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lunes, 1 de abril de 2019

Eutanasia


La gran conquista del siglo XXI será el derecho a morir dignamente y a voluntad. 
La mala muerte puede quitar todo el sentido positivo a una vida feliz; la muerte, la despedida de la vida, debe ser buena para todo el mundo: para los que han sido felices, como conclusión también feliz; para los que no lo han sido, como compensación postrera. 
Saber que la muerte no será un calvario de lenta decrepitud y sufrimiento sin fecha definida para uno mismo, y una carga para los demás, puede ofrecer un sentido distinto a la vida y asegurar, que. al menos, ese momento decisivo dependerá de nuestra voluntad y de nuestra libertad; condicionada, pero todavía libertad.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Lazos y banderas

Respuestas a Mikel Arteta

No hay que quitar los lazos amarillos; hay que poner lazos de otros colores. No es bueno aparecer como censores de las libertades de otros, sino defender esa libertad para poner otros símbolos.

No es lo mismo la escuela que la calle. Los lazos no son manifestaciones de personas, ergo, no precisan autorización administrativa para concentrarse, son expresiones individuales en el espacio público, como lo son los carteles o las pintadas, que pueden incumplir alguna regulación municipal. La escuela es una institución para transmitir conocimiento y está sometida a normas y jerarquía.

Tampoco es lo mismo una pintada política o artística (grafiti), que las que forman parte de una campaña, como ha ocurrido durante años en el País Vasco por una estrategia similar. La colocación de lazos no es una expresión espontánea de los ciudadanos, sino una campaña promovida desde el comando (digámoslo así) independentista, esté situado en Barcelona o en Bruselas, amparándose en la libertad de expresión.
Por eso mismo, quitarlos parece una censura a ese ejercicio de libertad. No digo que sea un delito, digo que es un error político, porque, en la primera impresión, aparece como el intento de los partidos "españoles" de oprimir expresiones públicas del pueblo catalán. Y en este caso, los promotores de la iniciativa han provocado una reacción que les permite aparecer como víctimas.
Colocar lazos de otros colores o banderas de otro signo reduciría el impacto visual de los lazos amarillos y las banderas esteladas y obligaría a la otra parte a quitarlos, apareciendo así como censores de expresiones no concordantes con las suyas, que es lo que sucede en realidad. Los indepes son astutos y como llevan la iniciativa desde hace años marcan el terreno en que deben reaccionar los demás. Y con esto de los lazos, los no nacionalistas han vuelto a caer en "el lazo" de los indepes

viernes, 27 de abril de 2018

Código Penal

Sobre la sentencia de la violación en grupo a una chica, perpetrada por "la manada"
Primero. El Código Penal no representa la suprema sabiduría ni la máxima objetividad en todos sus artículos. Segundo, tampoco la representan quienes lo interpretan y lo aplican, que son los jueces. Tercero, y tampoco quienes elaboran las leyes, que son los diputados. El Código Penal tiene su historia y su dependencia de ideas que socialmente puedan haber quedado desfasadas pero que aún conserven su impronta en algunos artículos.
No hace mucho tiempo, Eduardo Torres Dulce, que fue Fiscal general, decía que el Código Penal se había modificado casi 30 veces en pocos años y que de tales reformas, con enmiendas a artículos, adiciones, reinterpretaciones, etc había quedado en muchos casos con artículos difíciles entender y, por ende, de aplicar desde un solo punto de vista. Lo cual explica, también, las condiciones en que se elaboran las leyes, que, por múltiples causas, se alejan de las condiciones idóneas de tranquilidad, serenidad, ponderación, atención al bien común (antes que a los intereses de partido), consultas con la sociedad, con expertos en distintas materias, análisis de la jurisprudencia existente y de los efectos que han tenido leyes similares, etc. y se acercan bien, a la confección de leyes que se adecuan a la ideología del partido que tiene la mayoría en el Parlamento o bien al habitual mercadeo con otros partidos si no la tiene. Si me apoyas en este enmienda, yo te apoyo en la otra, y si me prestas los votos necesarios para sacar adelante esta ley, yo te apoyaré en el proyecto de la ley de Costas, o de Aguas, o de Dependencia, o en las pensiones o en los presupuestos.

domingo, 22 de abril de 2018

Doctor Montes. Eutanasia

El caso que aduces, Maravillas Cora, que la vida dependa de un criterio mercantil ajeno a la propia voluntad, puede deberse tanto a ahorrar dinero y esfuerzo humano por falta de fondos para acortarla, como a alargarla por el ingreso que produce, por ejemplo, si el enfermo está internado en una residencia o clínica privada, que lo considera "un cliente" y lo convierte en un rehén. Además de por lo que puede aportar su agonía en la investigación médica. 
En cualquier caso, creo que la opinión del enfermo sobre la duración de su vida debe prevalecer sobre la de cualquier otras persona o entidad. Y que esta voluntad debe respetarse aun cuando no pueda manifestarla en el momento oportuno. Para eso está el testamento vital o un documento similar, ante notario, recogiendo su última voluntad.

