Mostrando entradas con la etiqueta IU. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IU. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de febrero de 2020

Divide y no podrás


Se desconoce si la intención de Pablo Iglesias de tomar el cielo por asalto era haciéndolo todos juntos, en pandilla, o por “confluencias”, por grupos de gentes afines lanzándose a ocupar cada grupo la parte de un cielo único, o lanzándose al abordaje del paraíso autóctono, regional o, mejor aún, nacional, que le correspondiera en un cielo de cielos.
Esa duda, nunca aclarada expresamente, se fue disipando con la práctica y el tiempo, porque Podemos, una inestable confederación de grupos más que un partido que nunca se intentó formar como un solo grupo organizado y mucho menos centralizado, salvo el estricto grupo directivo -el núcleo irradiador-, se plegó muy pronto a la orografía política del país, al relieve ideológico del terreno, no sólo el establecido por el régimen autonómico, sino el acentuado por las demandas de los nacionalismos periféricos. 
Con lo cual, Podemos poco podía poner de su parte para resolver la tensión entre el centralismo y la periferia, o, mejor dicho, las tensiones entre comunidades autónomas y las de estas con la Administración central, sino al contrario, ya que, al plegarse a lo más hondo del terreno, a los valles profundos de la emoción identitaria, y solicitar, como solución a tales tensiones, la celebración de refrendos para ratificar la unión o justificar la separación respecto al Estado español de los territorios que lo demandaren, acentuaba la tendencia a la desintegración del país y del Estado; de ese mismo país y de ese mismo Estado que aspiraba a gobernar.
Lo que inicialmente sólo fue un ejercicio de oportunismo político, creyendo que así podría ampliar pronto y fácilmente su base electoral para reemplazar al PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda -tarea que le sobrepasaba-, en poco tiempo se reveló que la maniobra, o la estrategia, que es peor, producía el efecto contrario.
Alimentando estas tensiones, y sin excluir errores de bulto en otros asuntos, en los territorios con un sentimiento nacional más profundo Unidas-Podemos ha ido perdiendo electores en favor de partidos autóctonos de larga tradición nacionalista y desapareciendo a ojos vista como fuerza independiente. 
Está sufriendo el proceso de desnaturalización y posterior absorción por los movimientos nacionalistas que sufrieron en su momento la izquierda comunista y los partidos de la extrema izquierda.
A las divisiones anteriores, ahora se añade la deserción de la taifa andaluza. 
Los anticapitalistas se separan de U-Podemos y se quedan en Adelante Andalucía, la coalición electoral convertida en un partido de tipo populista aún más apegado al terreno regional -confederal y andalucista-, que en el futuro será competencia electoral de Unidas-Podemos, para deleite de la coalición de derechas que ocupa la Junta de Andalucía.
El que la separación se haya alcanzado con un acuerdo "pacífico y empático" no impide considerarla una ruptura, una división, otra más de la izquierda y, peor aún, cuando se trata de una izquierda pretendidamente nueva, que, con muchas ínfulas y deseos de ganar -sus dirigentes sabían cómo hacerlo-, venía a superar los vicios y los errores de las anteriores izquierdas, acostumbradas a perder.  
La escisión andaluza perjudica a Unidas-Podemos como organización y debilita su posición en el gobierno de coalición con el PSOE; ahora es, sencillamente, un socio más débil en el Gobierno central -débil de nacimiento-, lo que aumenta su fragilidad y hace aún más difícil la legislatura.   
Pero lo ocurrido no es algo nuevo, sino la consecuencia lógica de su discurso: el partido de partidos es políticamente lo que mejor se corresponde con la nación de naciones. 
Teresa Rodríguez ha sido la última en decirlo. Y la moraleja es aterradora.

14 de febrero 2020


viernes, 23 de noviembre de 2018

40º Aniversario de la Constitución. Solé T.


Sabemos que los trabajadores y las clases populares se juegan mucho en este debate constitucional, puesto que del resultado final del mismo dependerá que la palabra democracia tenga sentido o no para la mayoría del pueblo.
Por eso pretendemos que el debate sobre la Constitución no sea sólo un debate en el seno de las Cortes y aún menos un debate entre especialistas. Queremos que todos los trabajadores, que todos los sectores populares consideren la batalla por una Constitución democrática como algo suyo, como algo que les concierne directamente. Se trata de una batalla política que el pueblo debe ganar.
Con esto no queremos decir que se trate de imponer una Constitución sobre otra. No queremos una Constitución votada únicamente por el 51% del electorado contra el 49% restante. Se trata, por el contrario, de elaborar una Constitución que cuente con el mayor consenso posible, una Constitución que pueda ser votada sin grandes traumas por la gran mayoría del electorado.
Por eso, la Constitución ha de establecer unas reglas del juego practicables por esa gran mayoría. Si la derecha social de este país, apoyándose en la mayoría parlamentaria artificial que ahora tiene, nos quiere colocar una Constitución autoritaria y centralista, en la que las clases populares queden marginadas o tengan que situarse a la defensiva, la batalla política por la Constitución será diferente y podrá alcanzar, incluso, la impugnación de la forma de gobierno que en ella se prevé.
Esta es una cuestión clave. Lo que ahora está en juego es la consolidación de una democracia todavía precaria, de una democracia que se desarrolla en medio de un sistema de aparatos e instituciones que todavía son los de antes. La tarea más progresista, más revolucionaria es conseguir que esa democracia triunfe y se consolide.  
Jordi Solé Tura: Los comunistas y la Constitución, Madrid, Forma Ediciones, 1978, p. 10-11.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Izquierdas atrapadas

