PSOE. El cese inevitable y legítimo de Sánchez es la única salida para el partido”.
El País, viernes 30 de septiembre de 2016.
“Susana Díaz reclama unidad y recuperar un PSOE ganador”. Titular en primera plana. Subtítulares: “La líder andaluza pide que el congreso se celebre cuando haya gobierno”, “El grupo de Sánchez quiere primarias en octubre y congreso en noviembre”, “Total incertidumbre sobre el futuro tras una jornada de caos en Ferraz”. Editorial: “Restaurar la unidad. El PSOE tiene que cerrar su crisis y poner fin a los enfrentamientos”.
Saque cada cual las consecuencias de estas lecturas.

Lo que sucede no sorprende, ya que El País, desbordando el papel de consejero áulico y asumiendo el de un órgano ejecutivo que está incluso por encima del propio Gobierno, se ha tomado la libertad de señalar los cambios de época cuando ha estimado que la socialdemocracia estaba agotada y que el gobierno del país precisaba un reemplazo.
Así, el día 13 de enero de 1995, un editorial titulado “Final de etapa”, instaba a Felipe González a presentar una moción de confianza en el Congreso o en su defecto a convocar elecciones anticipadas. Y el día 18 de julio de 2011, con un editorial titulado “Final de ciclo”, acompañado por un artículo de Juan Luis Cebrián titulado “Esta insoportable levedad”, El País señaló el fin de la etapa de Rodríguez Zapatero.

Con Pedro Sánchez, a pesar de que no gobierna, ha sido más pertinaz y más rudo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

“El País”, ¡qué “País”!

Good morning, Spain, que es different

Hoy, “El País”, el periódico global, trae una portada distinta, original, inaudita: es el anuncio de un banco, que continúa en la última. En otras ocasiones ya había vendido la contraportada a otros anunciantes, pero reservar la primera plana –la sagrada “Primera plana” de Billy Wilder- a un banco, creo que es un hecho nuevo, un evento. Es un banco catalán, no sé si esto añade algún matiz al reconocimiento de que quién paga, manda. Es como un colocar un gran titular: aquí manda el capital, cosa que no es nueva, y que la información se subordina a lo dispuesto por el amo.
Dentro, claro, el diario recobra su apariencia normal, pero la gran noticia del día está en esa portada que es una declaración de intenciones, la rendición sin condiciones de un diario que nació con la Transición, ayudó a nacer y a mantener el régimen democrático y hoy agoniza con él.
El diario se ha ido escorando hacia la derecha, siendo menos incisivo  y orientado cada vez más por ideas y “valores” (desvalores) neoliberales y sirviendo de medio difusor de los mismos, expresado no sólo en la reorganización de las secciones y la publicación de suplementos, sino en el contenido de los artículos, desde los más inanes a los más talentosos.
Es continuo el elogio de los emprendedores de buena familia y apellido sonoro y la promoción de triunfadores, ellos y ellas, en las más diversas actividades relacionadas con la moda, el diseño, las pasarelas, la música, el arte, la cultura.  
Mientras el diario languidece en información y sobre todo en opinión, a causa de la depuración de los colaboradores más críticos con el “establishment”, aunque aún quedan algunas buenas firmas, la dirección dedica recursos humanos y dinero a  publicar suplementos, algunos de ellos auténticos catálogos publicitarios, y otros que no valen lo que pesan.

En fin, un gran diario que fue, que no escapa a la crisis general que padece el país.   

domingo, 31 de enero de 2016

Periodismo catalán

 "El consumo de información se ha convertido, con las compras, en la principal forma de ocio contemporáneo. Y en todas partes, para alimentar la máquina, se precisa mano de obra no cualificada. Como en el deporte, la falta de fundamentos técnicos se aprecia cuando los practicantes se ven sometidos a la presión y a la exigencia. El agobiante cerco de la política separatista podrían haberlo resistido periodistas articulados, que hubiesen leído y pensado sobre su oficio, con independencia de sus convicciones. La fragilidad intelectual ha sido la condición previa e inexcusable de la devastación moral. En Cataluña la política ha arrasado al periodismo y lo ha puesto humillantemente a su servicio". Escribe A. Espada ("Periodista catalán, oximoron" El mundo, 31-1-2016), pero no sólo se produce en Cataluña, sino en todo el país, pues en realidad vivimos en un régimen general de propaganda, con versiones locales en cada taifa.

