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martes, 5 de junio de 2018

Refeudalizar Europa


A veces es necesario que los líderes políticos más poderosos del mundo expongan,  seguros de su impunidad, claramente sus objetivos, para que los dirigentes políticos menos avezados que ellos y, sobre todo, los ciudadanos lleguen a percibir sus verdaderas intenciones.
Hay declaraciones, hechas en la confianza de estar entre compadres del mismo bando, que confirman tendencias que se vienen manifestando desde hace tiempo y que sirven de rúbrica al firme propósito que sustentaba decisiones políticas, que, hasta ahora, parecían atrabiliarias o inconexas.
Me refiero, claro está, al Gobierno de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump y a las palabras de uno de sus emisarios, Richard Grenell, pronunciadas en Berlín: “Quiero empoderar a los conservadores de toda Europa, a otros líderes (...) Pronto habrá una confederación de estados libres, no ésta Unión Europea”.
Frase que es similar en falta de tacto, intención y estilo a aquella otra -“Gracias a Dios que la ONU ha muerto”-, con la que Richard Perle, uno de los “halcones neocons” del equipo de George W. Bush, ilustraba su intención de dinamitar instituciones mundiales que pudieran representar algún límite al poderío de Estados Unidos. 
La reafirmación nacional -“América, primero”- como divisa, el proteccionismo con la introducción de nuevos aranceles, con el pretexto de que son necesarios para la seguridad nacional, la unilateralidad en las relaciones exteriores y la amenaza de usar la fuerza (“sanciones” económicas o la fuerza militar), la ruptura de acuerdos internacionales multilaterales y su reemplazo por acuerdos bilaterales donde quede clara la disparidad de fuerzas, la guerra comercial como fatal destino, la ruptura de alianzas estables y su reemplazo por pactos oportunistas con gobiernos impresentables y la intención de gobernar sin atenerse a normas internas ni externas, confirman la opción de restaurar un mundo hobbesiano, en el que los valores y propósitos que han sido divisa de Occidente, aunque ya estén deteriorados -derechos civiles, democracia, bienestar, constitucionalismo, Ilustración, mercado, solidaridad, igualdad, laicidad-, ceden ante el racismo, el ultranacionalismo, la xenofobia, el autoritarismo, el neoliberalismo, la intransigencia religiosa y el patriarcalismo, exhibidos sin recato por partidos de la derecha populista europea, que ven en el racista y conservador amigo americano un gran apoyo a su tarea de romper los pactos fundacionales de la Europa reconstruida después de la II Guerra mundial.  
La frase “Pronto habrá una confederación de estados libres, no ésta Unión Europea”, cobra todo su dramático sentido en la deteriorada imagen de la Unión Europea actual, amenazada no sólo por las consecuencias de la gran recesión económica y por las medidas de austeridad, adoptadas, en teoría, para salir de ella, sino por las tensiones nacionalistas suscitadas por los gobiernos de algunos de sus estados asociados y por la pujanza de los movimientos separatistas.    
Queda, pues, bastante claro que, hoy, el objetivo de la Administración Trump es apoyar a las fuerzas disgregadoras internas y promover una refeudalización de Europa desde fuera, en competitiva alianza con Rusia, que pretende hacer lo mismo desde la frontera opuesta.
Objetivo que coincide con el de “la Europa de las regiones”, defendido por los estrategas de CiU, desde hace tiempo, y también con el de los nacionalistas vascos, de hacer de Europa una confederación de taifas, que compitan entre sí, en un clima de inestabilidad alentado por los grandes poderes económicos y financieros, que podrían actuar libremente en un ámbito rico, desarrollado y desregulado, lo cual traería, a pocos, más beneficios a sus inversiones, pero más penalidades a los trabajadores y a las clases subalternas.
Aunque a algunos, colaborar en hacer trozos una de las pocas partes del mundo aún ordenada, aunque incompleta y deteriorada, bajo los principios democráticos y solidarios arriba enunciados, les parece una opción progresista.

domingo, 13 de mayo de 2018

Los “sesentaiochos” (1)


Se cumple este año el quincuagésimo aniversario de los fenómenos de agitación juvenil y movilización social que, en 1968, emergieron de forma espectacular en varios continentes, con la particularidad de que, en Occidente y en Japón, se produjeron en países desarrollados, con regímenes políticos estables y sistemas económicos boyantes.
Con el telón de fondo de la guerra de Vietnam, la revolución cultural en China, la “desestalinización” en el bloque socialista, los ecos de la revolución cubana, las guerrillas y los golpes militares en América Latina, las guerras de liberación en África, la tensión entre Estados Unidos y la URSS y, en Occidente, instalado en el neocapitalismo y la sociedad de consumo, con la banda sonora de la música pop, el rock, el folk, de los Beatles, Dylan y la canción protesta…“sesentaiochos” hay muchos.
El año 1968 es un año rico en acontecimientos mundiales en una década que también lo es, pero referido a los movimientos de protesta están el 68 francés, estudiantil, libertario y parisino; el checoslovaco, en sentido contrario, por el final manu militari de la primavera de Praga, o el dramático y mejicano, por la matanza de estudiantes perpetrada también manu militari en la plaza de Tlatelolco, y también el español, el japonés y, claro, el norteamericano, que es el mayor, por la magnitud y el dramatismo de los sucesos ocurridos ese año.
Acontecimientos que llegan precedidos de otros, que han quedado a la sombra del 68, como “la noche de los bastones largos” en Argentina y la actividad de los “krakers” y los “provos” en Amsterdam, en 1966, o la comuna de Berlín o la pujante emergencia del movimiento obrero en España, en 1967, a los que seguirán de modo inmediato, el “cordobazo” argentino y el otoño caliente italiano en 1969, que anuncian la radicalidad del movimiento obrero y las respuestas violentas y desesperadas de las izquierdas más extremas.
Actos, libros y otras publicaciones celebran el cincuentenario, como así ha ocurrido casi en cada año terminado en ocho. Recuerdo la primera efeméride, a los veinte años de los hechos, en un curso de cinco días en la Universidad de Verano de El Escorial, que, por los ponentes, algunos franceses, y por el entusiasmo y curiosidad de los participantes, dio para mucho. Desde entonces, creo yo, se ha abusado de la visión nostálgica y de las memorias sobre los hechos de los principales protagonistas, pero el tiempo ha pasado de manera inexorable y de poco vale añorar los años de juventud, en los que todo ofrece un aspecto nuevo, que, luego, dolorosamente, se va perdiendo a medida que este viejo mundo va mostrando su edad y que, en el orden humano (o inhumano) que construimos como podemos, hay pocas cosas realmente nuevas bajo el mismo sol. Así, que vamos a mirar aquellos sucesos teniendo en cuenta el tiempo transcurrido y desde el punto de vista de las tendencias generales, pues, al fin y al cabo, no podemos librarnos de la dimensión temporal ni dejar de estar influidos por la perspectiva global.    