El proceso político -“el procés”- que ha culminado en la fallida independencia de Cataluña, declarada de modo unilateral y vergonzante por la Generalitat, ha vuelto a colocar sobre la mesa dos preguntas -¿Qué es Cataluña? y ¿Qué es España?- e indirectamente otra, también importante y efecto de las otras dos: ¿Qué es la izquierda?
Damos por supuesta la existencia de la izquierda porque algunos partidos así se proclaman, pero ante la recurrente cuestión nacional, o mejor nacionalista, las izquierdas desaparecen, su perfil se disipa en una niebla de declaraciones ambiguas y conciliadoras o en el oportunismo más cortoplacista y garbancero, configurando, en unos casos, una interesada y mercantil colaboración con los partidos nacionalistas, basada en te doy para que me des, el culto “do ut des” o el castizo intercambio de cromos, y en otros, una especie de nacionalismo plebeyo, que se subordina al nacionalismo de rancio abolengo, burgués y pequeño burgués, ante el cual se sacrifican las demandas específicas de los programas de la izquierda.
El problema no es nuevo, pues se arrastra, al menos, desde la etapa tardía de la dictadura, cuando, ante el ocaso del franquismo, desde el PSOE, pasando por el PCE, hasta los grupos de la izquierda más radical defendieron, con alguna rara excepción, el derecho de autodeterminación de las nacionalidades y sostuvieron su vigencia para aplicarlo a España sesenta años después de cuando fue utilizado al concluir la I Guerra mundial, para aliviar las tensiones étnicas y culturales de los imperios derrotados. Parecía como si la alternativa apropiada al modelo de país propugnado por Franco, resumido en la consigna España Una, Grande y Libre, fuera una España troceada en varios países más pequeños, y que la vieja aspiración de la izquierda de conquistar el Estado para ponerlo al servicio de los trabajadores y las clases subalternas hubiera dejado su lugar a la tarea más modesta de disgregarlo en favor de las burguesías nacionalistas periféricas.
Si bien es cierto que los dos grandes partidos de la izquierda -el PSOE y el PCE- corrigieron pronto sus primeras declaraciones, el tema no quedó aclarado ni el problema resuelto para la izquierda con la fundación del Estado autonómico, porque tanto el PSOE como el PCE, y no digamos los partidos situados a su izquierda, otorgaron a los nacionalismos periféricos un duradero plus de legitimidad, como si ante un nacionalismo malo, centralista y unitario, defendido por el Partido Popular, hubiera un nacionalismo bueno, secesionista y periférico, cuyas demandas fueran inobjetables para el resto del país y debieran ser atendidas forzosamente por el Estado.
Así tenemos que casi 40 años después de la fundación del estado autonómico, con la “comprensión” de las izquierdas en unos casos y la colaboración en otros, los partidos nacionalistas han intentado en dos ocasiones alcanzar su máximo objetivo, que es la secesión. La primera fue el Plan Ibarretxe, que, en 2004, en ejercicio de un imaginado “derecho a decidir”, pretendía fundar un Estado vasco independiente asociado a España (algo semejante a Puerto Rico respecto a Estados Unidos); la segunda ha sido la declaración unilateral de independencia de la república catalana, fundada en el mismo y fantasmal derecho.
Para las izquierdas, sumidas en una crisis más general, el resultado de tal colaboración ha sido el inverso: para el PSOE, la pérdida de importancia y la apertura de profundas grietas internas con sus baronías; un viaje a ninguna parte para el PCE-IU, tanto en Galicia, como en el País Vasco, desde la escisión de Lertxundi, pasando por Alternatiba y Anitza, como en Cataluña, desde el poderoso PSUC a la irrelevante ICV-EUiA, y para los restos de la izquierda más radical, la práctica subsunción en el magma identitario. Mientras tanto, las izquierdas han dejado la defensa de la unidad territorial a su más tradicional y enconado adversario, que es el PP, y ahora, en Cataluña, a Ciudadanos.
La propuesta de Pedro Sánchez, respaldada en el 39º Congreso (junio 2017), afirma el carácter plurinacional del Estado, pero mantiene que la soberanía reside en el pueblo español y apuesta por reformar la Constitución en la cuestión territorial. Por parte de Unidos-Podemos, Iglesias afirma que España es una nación de naciones, admite el derecho a decidir y propugna un referéndum pactado para satisfacer las pretensiones de los secesionistas, que hasta el día 21 de diciembre seguirán estando electoralmente en minoría, aunque sea una minoría estruendosa. 
Las dos principales propuestas sobre el tema que hay sobre la mesa no parecen haber acertado al plantear el problema, ni, por tanto, haber dado con la solución, que, para las izquierdas que aspiran a gobernar todo el país, pasa por ofrecer a la ciudadanía, en tanto subsista la actual correlación de fuerzas, garantías de no ceder a los envites de los nacionalistas, que no van a cejar en su empeño de perseguir lo que creen que han tenido al alcance de la mano.