viernes, 23 de octubre de 2015

Aquella colonización catalana 1

Good morning, Spain, que es different

Cuando oigo o leo opiniones de independentistas catalanes asegurando que les odia el resto del país o aludiendo a la conquista y colonización de Cataluña por España desde hace siglos, recuerdo mi niñez y mi adolescencia, no ya de infante catalán residente en Madrid, sino de simple jovenzuelo entregado horas y horas, como tantos otros colegiales y bachilleres, a leer ávidamente libros y tebeos, que curiosamente llegaban de Barcelona.
La Ciudad Condal, como decía el narrador del NO-DO, era entonces, y creo que  lo sigue siendo, una potencia editorial, que, no sé si con ánimo de colonizar al resto del país y neutralizar la cultura de los emigrantes, que, según un bulo que circula con cierto éxito entre las almas más crédulas del nacionalismo, enviaba Franco a Cataluña para desnaturalizarla, o por simple afán de hacer negocio (la pela es la pela) distribuía periódicamente toneladas de papel impreso en forma de historietas y de novelas baratas.
Salidos de los lápices de Cifré, Vázquez, Ayné, Peñarroya, Escobar, Ibañez, Conti, Benejam, Jorge, Coll, Estivill, Nadal, Raf, Panella, Muntañola o Enrich, entre otros, las bodegas de Editorial Bruguera, de Toray, de Cliper, de Hispano Americana de Ediciones o de Editorial Juventud volcaban semanalmente la abigarrada turbamulta de los personajes habituales de revistas ilustradas como TBO, Pulgarcito, El DDT, Tío Vivo, Yumbo o Pinocho, y los jóvenes lectores se deleitaban con las aventuras y desventuras de La familia Ulises, Morcillón (amito Mochilón) y Babalí, El profesor Franz de Copenhague, cuyos inventos han servido de inspiración a muchos políticos, Las hermanas Gilda, El repórter Tribulete, Zipi y Zape, Carpanta, Don Pío, Doña Urraca, El loco Carioco, El doctor Cataplasma, Petra, criada para todo, Pascual, criado leal, Mortadelo y Filemón, Anacleto agente secreto, 13 Rue del Percebe, La familia Cebolleta, Pepe Gotera y Otilio, Blasa, portera de su casa, Mi tío Magdaleno, Apolino Tarúguez, hombre de negocios (y su secretario Celedonio), Don Berriche, Ángel Siseñor, La familia Churumbel, El botones Sacarino, El caco Bonifacio y tantos otros, además de las colecciones de los llamados cuentos de hadas (Azucena, Alicia, Graciela) y de las revistas Sissí, Blanca, Lily y, sobre todo, Florita, para las chicas.  
Del mismo caladero procedían El cachorro (y su fiel Batán), El jabato (y el forzudo Taurus), El capitán Trueno (con Crispín y Goliat), El sheriff King, Tarzán, Dick Norton, Flash Gordon (con Dale Arden y los chicos del espacio), El hombre enmascarado (el duende que camina) y los personajes de los relatos situados en la II Guerra Mundial y la guerra de Corea ofrecidos en Hazañas bélicas, donde gobernaban los lápices de Boixcar, Alan Doyer y Alex Simons.
Todos ellos debían disputar las preferencias infantiles con héroes como Jeque BlancoDoc SavageMendoza Colt, Aventuras del FBI (de tres agentes: Jack, Sam y el joven Bill), de la madrileña Editorial Rollán, con Diego Valor (de los cielos caballero, de malvados el terror), el Coyote y Dos hombres buenos (Guzmán y Silveira) de José Mallorquí, para Editorial Cid, también de Madrid, y con El guerrero del antifaz y Roberto Alcázar y Pedrín, de la Editorial Valenciana.
Para la gente menuda y para los bachilleres de toda laya, los tebeos y novelas baratas (del Oeste, policíacas, de piratas y de aventuras en general), junto con los programas de radio y las sesiones dobles de cine de barrio, suponían la necesaria alternativa a los deberes escolares y a las plúmbeas tardes dedicadas a memorizar, que no a entender, el hermético mensaje del dogma católico y el no menos abstruso de la Formación del Espíritu Nacional, que compendiaba el ideario político franquista.
La verdadera patria es la infancia, decía Rilke, y puede que sea cierto, porque en la infancia se configura la personalidad, se adquieren los códigos que insertan al individuo en determinada cultura y se adquieren los valores morales que, en buena parte, van a guiarle el resto de su vida. En este aspecto, miles, millones de niños y jóvenes españoles, chicas también, naturalmente, fueron educados durante años no sólo por sus familiares, maestros y los inevitables curas y monjas, sino por los tipos humanos y los estereotipos sociales suministrados por unos relatos elaborados en Barcelona.
¿Cómo sería posible odiar a los catalanes sin renunciar a una parte de la infancia?  