De la protesta juvenil, de la insubordinación ciudadana, del afán por cambiar las cosas tanto en países del área capitalista como del área socialista, la primera idea a destacar es la ruptura del orden internacional, erigido sobre dos bloques ideológicos y dos modelos económicos opuestos, establecido después de la II Guerra mundial; el orden político, militar, económico y financiero, acordado en las conferencias de Bretton Woods (julio, 1944), Yalta (febrero, 1945), Postdam (julio, 1945) y San Francisco (abril-octubre, 1945), y las organizaciones que lo habrían de mantener (ONU, Banco Mundial, FMI) y, en 1949, la OTAN.
Los sucesos del 68, tomando ese año como modelo, expresan, en el occidente capitalista, el malestar de las generaciones de postguerra ante la sociedad en que les ha tocado vivir y el papel que les aguarda en ella -vivir para trabajar, trabajar para consumir-, de ahí viene el gran rechazo al mundo adulto, al mundo recibido, del que habla Marcuse en “El hombre unidimensional” y en “El final de la utopía”.
Y en los países socialistas, el rechazo al modelo de gestión burocrática, a la uniformidad ideológica señalada por el partido único, a la subordinación a los intereses de la URSS y a la falta de libertades. Para unos y para otros, el mundo debe cambiar, aunque nadie sabe muy bien hacia dónde ni cómo hacerlo, pero lo importante es intentarlo.
Continuará.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Europa aprieta

En esta profunda crisis económica y política, que es realmente una involución de la civilización continental, la pertenencia de España a la Unión Europea no sólo no ayuda a los ciudadanos a entender lo que ocurre, sino que contribuye a aumentar su confusión y su pesimismo, pues perciben que las directrices que llegan de la Comisión Europea, lejos de ayudarnos, aprietan hasta la asfixia.
En una época no tan lejana, la Europa democrática del Mercado Común era un referente positivo para los sufridos ciudadanos españoles, pues ofrecía un atractivo modelo económico, político y cultural, y un envidiable marco de libertades civiles a quienes vivían bajo la pacata dictadura franquista. Pero ya no es así; la Unión Europea va perdiendo de forma acelerada las que fueron sus señas de identidad más evidentes -libertad, democracia, integración, pleno empleo, consumo, Estado de bienestar, acogida social y un proyecto de progreso- y defiende el antisocial recetario de un programa neoliberal cada día más descarnado, aplicado por un ejército de bien remunerados burócratas[1].
La Unión Europea está sometida a un profundo proceso de reorganización, inducido en buena medida desde fuera de sus instituciones, tanto desde la perspectiva del Fondo Monetario Internacional como desde el Gobierno de Alemania, que aspira a ejercer una indiscutida hegemonía sobre el resto de los miembros. Ante esta Unión Europea políticamente desnortada, que pierde peso económico (ha pasado de generar el 29% del PIB mundial al 19%) e influencia política en el escenario internacional, desarboladas sus complejas estructuras y gobernada de hecho desde Frankfort y Berlín, cunde entre la ciudadanía española una profunda desconfianza hacia lo que llega desde Bruselas, con la impresión de que nos maltrata sin haberlo merecido.
Dictado por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea nos llega un mandato interesado en salvar a los bancos a costa de empeorar las condiciones de vida y trabajo de los asalariados y de los grupos sociales más débiles, sobre los que se cargan los peores costes de la recesión, mientras los máximos responsables del desastre económico eluden sus responsabilidades políticas, profesionales y fiscales, o incluso algunos de ellos escapan de la acción de la justicia y los especuladores, los grupos sociales más ricos, las grandes empresas y las mayores fortunas aumentan sus rentas en plena recesión, cumpliéndose una vez más el aserto de Marx, de que las crisis económicas son procesos de destrucción y reorganización de las fuerzas productivas pero también de concentración de capital.
De manera rápida y coactiva, con la coartada de la crisis se está construyendo una Unión Europea que está perdiendo dos rasgos característicos que servían de inspiración a otros países, que son el sistema representativo democrático y el Estado del Bienestar, ahora ambos en franco retroceso. Tal es el molde en que los ricos de Europa, y por supuesto los de España, han decidido encajar a las sociedades utilizando para ello el calzador de las medidas de austeridad. 
La opinión popular percibe que para la Comisión Europea (y para quienes están detrás de sus decisiones, especialmente el lobby bancario), antes están los bancos que los ciudadanos, y que no hay dudas en condenar a la gente corriente a vivir peor con tal de salvar el euro, poniendo antes el dinero que las necesidades de las personas, a las cuales el primero debe servir. La Europa de los mercaderes, surgida con la fundación del Mercado Común (Tratado de Roma, 1958), ha dado paso a la Europa de los financieros, impulsada por el Tratado de Maastrich (1992), dejando al margen, como una meta desdeñable, la Europa de los ciudadanos y de los trabajadores, que son los que están sufriendo, atónitos y crecientemente indignados, las medidas de austeridad para salir de la recesión, dictadas desde ignotos y egocéntricos cenáculos.
Con los “valores” neoliberales de la desigualdad y la insolidaridad que inspiran las medidas de austeridad selectiva -aplicadas sólo hacia abajo en la pirámide de rentas-, las derechas europeas y naturalmente la española han optado también por cambiar el carácter del Estado.
Las reformas económicas están alterando funciones esenciales del Estado, que, en España, escorado por la gestión autoritaria que efectúa el Gobierno del Partido Popular, tiende a la centralización, gana en adustez y opacidad, pierde contenido democrático, que ya era bastante escaso, y deja de ser, en particular en su versión autonómica, un moderado paladín de los desfavorecidos para ser abiertamente el campeón de los fuertes y el azote de los débiles; el valedor de la privilegiada casta que ha seguido ganando dinero con la crisis, de la banca y de los financieros y de los grandes empresarios, cuando no de los corruptos y de los defraudadores fiscales.
La reforma del Estado es el remate de una ofensiva política e ideológica iniciada hace años, arropada ahora por un esotérico discurso tecnocrático y por la urgencia de salir de la crisis cuanto antes. Expertos tecnócratas dicen verse obligados a dictar medidas urgentes, dolorosas y necesarias, pero siguen los viejos criterios políticos de la derecha, que ha optado de manera descarada -sin complejos- por tomar la iniciativa en la lucha de clases, emprendida desde un solo lado. Con el apoyo de serviles gobiernos nacionales, de las élites políticas, de organismos económicos internacionales y de la Unión Europea, la burguesía financiera está socavando de modo sistemático las condiciones de vida de la gran mayoría de los ciudadanos, pero en particular de los estratos medios y bajos de la clase media, de la población asalariada y de los sectores sociales económica y culturalmente más débiles, sin que estos colectivos, a pesar de su resistencia, hayan sido capaces hasta ahora de detener lo que debe calificarse de ofensiva general en toda regla. 

 Fragmento del artículo "Ërase un país desorientado", Trasversales nº 27, octubre, 2012.