viernes, 24 de marzo de 2017

Si yo fuera Gaspar

No me he quedado satisfecho con lo que escribí ayer (sobre los jóvenes de IU). Me parece que fray Luis nos animaba a proponer temas, ideas, sugerencias de cara a la reunión del fin de semana, y por mi parte no fui muy explícito.
¿Qué le diría yo a Gaspar Ll. (si me atreviera)?, o ¿Qué haría yo si fuera Gaspar y me atreviera (y me dejaran)?
1. Pensar que esta crisis puede ser la última. Es más: debe ser la última, y por lo tanto el desenlace deber estar abierto a todo, incluso a la desaparición de IU. Que no sería nada deshonroso. Sí, una pequeña tragedia política a corto plazo, pero si le quitamos los aspectos emocionales (importantes), quedarse a la intemperie obligara a plantear el futuro de la izquierda de otra manera. No es la solución que más me gusta, pero no sé si tiene mucho sentido salir de la crisis con otro zurcido y con IU “más reforzada que nunca” (hasta el mes que viene), y en cuanto se convoquen elecciones volver a las luchas por figurar en las listas y volver a perder porcentaje electoral.
2. No sería conveniente tener prisa por cerrar la crisis. En IU tienen suerte de no gobernar (algunos pretenden no gobernar nunca; son gente genéticamente de “la oposición”) y eso permite tomarse cierto tiempo para discutir. La solución de la crisis no debe ser un suceso, sino un proceso. En esto hay que huir de las obligaciones mediáticas y de las puestas en escena espectaculares. La crisis se debe resolver discutiendo; discutiendo mucho, y eso lleva su tiempo.
3. Huiría, por lo tanto, de resolver la crisis barajando las mismas cartas y llegando a soluciones de compromiso con los mismos protagonistas de siempre. Esos malos arreglos entre familias, como no son programáticos o ideológicos sino oportunistas, duran poco; en cuanto cambia la coyuntura y hay que defender el sillón frente a otros, hay que volver a colocarse, incluso contra los “aliados” de ayer. Los últimos años de IU me recuerdan la larga estancia en el poder de la DC en Italia. Las crisis de gobierno eran continuas, pero los que gobernaban eran siempre los mismos.
4.  Por eso mismo hay que renovar los dirigentes. Hace falta, al menos, gente nueva; sería deseable que también aportara ideas nuevas, pero es más difícil, pero si aporta otro talante (estamos en tiempos en que el talante parece arreglarlo todo) podría crear un marco más adecuado para discutir.
5. Por lo mismo, hay que renovar las estructuras. Habría que abrir una etapa provisional y dotarse de una estructura que permitiera discutir sobre todo con profundidad (y con pasión, si es necesario), pero sin que de esas discusiones tuvieran que salir inmediatamente decisiones políticas ni traducirse en la creación de órganos jerárquicos. Es decir, que los resultados de la discusión no tuvieran que ver inmediatamente con cuotas de poder dentro de IU. Sé que no es fácil, porque hay cargos institucionales, estructuras que hay que mantener, etc, pero si, como hasta ahora, se siguen mezclando el poder y la discusión política el resultado sería seguramente poco novedoso. 
6. Como no se trata de hacer de esta crisis otra ración de lo mismo, sería conveniente que mucha gente, me refiero a los más mayores, que lleva muchos años en la dirección y en cargos públicos “sacrificándose” por la causa, cesara de “sacrificarse” y dejara sitio al “sacrificio” de otros, a ser posible más jóvenes y menos mediatizados por, al menos, un cuarto de siglo de luchas intestinas.
7. Si IU está tocando fondo sería necesario ir hasta el fondo, hasta la raíz de los problemas; aunque ser radical con las propias ideas no es tarea fácil cuando se trata de revisarlas y, en muchos casos, de desecharlas.
En este aspecto habría que huir de adoptar fórmulas rápidas pero vacías, como Izquierda Verde o cosas así, porque las cosas no se transforman cambiando el nombre (más cuando hay gente que no quiere lo verde ni en pintura). Por eso sería muy conveniente ir a las definiciones esenciales, por ejemplo ¿qué es lo rojo? ¿Cuál es el perfil que define lo rojo hoy? Y quienes en IU defienden el socialismo tendrían que explicar cómo lo entienden, porque yo creo que ahí está el quid de la cuestión. ¿Es posible seguir defendiendo el socialismo, sin muchos matices, después de la experiencia de la URSS? ¿Nos sirve el modelo de socialismo chino, en el hipotético caso de que lo sea? ¿Es válido el modelo de Euskal Herría socialista que propone allí la “izquierda” abertzale? ¿Es el socialismo sólo un método adecuado para industrializar rápidamente países atrasados o es algo más? ¿Ha respondido a lo que se esperaba de él?
Desde el punto de vista de un nuevo humanismo, lo que hemos conocido de los regímenes socialistas realmente existentes, no sólo en grandes potencias como la URSS o China, sino de países europeos más pequeños como Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia, Albania, etc, es espantoso como modelo económico y como régimen político.
El que, tras el estallido de 1989, hayan salido del Comité Central del PCUS individuos de todos los pelajes y colores (desde socialistas y viejos comunistas, estalinistas convencidos, a fascistas, liberales, nacionalistas o directamente mafiosos), además de la falacia de la unidad política del partido único, pone sobre el tapete el fracaso en la construcción del hombre nuevo. ¿Hombres nuevos esos tipos, que representan los rasgos más viejos y más feos de la humanidad? Por eso, sería también deseable que en la discusión se depuraran elementos utópicos, que lejos de alumbrar el camino lo pueden desviar hacia lo ilusorio (como poco), y que se pensara en términos más modestos. Dejémonos de enmendar la plana a Dios creando el hombre nuevo y luchemos por objetivos más modestos: hacer una sociedad en donde lo peor quede contenido por los mejores impulsos del hombre viejo (y habría que añadir aquí, de la mujer vieja, aunque sea casi un sacrilegio).
En fin, no sé si algo de esto sirve, ni si es oportuno hablar con Gaspar LL., pero ahí queda.
Saludos mañaneros