Yo tampoco tengo una posición categórica sobre este tema, pero intento abordarlo desde la perspectiva de la autonomía de ser humano para decidir sobre su propia vida. Esfuerzo que ha sido largo, y que no ha terminado, por librarse de tutelas bien o mal intencionadas para decidir por encima de él. Si no hemos podido decidir si estábamos de acuerdo en ser traídos a este mundo, que podamos, por lo menos, decidir el momento de abandonarlo, más aún cuando se trate de poner fin a una vida larga, y ya agotada, o a una existencia en condiciones penosas.

Morir en Madrid


                                                                                     Al doctor Montes, in memoriam

El doctor Luis Montes ha fallecido en Madrid. Ignoro las circunstancias del óbito, pero espero, por su bien y el de sus allegados, que haya salido de este mundo con serenidad, dignamente, como él quiso que pudiera hacerlo quien quisiera.
El doctor Montes fue una de las víctimas de la particular cruzada que Manuel Lamela, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, emprendió en 2005 contra quienes defendían el derecho a morir sin sufrimiento innecesario y, en particular, contra los médicos del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ocho de Leganés. Cruzada que iba directamente dirigida contra la voluntad de los enfermos en situación terminal que desearan acabar dignamente sus días.
Manuel Lamela, abogado, miembro del Partido Popular y católico intransigente, abusando del poder público que su cargo no le otorgaba decidió un día que en Madrid había que morir rabiando de dolor, como prescribe una de las más inhumanas versiones de su fe, que desprecia el supremo mandato del hijo del carpintero de Nazaret: “Amaos unos a otros”.
El dos de marzo de 2005, la Consejería de Sanidad de Madrid recibió una denuncia anónima que acusaba a los médicos del hospital Severo Ochoa de una práctica masiva de eutanasia en el Servicio de Urgencias. El día 11 de marzo, el consejero Lamela, sin más averiguaciones, destituyó a la dirección del hospital, empezando por el jefe de dicho servicio, el doctor Luis Montes, y acusó a ocho médicos de abusar de las sedaciones con enfermos terminales, práctica que pudiera haber derivado en 400 casos de homicidio. 
Después de más de dos años de informes y contra informes, se supo que los 400 casos se reducían a 169, de estos, la llamada Comisión Lamela señaló que en 73 casos existía mala praxis, que produjo la muerte de 20 pacientes. Pero el informe de una comisión de peritos del Colegio de Médicos redujo a 34 los casos de sedación irregular, no de mala praxis, indicando que no era posible afirmar que hubieran podido provocar la muerte de los enfermos. El juez redujo a quince los casos de sedaciones a investigar y tras tomar declaración a imputados y a peritos sobreseyó el caso, decisión ratificada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
El honor de los facultativos tan injustamente acusados ha sido rehabilitado, pero en los hospitales de Madrid las cosas no han vuelto a ser como antes, porque ha quedado el precedente de la doctrina Lamela.
Desde entonces, los facultativos de cuidados paliativos son muy cautos para prescribir cuidados paliativos a enfermos terminales, porque temen enfrentarse a una demanda, verse sancionados, imputados en un delito de homicidio y perder el empleo. Por eso en Madrid, la ciudad mártir, donde cada día se vive peor, se muere de mala manera. Con dolor y rabiando, porque lo quiso Lamela, que, desde un cargo directivo en un hospital privatizado por su Partido, no dijo ni  pío sobre cómo se resolvió el famoso caso de los 400 falsos homicidios, que es una prueba evidente de su incompetencia y de su mala fe, en el doble sentido de la palabra.  
Y es que allí donde gobierna, esta derecha salvaje impone su moral particular, que es la que viene directamente de las cavernas de Roma: en Madrid hay que morir rabiando de dolor y en Navarra no se ha podido abortar legalmente durante veinticuatro años. Sólo porque lo quiere la Conferencia Episcopal y así lo dispone su obediente brazo político, el Partido Popular.