[1] Entre 2005 y 2012, en la Comisión Europea el gasto en pagar los salarios de sus directivos y funcionarios subió un 18%. Si tenemos en cuenta que la crisis empezó en 2008, los miembros de la Comisión Europea han estado recomendando reducir los salarios de los trabajadores en tanto ellos se subían el sueldo. Los comisarios suelen ganar unos 25.000 euros al mes. El presidente Durao Barroso tiene un sueldo de 30.500 euros/mes, sin contar los complementos. Los vicepresidentes (por ejemplo Olli Rhen) ganan 27.300 euros/mes. 

viernes, 7 de octubre de 2016

América, América (I)

Good morning, Spain, que es different
Sobre el descubrimiento de América, no comparto la opinión de personas como las que dirigen la CUP, partidarias incluso de desmontar la estatua de Colón en Barcelona. Gente mal informada y con complejo de culpa por hechos voluntariamente asumidos, pero que no les son imputables.
Tal opinión afirma, en primer lugar, que no hubo “descubrimiento”, alegando, que, para los aborígenes, América ya estaba descubierta.
Por la misma razón, se puede despojar a Newton de la paternidad de la ley de gravedad, porque la atracción de los objetos hacia el centro de la Tierra es tan vieja como el planeta. Los cuerpos caían, cierto es, sin ayuda de Newton, pero a ese fenómeno el sabio inglés le dio una expresión matemática y formuló una ley científica. Se puede decir que Newton “descubrió” ese fenómeno porque lo vio con otros ojos (y con otra cabeza). A partir de ahí, ese “descubrimiento” de algo que ya existía empezó a contar para la ciencia y para la técnica.  
Volvamos a la América precolombina. El argumento “negativista” es falaz, porque ninguna de las civilizaciones allí existentes, ni siquiera las más avanzadas, tenía conciencia de que aquel conjunto de tierras fuera un continente, y mucho menos nuevo, ya que ignoraban todo sobre los demás continentes y sobre el suyo propio, salvando el limitado territorio que ocupaban o dominaban y el más inmediato, entre otras razones porque les faltaba interés y perspectiva, no habían realizado los viajes exploratorios necesarios y porque carecían de los instrumentos topográficos y cartográficos precisos para llegar a tal conocimiento. Los primeros mapas, portulanos y cartas marítimas de América son obra de los “conquistadores” a medida que en sus viajes fueron descubriendo el continente e integrando ese conocimiento en una perspectiva científica más amplia. Y ese afán, no se debe sólo al ansia de dinero, sino al espíritu de la época.
El viaje de Colón y sus inmediatas consecuencias es obra del Renacimiento, de la visión sobre el ser humano y su papel en el mundo, del espíritu que descubre en el hombre unas potencias desconocidas hasta entonces. Es un optimismo humanista, que se aleja de la mentalidad medieval regida por la religión y se lanza a conocer el mundo, a explorarlo, a darle la vuelta, incluso, y a descubrirlo a través de la observación, de la reflexión y de la investigación.
El argumento “negativista” aduce también que navegantes del Pacífico y los vikingos habían llegado a América antes de Colón. No es descartable, ya que antes habían arribado al continente sus primeros pobladores, pero el viaje de Leif Erikson a Vinlandia, hacia el año 1000 de nuestra era, o los de navegantes de la Polinesia hasta las costas de América carecieron de las consecuencias que tuvo el viaje de Colón, que cambió la concepción del mundo que entonces se tenía y revolucionó la economía y la política del Viejo Continente, y luego del resto. El mundo es hoy así, en gran parte por el viaje de Colón, no por la llegada de Leif Erikson a Terranova.

viernes, 24 de junio de 2016

Stormy weather

Good morning, Spain, que es different (and Britain, too)

Nubes de tormenta sobre las islas británicas; quien sembraba vientos ha recogido las correspondientes tempestades, no cuándo ni cómo pensaba pero seguro que las sembraba, fuera o no consciente de ello. Cameron, el “premier” británico, ha actuado como un aprendiz de brujo, pero no sólo él.
El triunfo del “brexit” es un suceso, pero dentro del hasta ahora imparable proceso de deterioro del proyecto europeo, al que han contribuido, y no poco, los gobiernos ingleses con su exigencia de recibir un trato preferente y su aliento neoliberal y thatcheriano sobre sus socios, así como los gobiernos de los partidos conservadores y socialdemócratas europeos que han respaldado, primero, la actual configuración de la Unión Europea desde el Tratado de Maastrich y el Pacto de Estabilidad, y, después, las medidas de austeridad exigidas por el FMI, la OCDE, el Banco Central Europeo, el Bundesbank y la Comisión Europea.  
El triunfo de los partidarios de que el Reino Unido salga de la Unión Europea señala la primera ruptura territorial en un país impensable. Primero se creyó que podía ser Grecia, ante los sacrificios que la “troika” exigía, pero Lagarde, Merkel, Juncker, Schauble y compañía sofocaron el conato de rebeldía de los griegos con un rejón de muerte y unas banderillas de fuego que los doblegaron, con el aplauso de nuestro servil Gobierno.
Así, pues, el “brexit” señala una ruptura nacional, la primera en un proyecto amenazado por otras rupturas territoriales, que ya veremos cuánto tardan en manifestarse, pero recorrido por rupturas internas, trasversales, sociales y geográficas.
La primera de ellas, que afecta sobre todo a los trabajadores y clases populares, es la ruptura de los ideales asistenciales contenidos en el Estado del Bienestar, erosionado desde hace 30 años y herido casi de muerte con las medidas de austeridad.  
La segunda es el ideal democrático, la representación política de la ciudadanía, echada abajo por el gobierno de los expertos, la burocracia de Bruselas y el imperio de los grandes bancos, con Merkel convertida, de facto, en canciller de Europa, en un caso inusitado de consentida usurpación de funciones. El “brexit” es también una reacción a la Europa bajo hegemonía alemana.
La tercera ruptura es la existente entre los países del Norte, seguidores incondicionales de las medidas de austeridad del gobierno alemán, y los países del sur, que marca no sólo una Unión de dos velocidades, sino de dos sensibilidades y formas de vida.
La cuarta ruptura es trasversal, social, transnacional, reflejo de políticas con un fuerte contenido de clase arbitradas por la Comisión Europea, que han hecho aumentar la desigualdad, la diferencia entre rentas, las diferencias entre los ricos y los pobres, a consecuencia de medidas que han ido destinadas a transferir riqueza desde los estratos bajos de la población hacia los estratos altos. En esta política, el gobierno español ha sido un alumno aplicado.   
La quinta ruptura es la existente entre los principios y las prácticas, y la existencia de normas muy estrictas por un lado y clamorosas excepciones por otro, sean de tipo económico (el cumplimiento de la deuda no ha sido el mismo para España o Grecia, que para Francia o Alemania), o sean de tipo político (gobiernos como el de Polonia o el de Hungría, que no tienen homologación posible con el resto, y las propias excepciones a Gran Bretaña).
Los ciudadanos ingleses han elegido, posiblemente mal, respondiendo de manera emotiva y de forma simple a una situación muy compleja y posiblemente muy mal explicada, pero han expresado un malestar que no es exclusivamente inglés. Han señalado, también, un problema de la Unión Europea. Esperemos que lo sepan entender quienes dicen que la gobiernan.


domingo, 19 de junio de 2016

"Brexit"

Sobre el post de un profesor nacionalista catalán (Héctor López Bofill), que dice que el asesinato de la diputada laborista Jo Cox, demuestra por desgracia que toda transformación constitucional profunda exige muertos.

a) los ingleses no tienen constitución; b) la salida de la UE no implica cambios jurídicos profundos, y además Jo Cox, como laborista defendía la permanencia en la UE, c) el agresor procede de unas filas que no se entretienen en minucias jurídicas, d) este "profesor" de lo que sea, parece que piensa más en España que en G. Bretaña, e). y parece que se coloca del lado del agresor, al que considera una especie de paladín del nacionalismo y de la ruptura con Europa como un acto de independencia de Inglaterra respecto a quien la oprime, f) no conviene tomar medicamentos sin prescripción facultativa.