Fray Pepe

Para: Colectivo Red Verde, 17 de septiembre de 2004.

http://www.nuevatribuna.es/opinion/julian-sanchez-vizcaino/quiere-suicidar-izquierda-unida/20140909165545106953.html

¿Ultima crisis?


Recién llegado, me he topado con un montón de correos sobre IU, que tenían como uno de sus centros el texto que remitía Carmen <<El final de una etapa política>> (¿Dónde se ha publicado y cuándo?), que voy a comentar. En primer lugar, parece que se trata de la reclamación de un sector más joven de IU para acceder al poder máximo (de IU y del PCE) y desplazar del mismo a la vieja o viejas generaciones que hicieron la Transición, y parece justa su reclamación al querer desplazar a “los viejos”, a la vista de los resultados de los últimos años (demasiados) de su gestión.
Como de IU lo ignoro casi todo, desconozco la representatividad de los firmantes y no sé si se trata de una expresión de la lucha entre generaciones, en el viejo sentido de que hay algo que les une debido a su edad, o de una lucha por el poder que responde a otras tensiones (centro/periferia/ o centro y organizaciones federadas o cualquier otra), aunque los firmantes sí se reclaman de un sector en el que se tiene en cuenta la edad. 
Hay algunas pistas que me inducen a pensar que se trata de gente más joven (no sé si representativa de toda la gente joven). Una de ellas es el lenguaje que parece más radical pero en realidad es muy ambiguo y hasta dogmático. Está plagado de aseveraciones que parecen sacadas de un catecismo político, por ejemplo: “En Democracia (¿por qué con la d mayúscula?) no caben antiguallas como la Monarquía (idem)”. ¿En cuáles? En Inglaterra, la más antigua, en Dinamarca o en Holanda, parece que sí caben. Y en Suecia, que es de las más avanzadas socialmente, pues también. En todo caso, hoy, en España, el problema político está en lograr que la monarquía pierda los apoyos sociales de que dispone: es decir, que pierda legitimidad; pero lo seguro es que quien ha perdido (y sigue perdiendo) legitimidad es la izquierda que cuestiona a la monarquía. 
Otro ejemplo: “Para hablar de democracia es necesaria la garantía plena de los derechos sociales y económicos a la misma altura que los derechos individuales y políticos”. Es una teoría nueva que debería explicar antes que nada que entiende por “garantía plena”, etc, etc. Esos jóvenes están señalando un problema o una tensión que efectivamente existe en los actuales regímenes democráticos, pero lo resuelven con un axioma; es decir, no lo resuelven, ni siquiera lo plantean correctamente para poder resolverlo. Por otra parte, y siguiendo con el tema de los derechos, me parece que ignoran la dificultad, no ya práctica, sino teórica o jurídica, de cohonestar derechos individuales y derechos de clase. Marx hizo una crítica muy severa a los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero se quedó en la parte negativa, la parte positiva de los derechos de clase del proletariado apareció esbozada en diversos escritos y quizá pensó dejarla para una obra sobre el Estado que pensó abordar cuando acabase El Capital. Pero sabemos que esta obra tampoco la completó. Lo cierto es que el desarrollo práctico del “socialismo real” no ha resuelto ese espinoso problema, que para mí es uno de los principales de la teoría sobre el Estado, la ciudadanía y la democracia que tenemos pendientes. En Italia, Bobbio avanzó bastante en esa línea, pero no sé si estos cachorros se refieren a eso; me parece que más bien no.
Hablan del modelo neoliberal como si fuera una realidad y además una realidad homogénea. El modelo neoliberal es una teoría que se trata de aplicar, con más o menos acierto (la habilidad y la capacidad de los gobernantes también cuentan) y con más o menos resistencias, en muchas partes del mundo. Y en Europa (en la UE, al menos) choca con las estructuras del Estado del bienestar, que cambian también de unos países a otros.
Se inventan una situación de crisis constitucional (eso también da una idea de su juventud): La Constitución del 78 sufre una profunda crisis, escriben, seguramente a consecuencia de lecturas mal digeridas de escritos de Carod y de Ibarretxe.
Y la opinión sobre Europa me parece un fárrago poco afortunado. Entiendo lo del nuevo modelo de Estado: republicano y federal, pero lo de solidario no sé qué pinta ahí. En cuanto a la democracia participativa, término muy en boga, me lo tendrán que explicar los teóricos, porque la democracia es en sí misma participativa; a no ser que por ser originales (y atendiendo a ese público antiglobalizador o alter globalizador) quieran meter ese adjetivo sin saber muy bien de qué va. En todo caso, abunda en lo dicho: demasiadas palabras presuntamente rimbombantes que quieren decir poco. No conozco al candidato que proponen, pero me gustaría saber si comulga con esas inconsecuencias.
El texto es interesante porque indica, sin pretenderlo, que la indigencia teórica es una de las causas de la crisis política de IU.
Saludos