jueves, 24 de septiembre de 2015

"El País"

A propósito de un comentario de Luis Roca Jusmet
El País ha perdido objetividad con el tiempo (y con el capital que ha entrado en PRISA) y se ha escorado hacia la derecha y hacia arriba, hacia las clases altas. Eso se percibe muy bien en la información económica (que en origen se llamó "Economía y Trabajo" y ahora se llama "Economía y Negocios" y los domingos "Negocios" a secas) y en el ocio, dedicando recursos a una serie de suplementos que alientan los viajes, la moda, el consumo caro y el vivir bien, y en la colección de triunfadores y triunfadoras que exhiben en los suplementos y en el dominical. Mientras tanto, el diario ordinario ha ido a peor en información y en confección y para venderse ha recurrido al bazar. Aún así, es de los mejores diarios que hay en España, aunque habría que matizar por autores, temas y secciones. La línea editorial (y la propia configuración del diario) son peores, a mi juicio, pero conserva algunos buenos colaboradores. 
En otros diarios sucede lo mismo, que no son monolíticos, por ejemplo, ABC no es bueno en política, es mejor en cultura, donde El País flojea, salvo para promocionar las editoriales del Grupo PRISA. La Vanguardia tiene algunas secciones y colaboradores que son buenos, y unas entrevistas en la última plana que son muy interesantes. En realidad, para estar bien informado habría que hacer una selección de autores y secciones de varios diarios de todo el país. No existe el diario ideal, y además no tenemos otra cosa para estar medianamente al tanto de lo que ocurre.

miércoles, 28 de enero de 2015

Uniforme pluralidad

Good morning, Spain, que es different

Esta mañana, cuando he ido a comprar periódico me he encontrado con que, al menos, cuatro diarios de tirada nacional, editados en Madrid -El País, El Mundo, La Razón y ABC-, ofrecían la misma portada, que es un anuncio del Banco Santander.
Seguramente sin querer, Ana Patricia Botín, al hacer coincidir portadas y contraportadas, ha señalado un problema grave del sistema de producción de noticias de este país, que es la coincidencia de contenidos por su escora a la derecha.
La pluralidad es más formal que real, pues las líneas editoriales corren bastante parejas, como señalaba hace poco tiempo la Vicepresidenta, cuando incluyó a El País en el grupo de medios serviles, y hoy, esa formal pluralidad ha quedado borrada con la primera y la última plana, que componen una sobrecubierta y las páginas interiores, con un gran anuncio del Banco Santander. Lo cual es un alarde de poderío, porque hace coincidir el fondo y la forma de la información, y consigue determinar, en cuatro diarios, cuál es la noticia más importante del día para todos y cada uno de ellos, la que merece la primera y la última plana, la que mejor refleja la actualidad, el alfa y el omega de la realidad: que es el anuncio de un banco. El que paga, manda, así de claro.    
El anuncio, de cuatro páginas a color, no es cualquier cosa, sino la promoción de una estratégica línea financiera de cara a los estudiantes, que sale al paso de las carencias de este país, ya que pretende suplir, desde el campo del negocio privado, lo que el Gobierno está triturando en el ámbito de lo público. Dos frases que abren la información interior- “Un compromiso con la educación y el futuro” y “Becas para un futuro mejor”- vienen a decir: chicos, chicas no os preocupéis, lo que no hace el Gobierno lo ofrece el Banco Santander.
El anuncio se titula “Generación encontrada”, como una respuesta en positivo a la idea pesimista de “generación perdida”, y está ilustrado con fotografías de jóvenes dinámicos y optimistas y frases entusiastas, llenas de pretendido ingenio, que no son más vacuidades salidas del manual de una escuela de negocios o de una acelerada sesión matinal de “brain storming”: A ver, chicos, pensad en unas frases que reflejen espíritu juvenil, afán emprendedor y una sana rebeldía comercial, pero sin criticar el sistema, ni proponer alternativas bolivarianas. Y este es el resultado: “Porque tengo la capacidad y la responsabilidad para afrontar desafíos”, dicen que dice un tal Daniel, de 22 años, que seguramente es un becario de la agencia que ha producido el anuncio, que trabaja 10 horas por cuatro cuartos. “Porque el futuro es el lugar donde voy a estar el resto de mi vida”, dice un tal Gustavo”, frase que puede ser de otro becario. “Porque no creo en la resignación”, afirma un tercer becario, que piensa en pedir ya un crédito al banco y abandonar la agencia. “Porque nos merecemos la oportunidad de demostrar de qué somos capaces”, afirma una chica, María, que no puede faltar en la cuota de lo políticamente correcto y de lo financieramente conveniente, porque al banco, a la hora de conceder créditos lo mismo le dan los chicos que las chicas. “Porque no nos queremos arrepentir de lo que no hemos hecho”, dice otra, Patricia, que no sabemos lo que ha hecho o lo que quiere hacer. “Porque es ahora a nunca”, concluye Alberto, que parece dispuesto a pedir una beca hoy mismo.
El anuncio concluye, ya en la contraportada, con una frase entre corchetes, que tiene resonancias de la época aznariana: “5.000 nuevas oportunidades”, y la fotografía de una jovencita con los brazos alzados y el sol en la cara, mirando al futuro con una sonrisa un tanto forzada -sonrisa Profident-, asomando por el techo de lo que parece un coche descapotable.
El anuncio viene avalado, no se sabe si financiado, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, en lo que parece una de esas muestras de colaboración entre las universidades públicas y las empresas privadas, que tanto gustan al señor ministro del ramo.  