Como dice el autor (José Sorolla), una sola respuesta no puede resolver un problema muy complejo. Y no parece casual que ante un orden mundial cada día más complejo vayan apareciendo, también en España, propuestas políticas, con visos en apariencia muy democráticos -refrendos-, que ofrecen soluciones rápidas y sencillas a problemas muy difíciles de resolver y aun de plantear. El triunfo del <brexit> plantearía, al menos, dos tipos de asuntos: los negociables y los no negociables. La separación daría lugar a una larga negociación política, de 7 a 10 años, dicen; a una negociación económica, también larga, para reajustar las nuevas relaciones (seguramente un tratado bilateral o algo parecido), pero habría un ámbito donde no habría negociación posible, que es el mercado financiero, que es instantáneo, diario, mundial (inmediato, inmaterial, permanente y planetario, como dice Ramonet), donde el dinero, que es muy cobarde va donde quiere, cuando quiere. Y en este tema, Gran Bretaña no es cualquier cosa, sino que es la City. Uno de los mayores centros financieros del mundo y un puntal en la Unión Europea.

miércoles, 23 de marzo de 2016

La marcha turca


Good morning, Spain, que es different

El ignominioso acuerdo sobre la devolución de los refugiados sirios, suscrito la semana pasada por la Unión Europea con Turquía, vulnera no sólo tratados internacionales sobre el derecho de asilo, como el Protocolo sobre el Estatuto del Refugiado de 1967, y, sobre todo, la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 14), sino que traiciona principios esenciales de la propia Unión (artículo 18 de la Carta de Derechos Fundamentales), que una vez más muestra su división interna, su debilidad y su incompetencia operativa ante un caso de crisis.
Entre los firmantes del “pacto migratorio”, que establece un derecho de admisión con cuentagotas y condena a un doble éxodo a quienes huyen de la guerra y la barbarie, se encuentran países de mayoría protestante y países católicos, representados además por gobiernos católicos, como es el nuestro, por lo que aún cuesta más entender el apoyo prestado a un acuerdo que desoye mandatos evangélicos y eclesiásticos.
Es difícil no recordar las consideradas por la Iglesia obras de misericordia -dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, rescatar al cautivo, dar posada al peregrino o consolar al triste-, formuladas a partir de un pasaje del evangelio en que Jesús de Nazaret señala a sus seguidores el trato que merecen los demás -“tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui un extraño y me acogisteis”. Y cuesta entender que los miembros del partido gobernante en España, tan dados a favorecer los privilegios materiales de la Curia y a excederse en aspavientos cuando intuyen alguna falta de respeto hacia actos litúrgicos o tradiciones simplemente populares como la cabalgata de Reyes, ante el drama de los refugiados no se hayan sentido movidos por la piedad, que es uno de los siete dones del Espíritu Santo, por la misericordia, que es un atributo divino y una meritoria y recomendada virtud, o por la caridad, una de las virtudes teologales más celebradas por el clero.
Prefiero no pensar que el Gobierno, que actúa en funciones, y que, según una novísima teoría de la representación política, no debe someterse al parlamento, por lo cual ha firmado un acuerdo que contraviene la opinión mayoritaria del Congreso, actúa también en funciones como católico y puede desoír temporalmente los preceptos del credo que con tanto celo ha defendido a través del ministro Wert, no ministro de la Fe, sino de educación pública.
Es más, espero con impaciencia que la exdiputada “popular” Cayetana Álvarez de Toledo, a propósito del “pacto migratorio”, envíe a Rajoy un mensaje tan indignado como el que dirigió a la alcaldesa de Madrid a propósito de la capa del rey Gaspar -“Esto no te lo perdonaré jamás, Mariano”-, y que personas de acrisolada fe católica, como el ministro del Interior o la señora Cospedal, tan entregada en las procesiones con su mantilla y su canesú, ofrezcan alguna explicación que haga compatibles los preceptos de su fe con la firma de un tratado que convierte a los refugiados sirios en eternos peregrinos.  
Allá los políticos católicos con su conciencia, tan laxa en otros asuntos, pero ¿qué dicen a todo esto los obispos, tan prestos al escándalo por la exhibición de los pechos desnudos de una jovencita en una capilla inoportunamente situada en un centro universitario? Sería muy conveniente que sus eminencias reverendísimas se dignaran emitir una carta pastoral para iluminar a la feligresía sobre el deber moral de la solidaridad y particularmente al Gobierno, que anda bastante perdido en estos tiempos de zozobra, en que la viña del Señor está siendo devastada por jabalíes, según una de las apocalípticas metáforas del papa Ratzinger.
Por lo demás, con el “pacto migratorio”, Europa se sacude un problema de encima y se lo endosa, primero, a Grecia, un país particularmente maltratado por las medidas de austeridad decididas en Berlín y Bruselas, que en 2015 recibió más de 850.000 extranjeros y 150.000 más en lo que va de año, y, después, a Turquía, que así se convierte en un aliado fundamental al recibir la gestión de lo que sucede en el patio trasero europeo. Lo cual aumenta la influencia del gobierno de Erdogan sobre el sur de Europa y la zona oriental del Mediterráneo.