Fray Pepe.

Para: Colectivo Red Verde. 14 de septiembre de 2004.

domingo, 12 de febrero de 2017

Ideologías

Respuesta a Luis Roca Jusmet

De acuerdo, Luis, pero no estoy muy conforme con que el problema de los partidos políticos no sea también ideológico. Creo que lo es, aunque de modo distinto para cada partido, si aceptamos que la ideología es dinámica, está en movimiento. 
La ideología, algo más complejo y elaborado que la mentalidad, nos proporciona los instrumentos para entender la realidad con el amparo de algunas líneas maestras dadas por valores religiosos, culturales, de costumbres, o políticos, por muy rudimentarios que sean. A veces, o mejor dicho muchas veces, la ideología se reduce a simples tópicos o frases manidas, pero que proporcionan un punto de vista y ciertos elementos de juicio por simples que sean; es un sistema de ideas, unas veces elaboradas y otras rudimentarias. 
La ideología ayuda a pensar y a entender y a actuar aun cuando no se haya investigado sobre el asunto en cuestión. La ideología, dice Martín Santos, permite actuar como si se tuviera la ciencia que no se tiene. Lamento ser pesado, pero este rodeo es necesario. Vayamos a los partidos: IU está penetrado de una ideología desfasada, que además le impide renovarse y ponerse al día. En este sentido es una fuerza conservadora, de izquierdas, por sus vínculos con cierto principios de clase y de historia, pero conservadora. El PSOE, por el contrario, desde una débil ideología socialdemócrata ha pasado, influido por la estancia en el poder, a asumir un neoliberalismo casi de forma entusiasta (recordemos a Boyer y a Solchaga). Es decir, se ha modernizado sin reservas, y de modo acrítico; ofrece social-liberalismo moderno para falto de sustancia. Podemos es un caso distinto: son completamente postmodernos, en el fondo y en las formas, porque han aceptado, casi con ansia, todo lo que ofrecen los mercadillos más vanguardistas en materia de ideas y actitudes, que en muchoss casos son contradictorios entre sí. De ahí viene su ambigüedad programática: hasta ahora la solución era el catálogo de Ikea, donde se ofrecían muebles y enseres políticos para todos los gustos y combinaciones, pero eso parece que se ha acabado. 
Otro caso distinto es el del PP, cuyo fondo ideológico está formado por el franquismo, el catolicismo y la moral tradicional, en las generaciones más viejas, a las que se suma el neoliberalismo conservador de los más jóvenes. No hay renovación ideológica, revisión crítica de la ideología (lo cual es difícil, y además, por ahora les va bien), sino adición de valores (o desvalores) nuevos ofrecidos por el pensamiento dominante, pero sobre todo lo que queda es un partido que, en su praxis cotidiana, se mueve más por el interés y por  conservar el poder a toda costa.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Víctimas

Respuesta a comentarios de Joaquim Pisa y a Agus Salva a mi texto: "1976. Un año decisivo"

Cierto. Según Mariano Sánchez Soler: "Como revelo en mi libro La transición sangrienta (Península, 2010), y en mi tesis doctoral, desde el 20 de noviembre de 1975 hasta el 31 de diciembre de 1983, la transición española se cobró, en apenas ocho años, más de 2.663 víctimas por violencia política entre muertos y heridos hospitalizados. De estas 2.663 víctimas durante la transición, un total de 591 personas perdieron la vida. De ellas, 188 murieron en actos de violencia política institucional".