El anuncio se publica hoy, día de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes, pero más parece un anuncio propio del día 4 de noviembre, San Carlos Borromeo, patrón de la banca.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las corrupciones de Cebrián

Extraigo unos párrafos del artículo de Jesús Maraña:
"Que la irrupción de Podemos provoca la fragmentación en la izquierda es algo que podría haber deducido Kiko Rivera, Paquirrín, sin dejar de pinchar discos, que es lo suyo. Podría detenerse Cebrián en analizar las causas que han facilitado el enorme espacio que parece ocupar Podemos en la izquierda. Podría haber citado, por ejemplo, el hecho de que la mayor catástrofe electoral del PSOE en su historia no dio paso desde 2011 a una renovación profunda imprescindible que buscara la recuperación del electorado perdido, sino a dos años largos de caída en picado mientras Cebrián defendía a capa y espada a Alfredo Pérez Rubalcaba como guardián de las esencias del “régimen” frente a esos “infantiles” experimentos de primarias abiertas o cualquier otra propuesta que pusiera en riesgo los sillones de tantos amigos o compañeros de viaje. Según Cebrián, la irrupción de Podemos se debe a una confabulación estelar entre los asesores del PP, los italianos (unos romanos, otros venecianos) que controlan las dos grandes cadenas privadas de televisión (gracias también a la 'inmejorable' gestión especulativa del propio Cebrián al frente de Prisa) y los méritos de una corrupción “sistémica” que por supuesto no tiene nada que ver con “el periodo de mayor libertad, estabilidad…" y blablablablablá de la historia de España".

"Cebrián acaba de cumplir 70 años y ya hace casi dos que explicó a su plantilla que los periodistas de más de 50 años no encajaban en la nueva etapa del periódico. Pero en este párrafo está la conclusión de la página y la solución a ‘Las corrupciones’. El autor hace una reivindicación explícita de “la democracia representativa y del bipartidismo mitigado [sic] como mejores métodos de garantizar la alternancia en el poder y…”
Aquí puede haber tenido un lapsus. ¿No debería ser al revés en todo caso? Cebrián concluye su página con el mensaje que quiere lanzar: la defensa del bipartidismo (no cita pero se entiende la necesidad probable de una Gran Coalición PP-PSOE que “mitigue” la fragmentación de la izquierda) como única garantía de la democracia frente al “populismo”, el “nacionalismo irredento”, “los cuentos chinos de los tertulianos de la tele”, etcétera. Pero lo que escribe es que el bipartidismo garantiza “la alternancia del poder”. Que realmente es lo coherente con la biografía de Juan Luis Cebrián. Lo esencial no es la política sino el poder; lo importante no es tanto el periodismo como el negocio periodístico; lo preocupante no es tanto que haya corrupción “sistémica” sino que la podredumbre del sistema llegue a descuartizar los mimbres del poder".