La deriva confesional y autoritaria del gobierno turco, que reprime a la oposición, persigue a los disidentes y bombardea a los kurdos, no permite suponer que los refugiados vayan a recibir un trato que merezca estar a la altura de lo exigido por los derechos humanos, cuya observancia, remuneración mediante, la Unión Europea ha trasladado a Turquía.

sábado, 9 de enero de 2016

Provincianos y cosmopolitas


Respuesta a Luki, a propósito de un artículo de R. Argullol: "Provincianos y cosmopolitas" 

Que va; al contrario, el artículo tiene interés, pero mi punto de vista, que no sé si quedó claro, es opuesto, creo, al del autor. Una cosa son las tendencias del mercado, que llegan hasta donde llegan, pues creo que la globalización es un fenómeno incipiente, pero, en buena parte, un discurso, una profecía que precede a los intentos de que se cumpla (y que en cierta parte de la izquierda se ha tomado ya como un hecho). Y otra la realidad de las sociedades, todavía llenas de novedades y sorpresas, de cosas poco entendibles para los occidentales y de costumbres exóticas y también bárbaras. Algunas de las cuales estaría bien que desaparecieran y fueran reemplazadas por la defensa de los derechos humanos. Sí, ya sé que eso forma parte de la influencia occidental, pero, hasta ahora, me parece que no han sido superados como propósito universal por ninguno de los discursos sobre las bondades de la multiculturalidad y la sobre equivalencia entre unas y otras culturas.  
El autor refleja el temor ante una globalización que haga homogéneas las sociedades y borre las diferencias entre unas culturas y otras. No hay que preocuparse por eso, pues también asistimos al fenómeno contrario, a la expansión de culturas adversarias (ahí tenemos la expansión del Islám, al indigenismo) o la exaltación de las pequeñas culturas, de las variedades lingüísticas y culturales locales, comarcales, de tradiciones que no merecen conservarse, cuando no son lamentables o han sido directamente inventadas en nombre de unos valores identitarios, presuntamente ancestrales, para hacer sociedades también homogéneas pero a pequeña escala.        
Por otra parte, el autor destaca las bondades del viajero, que puede solazarse en solitario, con tiempo y dinero a su disposición, para conocer con cierta profundidad las tierras que visita, frente al turista, al visitante rápido, acogotado por un tiempo y un dinero limitados, sometido a los usos laborales y comerciales del capitalismo. Pero a mí me parece bien que la gente viaje, aunque sea en grupo y poco tiempo, y que conozca, aunque sea superficialmente otros países, otras ciudades, que abra los ojos a otras costumbres. Sí, ya sé que es no es lo ideal, pero para la inmensa mayoría de quienes viajan, que son una minoría respecto a quienes no se mueven, es lo posible. La diferencia entre la vida de las élites, aunque sean culturales, y las masas, que también mueven el mundo.  

lunes, 21 de septiembre de 2015

Helénica sensatez

Good morning, Spain, que es different

¿Están locos estos griegos?, se preguntaría Obélix ante el nuevo triunfo electoral de Siryza. No, no lo están; puede que los romanos que ocupaban la Galia sí lo estuvieran, pero estos griegos, no. 
Tsipras ha conseguido ganar tres consultas en menos de un año -dos elecciones y un referéndum-, y la última en condiciones muy difíciles. En las primeras elecciones planteó a los griegos negociar los planes de austeridad con la Unión Europea, que en el referéndum los ciudadanos respaldaron, pero chocaron con la realidad: que las decisiones de los ciudadanos no valen nada ante los planes dictados por la "troika", el gobierno de facto que okupa las instituciones representativas de la Unión. Europa está gobernada por los bancos y eso hay que aceptarlo aunque duela. 
Instigada por el gobierno de Merkel y Schauble, que interpretó el intento de hacer valer la soberanía de los griegos como un desafío a su ilegítima autoridad, la Unión no quiso negociar e impuso a Grecia un plan de austeridad de extrema dureza para poder conceder el tercer rescate financiero, en condiciones que el gobierno de Siryza no tuvo más remedio que aceptar. 
Ahora Tsipras ha sometido a consulta su intención de gobernar aceptando esas draconianas condiciones y el 35% de los votantes le ha respaldado, aunque deberá gobernar con apoyos. 
¿Qué razones son las que han llevado a los griegos a votar a Siryza para que gobierne con un programa dictado por la UE y tan contrario al que defendía hace un año? 
Pues se me ocurren tres. La primera es el deseo de cambiar y de apostar por algo nuevo, cansados de los viejos partidos que se han estado turnando en el gobierno, y que son los responsables de la situación de Grecia. 
La segunda es una cura de realismo, pues han admitido que no les queda más remedio que aceptar las condiciones impuestas por la Unión Europea.
Y la tercera es que, con buen sentido, prefieren que el programa de ajuste exigido por el rescate lo lleve a cabo un partido de personas sensatas y honradas, pues les parece necesario evitar que las rigurosas medidas de austeridad que se cargan sobre las espaldas de los ciudadanos no vayan acompañadas del enriquecimiento de los mejor situados, que es lo que sucede en España.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Dejación de Rajoy

Good morning, Spain, que es different
Francamente, me parece un argumento debilísimo que, en última instancia, se fíe la defensa de mantener la unidad de España a lo que pueda decidir la Unión Europea en el hipotético caso de una secesión. 
En primer lugar, porque el intento de segregar una parte importante del territorio español para formar otro país -una república catalana- se debe a que, por una de las partes, se concibe como la única solución posible a problemas internos de España, no a presiones o intereses de países limítrofes, como ha sucedido en el pasado, o a una consecuencia del crecimiento de la propia Unión, como podría ser la de conceder cierta cabida a regiones en las que existiera algún tipo de litigio territorial o identitario, porque la lógica europea es la contraria.
El llamado problema catalán es un problema interno de España, no un problema europeo más que en sus consecuencias. Es un asunto que compete, en primera instancia, a la soberanía del Estado español, que, por tanto, debe ser abordado y resuelto dentro de España, en instituciones españolas y por actores españoles, que son los partidos políticos y los ciudadanos, incluyendo, naturalmente, los que se quieren segregar.
Confiar la defensa territorial a la legislación europea supone simplemente otra dejación de funciones del Gobierno ante la UE, como tiene por costumbre.
Y en segundo lugar, y más importante, porque deja intacto el discurso de los independentistas al no atender a sus razones más profundas, responder a las trampas de su lenguaje y desmenuzar sus mitos y falsificaciones históricas. Como el que calla, otorga, dejar la solución del problema en manos de Europa supone dar por buenos los argumentos de los independentistas, en vez de darles la correspondiente respuesta.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Hay que hacer algo

¡Hay que hacer algo!
Esa fue la respuesta de Rajoy ante el problema planteado por los miles de personas que buscan asilo en Europa huyendo de la barbarie y el fanatismo. 
Refugiados sin refugio; refugiados expoliados por las mafias que trafican con seres humanos, refugiados rechazados, refugiados castigados, refugiados tratados como delincuentes, que se unen a los que desde el África subsahariana huyen del hambre. 
Hay que hacer algo, dijo alguien que no es un impotente ciudadano cualquiera sino un jefe de gobierno que puede hacer mucho, si quiere, por resolver, o por lo menos por paliar, este problema. De momento, podría aceptar la exigua cuota de refugiados que ha adjudicado a España la Unión Europea, y después, preparar estructuras para acoger a muchos más.
La España interior se está despoblando de manera acelerada, hay cientos de pueblos habitados sólo por viejos, pueblos abandonados, aldeas en venta, campos improductivos y tierras yermas.
Una colonización del interior, además de ofrecer, en primer lugar, asilo y una forma de vivir a miles de personas, podría dinamizar los mercados locales, aumentar el crecimiento del PIB (¡atento, Guindos!) e incluso aumentar la recaudación fiscal (¡atento, Montoro!), si es que estos argumentos pesan más en la agenda de nuestros gobernantes que los sentimientos verdaderamente humanos, de los cuales hay poca constancia. Incluso esta podría ser una ocasión para mostrar que los tienen, aunque sea en pequeñas dosis.
Pero hay otra cosa que podría hacer Rajoy, o mejor dicho que debería hacer como sucesor de José María Aznar, y es tratar de reparar parte del daño que su mentor provocó como miembro del trío de las Azores, que, en un alarde de irresponsabilidad y de superioridad colonial, decidió acabar con el régimen de Sadam Hussein, abriendo el camino a los fanáticos islamistas del Daesh, que, en su intento de hacer realidad la utopía totalitaria de un Estado teocrático fundado sobre nociones políticas de hace 1.300 años, son la verdadera causa de esta desesperada diáspora.