Aparte del libro de Mariano Sánchez, "La transición sangrienta", Jean Chalvidant ("ETA. La investigación", Jaguar, 2004), ofrece una lista, por años, de 229 etarras muertos desde 1968 hasta 2003. Y una lista de 856 víctimas de ETA, desde 1960 hasta 2003, aunque existen dudas sobre la primera víctima, en 1960, la niña Begoña Urroz, muerta en una explosión en la estación de Amara en San Sebastián. La lista se detiene en Joseba Pagazaurtundua, pero no contempla el atentado de la T-4 en Barajas, que dejó dos muertos, ni los posteriores hasta 2010. Entre la tregua de 2006 y 2010, ETA mató a 12 personas, la última fue un policía francés.

jueves, 13 de octubre de 2016

Ausencias en la Fiesta Nacional

Good morning, Spain, que es different

Con el boato propio del caso y el consabido revuelo de dimes y diretes, se celebró ayer la Fiesta Nacional. Los pormenores están relatados por la prensa y aunque hubo detalles sabrosos, no me voy a extender en ellos, pero la celebración adoleció, como siempre, de la hinchazón retórica de la que abusa la derecha política, al haber convertido símbolos nacionales, comunes, en símbolos propios de su partido y de sus electores.
La culpa no es toda suya, pues, como en política no existen vacíos, el espacio no ocupado por un cuerpo es inmediatamente ocupado por otro. Y en esa fiesta fue notoria la ausencia de los representantes de Unidos-Podemos.
Su líder máximo acusó, con razón, de hipócritas a quienes acudieron al desfile militar y tenían dinero en paraíso fiscales. La patria se defiende de otra manera, añadió, con más colegios y hospitales públicos. Efectivamente el amor a la patria no concuerda bien con el maltrato a los compatriotas de rentas más bajas. Estuvo errado, y cegado por un indigenismo atemporal y primario, cuando aludió al 12 de octubre como celebración de la colonización, porque sin el viaje de Colón y la colonización de América no hubieran existido la descolonización y el populismo; no hubieran existido Bolívar, ni los bolivarianos, ni Chávez ni Maduro, ni Morales ni Correa, ni Perón ni Laclau, a quienes tanto deben los podemitas
Alberto Garzón remató la posición de UP con una frase bastante lapidaria - “Yo no creo en patrias ni en música militar. Los pobres no tienen patria y los ricos esconden sus intereses detrás de cualquier bandera”-, subjetiva y contradictoria, propia de la izquierda testimonial, a la que por origen pertenece.
Garzón no cree en las patrias, yo tampoco, pero existen y en alguna hay que vivir, aunque uno se puede sentir intelectual o emocionalmente vinculado a otras patrias deseadas o incluso imaginadas, de las que en este país sabemos tanto. No cree, Garzón en la música militar, otros muchos tampoco, pero escuchar a Wagner o a Sousa tiene su punto. Que los ricos esconden su dinero detrás de cualquier bandera, es sabido, pero que los pobres carezcan de patria es un apotegma, una afirmación desmentida por la realidad: los pobres tienen patria, que suele ser la patria de los ricos, y entregan generosamente su vida por defenderla. Y con esa actitud se plantea un problema para la izquierda, si defiende las aspiraciones de los pobres, que no se resuelve con la fórmula de compromiso -“Mi patria es la gente”-, adoptada como consigna por Unidos-Podemos para salir del paso ante las demandas de sus periferias.
La frase más parece un lema publicitario, porque políticamente no resuelve nada; es inocua por vacía, tan vacía e ideológicamente inane como “Viva la gente” o “Todo el mundo es bueno”. Frase inútil, ya que Unidos-Podemos no es una asociación como aquella que, en los años setenta, estaba representada por un grupo de chicos y chicas que cantaban por el mundo, y además, porque la frase es engañosa, pues hay una parte de la gente que está excluida. Por ejemplo, la gente que ayer celebró la Fiesta Nacional, o en los lugares donde existe un fuerte sentimiento nacionalista, una parte de la gente está excluida, con lo cual la frase cambia el sentido por “la patria es mi gente”.
Dejando aparte la frase, y a la espera de ver en qué queda ese “patriotismo moderno”, el problema que tiene planteado Unidos-Podemos es decidir, primero, si quiere gobernar o si prefiere quedarse en un partido testimonial, opción legítima, y segundo, si quiere gobernar el país real o el país imaginario, siguiendo el camino trazado por nuestros próceres de izquierda y derecha desde hace más de un siglo, que han buscado gobernar un país a su imagen y semejanza, lo que ha generado ese característico movimiento pendular o de acción y reacción, de avanzar y retroceder, de hacer y deshacer, como un lienzo de Penélope.    
Defender la patria no es ir a un desfile, claro. Pero eso lo puede decir (y hacer) un ciudadano cualquiera, no el diputado de un partido que cuenta con cinco millones de electores y pretende gobernar, mucho menos quien aspira a ser vicepresidente del Gobierno.
Un hipotético vicepresidente del Gobierno no puede estar ausente de un acto institucional como el día Fiesta Nacional, aunque sea un coñazo, como dijo Rajoy, porque el protocolo de las instituciones con frecuencia impone actos en que es inevitable la coexistencia con adversarios políticos -como en el Congreso-. Pero esa obligada contemporización va en el cargo y en el sueldo de quienes se prestan, voluntariamente, a participar en ellas.