Publicado en El obrero

jueves, 4 de enero de 2018

Nuevas cabalgatas

Vivimos en un país pendular, que va de bandazo en bandazo respecto a las tradiciones. Y con unas autoridades que no saben muy bien qué hacer. 
En el caso de Madrid, ayuntamiento, juntas municipales y entidades anexas están impulsadas por una gavilla de activistas movidos por el afán de transgredir hábitos y costumbres de una sociedad que les parece conservadora. No son rebeldes ni revolucionarios, sino transgresores en cosas pequeñas y simbólicas. 
Las instituciones públicas, por principio, no debería apoyar tradiciones que son religiosas, ni quitar belenes ni de promover procesiones de Semana Santa como hacía Álvarez del Manzano. Las tradiciones son eso, tradiciones, y carece de sentido reformarlas desde fuera, desde el ámbito político. Si son tolerables, se toleran y si no lo son, como el caso de algunas fiestas con malos tratos a animales, se prohíben y listo, pero carece de sentido tratar de modificarlas con aditamentos extraños. 
En el caso de los Reyes Magos, la tradición dice que fueron tres, que viajaban sin sus esposas o parejas, es decir sin el 50% obligado de cuota femenina, y sin la correspondiente cuota de razas y colores. ¿Por qué dos eran blancos y sólo uno era negro? Qué afrenta para los negros, pero ¿y los chinos, y los indonesios, y los quéchuas y los mapuches, los aleutinos y los maoríes? ¿Habían algún gay entre los reyes? ¿Les gustaban las corridas de toros? ¿Alguno de los magos era vegano? ¿Y por qué le regalaron oro al niño Jesús, que es el símbolo de la riqueza y excita la codicia humana? El oro está en Fort Knox y representa el imperialismo americano. ¿No era mejor haberle regalado un juguete educativo?¿Y por qué tres reyes y no tres presidentes de república o tres comisarios políticos? ¿Y por qué no reemplazarlos por tres reinas, como señal de empoderamiento femenino? 
La tradición dice que eran tres reyes magos que venían de Oriente, si es que se quiere mantener la tradición. Una cabalgata de hoy día, según el pensamiento políticamente correcto no llevaría menos de 300 figurantes, si se quisiera representar toda la diversidad social para que nadie, por su género, sexo, condición, profesión, afición o religión pudiera sentirse marginado. Pero eso sería otra cosa, un desfile para sociólogos, etnólogos o antropólogos, no la cabalgata de los Reyes Magos para los niños.

miércoles, 3 de enero de 2018

Depresión (2)

No soy contrario a la prescripción de fármacos ni a la atención médica de la depresión, pues hay que salir adelante como sea. Y me parecen escasos los recursos públicos destinados a atender las enfermedades mentales y las dolencias morales desde la infancia hasta la senectud, que deben ser defendidos dentro del derecho a la salud. Mi primera intervención iba contra el intento de medicalizar en exceso para afrontar la frustración al no alcanzar las expectativas que el modelo económico nos ofrece. Vivimos en sociedades montadas sobre el continuo estímulo del deseo, donde todo parece posible de alcanzar, y que sólo basta con proponérselo y trabajar con eficacia para lograr cualquier meta u objetivo. Y eso no es posible, ni es real, porque ese discurso sobre la igualdad de oportunidades esconde la existencia de barreras estructurales que la impiden. Si esas barreras no se advierten y se tiene fe en los presuntos "valores" dominantes, el fracaso de las expectativas no se atribuye a esas barreras sino a incapacidad personal, a la falta de méritos, de motivación, de tesón, de formación, de ambición, de adaptación, etc, etc, y se asume como un fracaso personal, no como una consecuencia inexorable del sistema, y puede acabar en una sensación de culpa, por no saber, por no entender, por no haberse esforzado más, que requiera atención sicológica e incluso medicación. Pero el problema no está en los individuos, sino en el modo de vida que tenemos, en el que fuerzas desconocidas, alejadas no sólo de nuestra acción, sino de nuestra percepción, toman decisiones pensando en su exclusivo interés que afectan a millones de personas.

martes, 2 de enero de 2018

Berlin. Lobos




La libertad y la igualdad figuran entre los objetivos primordiales perseguidos por los seres humanos a lo largo de muchos siglos; pero la libertad total para los lobos es la muerte para los corderos, la libertad total para los poderosos, los dotados, no es compatible con el derecho a una existencia decente de los débiles y menos dotados.
Isaiah Berlin: “La persecución del ideal”, en El fuste torcido de la humanidad,