jueves, 16 de julio de 2015

Ágora a la “genovesa”

Good morning, Spain, que es different

El hombre que lleva cuatro años escurriendo el bulto, huyendo de la prensa y negándose a escuchar a la oposición; el hombre que veta las preguntas que no le gustan, suprime los debates y se ausenta del Congreso cuando le conviene; el hombre que comparece o “se aparece” en una pantalla de televisión, que gobierna el país a golpe de decreto sin dar cuenta de sus actos, y que fía admitir, “ad calendas graecas”, algún tipo de responsabilidad sobre su gestión y sobre la corrupción que anega a su partido, ha decidido debatir en el Congreso el rescate… ¡de Grecia!
Por imperativo mariano, el parlamento español va a discutir, ahora, en el verano de 2015, las durísimas condiciones que la Unión Europea y el FMI han impuesto al Gobierno griego para conceder el tercer rescate financiero al país heleno, cuando no hemos discutido los dos anteriores rescates a Grecia y, por no discutir, no tuvimos siquiera un debate parlamentario sobre el rescate de España, en 2012, porque el señor Rajoy no quiso convocar un pleno en el Congreso a tal efecto. Se supone que le pareció que la ocasión no lo merecía. 
Aunque no lo vieron así los gobiernos de otros países, pues los holandeses y los alemanes disfrutaron del privilegio de asistir, en sus respectivos parlamentos, al debate político suscitado por el rescate de España. Tuvieron más suerte, y mejor Gobierno, que los españoles.  
El hombre que, con estivalidad y alevosía, pactó con Zapatero la apresurada reforma del artículo 135 de la Constitución Española para adaptarla a las exigencias de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del FMI, ha decidido ahora debatir sobre el tercer rescate de Grecia. Pero, ¿qué broma es esta?
Ahora vamos a discutir sobre el rescate a Grecia, cuando en España no hemos podido asistir a un debate parlamentario sobre las condiciones impuestas por la “troika” para conceder un rescate destinado a salvar a bancos españoles en quiebra, porque se llama así, señor Rajoy, ¡un rescate!, aunque a usted y al señor Guindos les parezca “un préstamo en inmejorables condiciones” la concesión de unos fondos europeos, que han tenido como contraprestación un recorte brutal en gasto público, descenso de salarios, aumento del paro, de la pobreza, de la desigualdad y, naturalmente, de la deuda. ¿Qué broma es esta? ¿A qué viene este repentino interés en discutir, en una persona que se destaca por sus silencios?
Pues el interés está en convocar un debate, que, aprovechando el clima de opinión suscitado por el refrendo de Grecia y las incoherencias del PSOE, proporcione a Rajoy la ocasión de meter el dedo en el ojo a Pedro Sánchez y acusar a “Podemos”, que carece de representantes en el Congreso, de ser el partido de Tsipras en España.
A Rajoy no le interesan ni Grecia ni la suerte de los griegos, ni tampoco la suerte de los españoles de a pie, y mucho menos la opinión de sus adversarios políticos, sino tener la ocasión de acusarles, aprovechando la ventaja que proporciona la rígida ortopedia parlamentaria, con la única intención de detener el deterioro del PP que revelan las encuestas; simple oportunismo electoral. 

lunes, 29 de junio de 2015

Refrendo en Grecia

Good morning, Spain, que es different

Alexis Tsipras ha convocado un referéndum para que los ciudadanos opinen sobre las condiciones en las que se va a realizar el segundo rescate a Grecia.
Desde el punto de vista democrático, poco se puede objetar al deseo del Gobierno heleno de consultar a los ciudadanos sobre una medida de esta trascendencia, pues ellos serán inmediatamente afectados por las condiciones que imponen los rescatadores.
La decisión, políticamente necesaria y moralmente justa, es infinitamente mejor que negociar entre bastidores una apresurada reforma de la Constitución para complacer a Berlín, a París y a Bruselas, como hicieron Zapatero y Rajoy. Pero en la troika no gustan los experimentos que pueden dar lugar a dosis excesivas de democracia, pues, antes que la opinión de los pueblos, prefieren la opinión de los expertos, de los suyos, claro está.
Los partidos de las derechas y las organizaciones empresariales acusan a Tsipras de romper de modo unilateral las negociaciones, movido por un alarde de orgullo nacionalista. No parece extraño que esa sea la respuesta adecuada a la lógica que impera en la Unión Europea, donde Merkel se mueve por un orgullo nacionalista y expansivo (por no decir imperial) -la economía alemana, primero; los bancos alemanes, primero-, y el resto de miembros la secunda movido por un orgullo monetarista, donde se ha colocado el dinero por encima de las necesidades más apremiantes de las personas.  
Acusan también a Tsipras de acudir al referéndum para resolver los problemas internos de su gobierno. Lo mismo puede decirse de la Unión Europea, que carece de un gobierno legítimo, pues el poder ha sido usurpado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea, el Bundesbak y la Cancillera, y cuando esas sobrevenidas instancias no son capaces de ponerse de acuerdo sobre importantes problemas internos y externos, la  defensa de la usura sirve para construir una interesada y precaria unidad contra un pequeño y empobrecido país que representa el 2% del PIB europeo. 
A la vista de la cifra, la inflexibilidad de Berlín y Bruselas, jaleada por ese coro de palmeros y bufones que la acompaña, más parece que responde a la decisión política de establecer quien manda, que a un cálculo ponderado sobre lo que supondría para Grecia abandonar la moneda única y sumarse al resto de países de la Unión Europea que disponen de moneda propia. De la Unión Europea lo que llega son aspavientos y amenazas y poca información veraz.
La situación económica de Grecia pudo ser una sorpresa para los ciudadanos europeos, empezando por los griegos, pero no para los expertos de la Unión Europea. ¿A quién quieren engañar?
La Unión Europea, el Banco Central Europeo, el Bundesbank, los bancos alemanes, los franceses, etc, conocían bien cuál era la situación económica de Grecia. Lo sabía el FMI y lo sabían esos "infalibles" oráculos que son las agencias de “rating”, y actuaron en consecuencia para que Grecia se pudiera adherir al euro. 
Las cuentas se maquillaron con el disfraz de un acuerdo entre Goldman Sachs y el Banco Central de Grecia; los responsables de la operación fueron Mario Draghi, por Goldman Sachs, y Lucas Papadimos, por parte del banco griego. Mario Draghi preside hoy el Banco Central Europeo y Papadimos fue economista jefe del banco central griego desde 1985 hasta 1993, luego vicegobernador y luego gobernador hasta 2002. Desde ese año y hasta 2008 fue vicepresidente del Banco Central Europeo, entonces presidido por Jean Claude Trichet (el hombre que subió dos veces el Euribor en plena crisis). Tras la dimisión de Papandreu, por las presiones de Merkel y Sarkozy para evitar el referéndum que el primero quiso celebrar, Papadimos se convirtió en Primer Ministro de Grecia. Sorpresas pocas.  
Entre 2002 y 2011, Grecia compró armamento en la siguiente proporción: el 25% a Alemania, el 13% a Francia, el 42% a EE.UU, el 7% a Holanda, el 3% a Italia y el 2,6% a Reino Unido. Naturalmente, todos los proveedores vendían con la intención de cobrar.  
En 2010, mientras se negociaba una ayuda a Grecia de 22.400 millones de euros, Francia y Alemania presionaban al gobierno heleno para venderle armas en una situación tan paradójica como favorable, que es el viejo temor de Grecia a Turquía, curiosamente, miembro también de la OTAN y, por lo tanto, aliado.
A pesar de las medidas de austeridad, Papandreu compró submarinos a Alemania (Grecia ha sido durante años el principal destinatario de las armas alemanas) y fragatas a Francia (el 10% de sus ventas de armas van a Grecia) por importe de 6.000 millones de euros.
Entonces, Daniel Cohn Bendit denunció en el parlamento europeo que Grecia había gastado un dinero que no tenía para comprar armas que no necesitaba.
Efectivamente, el referéndum del domingo no va a resolver los problemas económicos de Grecia, pero dejará ver el respaldo del Gobierno y, sobre todo, se habrá escuchado a los ciudadanos, que quieren ser tratados como tales y no cómo súbditos de un nuevo imperio financiero en construcción.
La pequeña Grecia puede convertirse en el paso de las Termópilas, donde se estrelle la nefasta política de austeridad, y cada ciudadano griego puede emular a los 300 espartanos que siguieron a Leónidas. ¡Ahuuuuuuuuuuu! Y que tiemble Jerjes, vestido de señora.   