El gesto de Iglesias, y de Unidos Podemos, plantea dos preguntas, que no son fáciles de responder. Una: ¿Acudirá a celebrar la fiesta del 12 de octubre cuando sea vicepresidente o ministro del Gobierno? Dos: ¿Suprimirá la fiesta o cambiará de fecha la Fiesta Nacional? 

martes, 10 de mayo de 2016

Aviso. La izquierda agotada

Good morning, Spain, que es different
Donde pone Los Verdes, léase Podemos. El resto, que data de 2002, lo mantengo.
Si alguien se lamenta de que una nueva opción política, como son Los Verdes, pueda quitar votos a los pobrecitos partidos de la izquierda de siempre, lo coherente sería que pidiera explicaciones a la izquierda de siempre de por qué teme que alguien le quite unos votos, que, por otra parte, no son suyos (el voto es una prueba de confianza que se deja en préstamo, no en propiedad).
La pregunta sería: ¿qué han hecho el PSOE e IU con los votos que han tenido? Pero sobre todo habría que preguntarles por qué los han perdido (IU, el 50% en sólo unas elecciones), y que den alguna explicación de ello que no sea culpar sólo a la derecha y a la prensa.
En lugar de lamentar que haya alguien que quiere cambiar las cosas, alterar la correlación de fuerzas, modificar el ya muy visto juego político, lo que habría que hacer es preguntar a los que ya están dentro de la partida por qué no juegan mejor y ganan de vez en cuando.
Si la democracia política fuera un juego entretenido, a algunos jugadores habría que decirles que se acabó su tiempo (perdido) y que dejen su lugar a otro jugador.
Si admitimos que los partidos políticos al aplicar sus programas tienen prácticas de clase, deberemos pensar que esas prácticas lesionan los intereses y aspiraciones de extensos sectores sociales cuyos componentes tienen memoria. Es decir, que para mucha gente, por su experiencia acumulada, algunos partidos de la izquierda tienen un descrédito histórico y esa percepción es muy difícil de cambiar, porque una nueva muestra de confianza al darles de nuevo el voto puede comportar un nuevo riesgo, que se puede pagar en pérdida de derechos, de calidad de vida o de nivel de bienestar. Y recuperar votos es tarea ardua, pues la gente escarmentada espera que aparezca otra cosa, y mientras tanto, engrosa la abstención o el voto en blanco.
Esa bolsa de votos, además de estar perdida para la izquierda de siempre, puede, si las circunstancias son favorables, convertirse en un yacimiento de votos del descontento que puedan ser captados por un partido populista. El ejemplo del voto obrero (comunista) recogido por Le Pen, en Francia, debería hacer pensar sobre esto.
Hay gente que no quiere enterarse de que estamos al final de una etapa, que se está cerrando un capítulo de la historia de España y de la historia de la izquierda que comenzó con la Transición.
Lo que estamos presenciando en la izquierda es la crisis de dos partidos -PSOE y PCE- que tuvieron un papel destacado en la Transición y han creído que desde entonces podían vivir de las rentas, mientras la derecha se remodelaba profundamente.
En el caso del PSOE, hay una mal afrontada y mal cerrada crisis, que no ha producido una renovación suficiente. La crisis se saldó con la elección (por un margen de 7 votos) de Rodríguez Zapatero como secretario general, pero no ha habido ninguna reflexión pública (en privado es posible) sobre los graves errores cometidos en los 14 años de gobierno de F. González, ni parece que haya habido grandes aportes programáticos; más bien al contrario. Todavía Guerra y González hablaban, a veces, de política y de vez en cuando le daban algún meneo a la derecha, pero el nuevo equipo ha hecho de la cortesía versallesca el centro de su programa. Parece que han sustituido las ideas por los gestos. Se han creído que con perder las elecciones y pasar a la oposición (en los años de Aznar la oposición la hicieron El País y la cadena SER) ya basta para olvidar todo su largo mandato. Y no es así.
A la gente del PSOE hay que decirle que no se queje y que explique por qué llegaron al poder, en 1982, en medio de un clima de entusiasmo, y por qué lo dejaron en 1996 camino de los juzgados, aunque disfrazaron el triunfo del PP como una derrota dulce.
En el caso del PCE (disfrazado de IU; que murió hace mucho tiempo a manos del partido que la creó), parece que no han sacado la debida consecuencia de la grave crisis por la que atraviesa el comunismo, no desde que cayó el muro de Berlín y el imperio soviético se vino abajo como un castillo de naipes, sino desde que el muro se levantó.
Sucesivas generaciones de rebeldes han tratado de hacer cambiar a los partidos comunistas, pero estos han desoído los mensajes que se les enviaban desde los sectores más dinámicos de la sociedad para seguir impertérritos su camino hacia la tumba, conservando, eso sí, sus tradicionales señas de identidad, que acabarán en un museo.
Esto se acaba; y no hay que seguir dando oportunidades -¿hasta cuándo?- a quien no las merece.
Para los colegas que formaron el Colectivo Red Verde
octubre de 2002
Saludos.