miércoles, 17 de junio de 2015

Stalin 2

Comentario al post de Aleix R-P a propósito del artículo de J. Alvarez Junco en Infolibre (16-6-2015) en respuesta a las objeciones al suyo sobre sobre Stalin (El país,) 
Si colocamos a Marx en su época y a los padres fundadores de EE.UU. en la suya, las cosas se ven mejor. La independencia de las 13 colonias británicas, guerra por medio, la instauración de la república, los principios de la Declaración de Independencia y luego de la Constitución de 1787, son un avance respecto a la Inglaterra de Jorge III, el rey loco. Como la Revolución Francesa y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano lo fueron respecto a la monarquía de Luis XVI. Y la Constitución española de 1812 era mejor que el absolutismo de los Borbones. Marx, mediado ya el siglo XIX, percibe los límites de los derechos del ciudadano y critica la formalidad del sistema representativo burgués. No obstante apoya los movimientos democrático burgueses donde se produzcan: "En Francia los comunistas se suman al Partido Socialista Democrático... En Suiza apoyan a los radicales....Entre los polacos, los comunistas apoyan al partido de la revolución agraria... En Alemania, el Partido Comunista lucha de acuerdo con la burguesía, en tanto esta actúa de manera revolucionaria contra la monarquía absoluta... Los comunistas trabajan en todas partes por la unión y el acuerdo entre los partidos democráticos de todos los países " ("Manifiesto del PC"). A lo largo de su vida, Marx fue muy crítico con el Estado burgués y con la restrictiva democracia de entonces como forma política del capitalismo, pero salvo algunos principios generales no hizo una aportación positiva de la democracia real, no formal, ni del futuro Estado obrero, o no burgués, tarea que dejó aplazada hasta terminar El Capital, que finalmente quedó inconcluso. Ambas cosas, la crítica a la democracia formal (o burguesa) y la ausencia de una teoría sobre la democracia no formal (obrera, o como se la quiera llamar) dejaron el camino preparado para que germinaran muchos de los errores de la izquierda posterior. Dicho lo cual, no veo mal que se rinda homenaje a los padres fundadores de la Revolución Americana, a los de la Francesa, a los constituyentes de Cádiz y al mismísimo Pericles, pues apoyándose los unos sobre los otros hemos llegado hasta aquí y podemos plantearnos metas más ambiciosas. Aunque tal cómo está las cosas, bastante trabajo hay por delante para conservar lo que tenemos, que de ellos procede.

jueves, 5 de febrero de 2015

Europa secuestrada

A propósito del post de Palinuro: "Punto de fuga"

El titular podría ser el inverso: Grecia pone al BCE contra las cuerdas. Es un poco pretencioso, pero el nuevo gobierno griego ha señalado algo muy importante: que es la ilegitimidad de, digámoslo así, la estructura de mando de la Unión Europea: la troika, Lagarde, Merkel, Schauble, Weindman, Draghi, una gavilla de impostores al servicio de los especuladores. 
Lo que Alexis Sipras ha señalado es el secuestro de Europa, no por Zeus transmutado en toro, sino de los usureros transmutados en buitres. Los especuladores y sus cómplices nos han robado la Europa social y democrática, así de simple y de dramático. Y todos los gobiernos, también el de ZP, se hincaron de rodillas y lo aceptaron. Sólo Grecia, con Papandreu (que le costó el cargo) y ahora Sipras se han atrevido a señalarlo, con valentía pero desde una posición política y económica muy débil. Ahí es donde el PSOE podría jugar un papel importante reforzando a los griegos, pero su actitud mendigando pactos con la derecha más salvaje de Europa lo aleja de esa oportunidad, que, junto con Podemos, podría ser su misión histórica en el siglo XXI; el de empezar a rescatar la Europa secuestrada por los nuevos bárbaros con traje de Armani o vestidos de Prada.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Maastrich, un mal sueño

Rebuscando entre viejos papeles me he topado con este artículo -"Maastrich: un mal sueño de la razón"- escrito hace 18 años. No está mal darle un repaso. 

Desde el campo conservador se ha criticado siempre a la izquierda revolucionaria con el argumento de que las revoluciones rompen el ritmo natural de las sociedades, que es lento, al intentar cambiar de forma abrupta el orden social existente; la revolución rompe la evolución. Así, los programas revolucionarios son productos de la razón; diseños de sociedades ideales que se llevan a la práctica por encima de los propios humanos. El futuro ideal construido por el intelecto puro debe suplantar al pasado y al presente. Este es el temperamento que lleva a las revoluciones, escribe Ortega y Gasset. Quiere el temperamento racionalista que el cuerpo social se amolde, cueste lo que cueste, a la cuadrícula de conceptos que su razón pura ha forjado, añade el filósofo madrileño en El tema de nuestro tiempo.
Antes, otro conservador, Edmund Burke, se oponía a la instauración de un orden nuevo aunque fuera fruto de un acuerdo (contrato social), porque éste expresaría la voluntad de los vivos pero no la de los muertos, representada por la tradición.
En nombre de la lenta (y frecuentemente injusta) evolución de la sociedad se han condenado dichos proyectos de cambio -que expresaban las aspiraciones de las clases subalternas, en tanto que las doctrinas conservadoras, incluida la teología, eran la legitimación del orden establecido por los estamentos dominantes- y la forma drástica y convulsa de llevarlos a la práctica, consecuencia tanto de la urgencia de las necesidades subalternas como de la resistencia de los estamentos dominantes a ceder un ápice de unas prerrogativas que consideraban naturales y eternas.
Hoy, en Europa, nos hallamos frente a un diseño del intelecto que supone una reestructuración social a fecha fija, pero detrás de él no se hallan las aspiraciones de las clases subalternas, sino los intereses de lo más granado del capital europeo, perfilados por un grupo de burócratas. El afán igualitario de las revoluciones de antaño ha quedado arrumbado por el espíritu competitivo de los poderes económicos pretendiendo crear un gran entorno financiero que dispute la hegemonía económica a EE.UU y a Japón, y la racionalidad revolucionaria que buscaba un mundo más equitativo ha dejado paso al frío cálculo económico que persigue, sencillamente, acumular más capital en menos tiempo. Esta nefasta utopía, que se nos "vende" como un imperativo del mercado productivo, responde en realidad al espíritu que niega el mercado -el monopolio- y a las necesidades del mercado financiero, que no busca la creación de riqueza (aunque se reparta de modo desigual) sino facilidades para que el capital acuda allí donde la especulación ofrece mejor rendimiento (en el momento de redactar estas líneas leo la noticia de que, en EE.UU., el aumento del empleo ha producido una gran caída en la bolsa de Nueva York, que ha arrastrado, entre otras, a la de Madrid).  
Las condiciones del Tratado de Maastrich son, además, una coartada para aplicar durisimas medidas de austeridad, para desmontar el Estado de bienestar, disciplinar a la población asalariada, debilitar las estructuras de protección de los más débiles y fortalecer las de los más fuertes. Maastrich no es Europa, sino la muerte de lo que Europa, como una sociedad más equilibrada, representaba. Sus postulantes tienen sus razones -poderosas-, pero no la razón. Los cuerdos somos nosotros, los que nos oponemos a la locura de unificar un continente a fecha fija y teniendo como meta facilitar la circulación y acumulación de capital.

Motivos de actualidad, mayo de 1996

viernes, 21 de noviembre de 2014

Cayetana

Good morning, Spain, que es different
Falleció la duquesa de Alba. Una de las diez mayores fortunas de este país. Rebelde; dicen los que la conocieron de cerca que hizo de su capa un sayo, porque en cierto modo se apartó, en ocasiones, del estirado protocolo que rige las costumbres de la gente de su alcurnia, a la que, evidentemente, no renunció. 
Descendiente de una duquesa inmortalizada en los lienzos, ora en cueros ora vestida de maja, por un pintor ilustrado, Cayetana, sin olvidar la administración de sus extensísimo patrimonio, era amiga de la farándula y de la bohemia de luxe, por lo cual era frecuente verla en fiestas y ferias, rodeada de tonadilleras, bailaoras, cantantes, artistas y toreros, en el famoseo de gama alta sevillano o marbellí. Y la prueba de ese aprecio popular está en los cientos de personas de toda condición social, que, junto con cargos públicos y autoridades civiles y militares, han desfilado por su “velorio” para rendir el último homenaje.
Cuando se tiene tanto dinero es fácil sacar un poco los pies del tiesto y amagar sin riesgo una miaja de rebeldía intrascendente para acercarse en señaladas ocasiones a los gustos de la gente corriente, pues ese ha sido uno de los grandes aciertos de la aristocracia española, que con un alarde de campechanía y superficial contacto con la plebe, ha sabido meterse en el bolsillo a los estratos más ignaros del pueblo llano.
En otros países, el empeño de la nobleza más alta en mantener la distancia con el pueblo ha terminado con frecuencia en el cadalso. En España, no; pues tenemos una nobleza bien nutrida, consentida y renovada, que vive de manera natural entre los ciudadanos, en esa mezcla de lo viejo y lo nuevo que perfila a la España de hoy, ancestral y a la vez postmoderna, en la que permanece la fuerza de los viejos estamentos sobre una débil ciudadanía como signo de una revolución burguesa varias veces empezada y nunca rematada.
Descendiente, también, del legendario Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, vencedor en Flandes y odiado por su severidad, como aún recuerdan en Bélgica y Holanda, Cayetana Fitz-James Stuart, en su calidad de gran latifundista, ha sido una de las propietarias más favorecidas por las subvenciones de la Política Agraria Común, decididas curiosamente en Bruselas. Que lo uno no quita lo otro, en esta contradictoria Europa neoliberal.

sábado, 21 de junio de 2014

Geopolítica europea



Good morning, Spain (que es different)
“El gran pacto social de 1945 fue fruto de esa correlación de fuerzas. Podemos resumir ese pacto social de dimensiones europeas como una gigantesca y transnacional revolución pasiva realizada en el territorio de Europa occidental. Podríamos resumirlo con la siguiente expresión: estado del bienestar a cambio de renunciar a la revolución democrático-popular. Todo un sistema de valores, una entera cultura construida en torno a las grandes conquistas sociales de 1945. Constituciones como la francesa de 1946 y la aún más avanzada italiana de 1948, en las que se recuperaba el discurso de los derechos del hombre y del ciudadano, fueron adoptadas de forma más o menos consensuada. La propia Declaración de los derechos del hombre de 1948 formaba parte de ese proceso, cuyos aspectos progresivos fueron truncados por la guerra fría (…)
La Unión Europea y el euro, lejos de ser, como afirma la mayor parte de la izquierda europea, una construcción incompleta, es un mecanismo adecuado a las necesidades y objetivos de quienes la diseñaron y para liquidar lo que quedaba de soberanía de los distintos estados. Por el contrario, se trata de una superestructura que permite gobernar toda el área europea sometiéndola a un auténtico estado de excepción (…) Por eso, el problema que discutimos está lejos de ser un problema de simple técnica económico-monetaria. La tarea que pasa a primer plano consiste en recuperar la soberanía nacional de cada estado miembro (…) Dentro de la UE, los estados nacionales son, cada vez más, simples estructuras jurídico-represivas al servicio de mecanismos de intercambio y desarrollo desiguales. Simples estados cipayos del imperio alemán. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón caracterizó en 1997 esta situación con una metáfora eficaz: el síndrome de Vichy.”
Ramón Franquesa y Joan Tafalla: “La nueva geopolítica europea. Hacia un bloque histórico de los países del sur”, El viejo topo nº 317, junio 2014.