Campanas de boda (política)

Good morning, Spain, que es different
Aprovechando una ventana de oportunidad se va a celebrar una boda de conveniencia; ya hay compromiso formal, que deben ratificar las familias de los contrayentes, aunque no se conozcan con detalle las cláusulas del acuerdo. Si todo sigue como está previsto, habrá pacto Podemos-IU de cara a las elecciones de junio.
Dadas las diferencias de los contrayentes, para los parientes más reacios este parece un enlace contra natura, de esos de peras y manzanas, que alarmaban a Ana Botella, sin embargo, si ambas partes renuncian a la pureza de su raza (en un caso el linaje está poco claro) y apuestan sin reservas por la hibridación, el resultado, además de conseguir una buena cosecha de votos (por el interés, te quiero Andrés, opinan los mal pensados), lo cual sería en sí mismo positivo, puede dar lugar a un nuevo ser político que contenga lo mejor de cada parte, pues ambas presentan rasgos que los hacen complementarios.
La primera ventaja es anudar dos generaciones políticas. A la envejecida Izquierda Unida no le viene mal un poco de irreverente sangre joven de Podemos, a quien le puede sentar bien la experiencia organizativa de IU para poner orden en su magma interno, en permanente estado constituyente. A Izquierda Unida, abrazada al programa, programa, programa, no le viene mal un poco de la improvisación y del pragmatismo de Podemos. A Izquierda Unida, resignada a cumplir un papel testimonial, le vendrá estupendamente al ansia de ganar de Podemos, que, a su vez, recibirá la necesaria dosis de conocimiento del pasado y experiencia de IU para moderar su adanismo; qué mejor para los críticos del régimen del 78 que tener por colegas a quienes estuvieron con las fuerzas que lo hicieron posible.
La propensión periférica de Podemos agradecerá la corrección de la fuerza centrípeta de IU, que aportará unos gramos de federalismo a la tendencia confederal de Podemos. Del mismo modo, que IU puede aportar un sólido sentimiento anticapitalista ante las veleidosas simpatías de Podemos por las burguesías de la periferia, nacionalistas, sí, republicanas, quizá también, pero capitalistas y neoliberales sin duda alguna.
El engarce de IU con el mundo del trabajo y sus lazos con un sindicato pueden ayudar a definir el programa de Podemos en el área laboral, y favorecer su contacto con los trabajadores organizados. Del mismo modo, que Podemos puede trasladar a IU su experiencia con los sectores de jóvenes que forman el precariado y el paro, que no son atendidos por los sindicatos.
No faltan críticos que califican a Podemos de populismo, cierto, pero populismo no falta en este país, empezando por el partido que gobierna (en funciones), y en todo caso, ahora lo importante es ver hacia donde se orienta: ¿populismo de izquierda o de derecha? Parece que se decanta hacia la izquierda, y en ese giro puede ayudar el pacto con IU, con lo cual se polariza, en los términos tradicionales del eje izquierda y derecha, el panorama de cara a la próxima confrontación electoral. De un lado PP-Cs y de otro Podemos-IU, lo cual deja en medio al PSOE, en muy mala posición pues le obliga a definirse hacia uno de los dos polos. En todo caso, una situación mucho más interesante que la que teníamos hasta ahora.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Izquierda Unida

Good morning, Spain, que es different

Debilidades de la izquierda (2). Izquierda Unida
Poco se puede decir de Izquierda Unida y de su pretendida coalición bautizada con el sonoro nombre de Unidad Popular, que, salvo recordar al Chile de Allende, poco aporta por sus dimensiones a la unidad de la izquierda y a la formación de un amplio frente social contrario a la derecha.
La que era hasta ahora tercera fuerza nacional en número de votos, ha sido castigada de modo permanente por la artera ley electoral, que ha penalizado su representación parlamentaria, como ha puesto en evidencia el resultado de las últimas elecciones, en las que UP-IU ha necesitado reunir 460.000 votos para lograr cada escaño, mientras el PP y el PSOE han precisado sumar 58.000 y 61.000 votos, respectivamente, para obtener cada uno de los suyos.
Además de lo expuesto, la pérdida de importancia como fuerza de izquierda es resultado de su contradictorio ideario, en el que un añejo paleocomunismo coexiste con objetivos de los modernos movimientos sociales y con tácticas propias de la socialdemocracia, así como de su compleja estructura orgánica, federal y formada o, quizá mejor, deformada por la superposición de órganos del PCE, de IU y de corrientes internas, además de por la existencia de cuadros institucionales, políticos y sindicales, cuyas lealtades e intereses chocan dentro de los estrechos límites del aparato. La resultante de todo ello es la dificultad de llevar las ideas a la práctica debido a la resistencia de un férreo aparato burocrático reacio a las innovaciones y a una acusada tendencia autodestructiva, que fatalmente convierte conflictos internos casi continuos en escisiones, en una permanente sangría de cuadros y militantes.
Tiene pendiente, como intitulada izquierda transformadora, la obligada reflexión sobre las tendencias conservadoras que le han impedido no sólo impulsar cambios capaces de alterar la correlación de fuerzas, a la que ha acabado por acomodarse, sino detectar las mutaciones sociales que estaban en curso alentadas por la indignación popular, que finalmente han hallado en Podemos el vehículo adecuado para expresarse políticamente.
Le queda, pues, a Izquierda Unida, la inmediata tarea de digerir el revés en las urnas del 20 de diciembre sin nuevas rupturas y conservar el nicho electoral de casi un millón de fieles votantes, para unirse en el gran proyecto de izquierdas que el país necesita como necesario contrapeso a una derecha política poderosa y desleal. Dicha confluencia pasa por el concurso de Izquierda Unida, pero no por su hegemonía.