A propósito de un texto de Carmen Vidal.
En España pasamos del sainete a los "hipsters" con facilidad, pero con medio siglo de retraso. Los hipsters americanos de los años cincuenta fueron los predecesores de los hippies de los sesenta, que en Spain imitamos en los setenta, y están pasados de moda hace años, aunque algunos lo hayan asumido como profesión o perpetua condición de vida. Ahora volvemos atrás, al antes del antes, a la precuela de la secuela, como en la saga-fuga, película-río, de "La guerra de las galaxias", cuando Obi Wan Kenobi era un amante padre de familia, que pintaba la valla del jardín mientras su mujer hacía tartas de manzana.
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martes, 17 de noviembre de 2015
domingo, 31 de mayo de 2015
La bandera
Comentario a propósito de un texto de Gaizka sobre al bandera nacional
La bandera es un trapo cargado de simbolismo; por lo general representa al Estado, al país, a lo permanente, más que al gobierno, a lo cambiante. En la II República, creo que fue un error de los republicanos cambiar los colores de la bandera (otra cosa son los elementos del escudo, etc, etc), pues se dejaba a los rupturistas (los alzados del 18 de julio) presentarse como los garantes de la continuidad del país, que no fue tal, pues instauraron a sangre y fuego un régimen ahormado según los revolucionarios principios totalitarios, tan en boga en Europa los años treinta. Con la renuncia del monarca por propia voluntad, el régimen de la República, que era legítimo y reformista, adoptó un símbolo nacional que suponía una ruptura, en tanto que el régimen franquista, que era revolucionario porque rompió con la legitimidad -"el nuevo amanecer"-, adoptó un símbolo que representaba la continuidad. Paradojas de este país.
La bandera es un trapo cargado de simbolismo; por lo general representa al Estado, al país, a lo permanente, más que al gobierno, a lo cambiante. En la II República, creo que fue un error de los republicanos cambiar los colores de la bandera (otra cosa son los elementos del escudo, etc, etc), pues se dejaba a los rupturistas (los alzados del 18 de julio) presentarse como los garantes de la continuidad del país, que no fue tal, pues instauraron a sangre y fuego un régimen ahormado según los revolucionarios principios totalitarios, tan en boga en Europa los años treinta. Con la renuncia del monarca por propia voluntad, el régimen de la República, que era legítimo y reformista, adoptó un símbolo nacional que suponía una ruptura, en tanto que el régimen franquista, que era revolucionario porque rompió con la legitimidad -"el nuevo amanecer"-, adoptó un símbolo que representaba la continuidad. Paradojas de este país.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Real discurso sobre irreal país
Good morning, Spain, que es different
El primer discurso del nuevo
rey de España aportó pocas novedades: hizo un discurso tecnocrático en el que
dijo lo que se esperaba que dijera "en estas fechas tan entrañables que
propician el encuentro de las familias", aunque me parece que esta frase
es de su señor padre (se la hemos oído tantas veces...). Poco hubo de nuevo en
el regio mensaje navideño.
Siguiendo las encuestas de
opinión, Felipe VI dio un rápido repaso a la actualidad del país aplicando el
método DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) para señalar
los principales problemas y las soluciones, los retos que tenemos que afrontar
y los muchos valores y capacidades que tenemos para hacerlo bien. Nada nuevo.
Describió un país ideal, lleno potencialidades democráticas, con la crisis económica
superada y con una corrupción en vías de corregirse, como lo demostraba la
acción de la justicia.
Eso mismo lo podría haber
dicho cualquiera y con los mismos efectos, es decir, con ninguno, porque ese es
el llamado papel simbólico de la monarquía, contar cosas, apelar a unidad, al
diálogo, a los valores reales o presuntos, a superar los retos, etc, etc, pero poco
más, y dejar que se interprete su mensaje y que luego cada cual haga de su capa
un sayo.
Después de la intervención del
rey sobre la corrupción no es de esperar que la infanta Cristina renuncie a sus
derechos dinásticos y acepte su responsabilidad en el caso Noos, ni que los
Pujoles, Narcís Serra, Todó, Rato, Blesa, Castedo, Costa, Cospedal, Baltar,
Mato y toda la recua de perceptores de sobres, sobornos, comisiones, trajes, confetti,
relojes, automóviles y mamandurrias se encamine, en fila india y con el carnet
de identidad en la boca, hacia los juzgados para poner en claro sus actividades.
Ayer el Rey cumplió con las tareas de su oficio y a partir de hoy la vida sigue
igual, como cantaba otro gran patriota español, que reside en Miami para demostrarlo.
Sin embargo, hubo algo que sí
me gustó, aunque pueda sonar a frase retórica: que “la economía debe de estar
al servicio de las personas”. Una vez dicha, inmediatamente pensé que esa frase
perdida entre otras era un subrepticio mensaje enviado a alguien, pero ¿a
quién? ¿Quizá a los de “Podemos”? ¿O quizá a los superpatronos del Ibex 35?
A lo mejor recomendaba a
los más selectos representantes del gran capital que corrigieran algo su “modus
operandi” como Scrooges de la economía, para que aflojaran un poco el dogal con
el que tienen cogido al país. Pero me temo, que como los otros, no le harán ni
pizca de caso.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Cayetana
Good morning, Spain, que es different
Falleció la duquesa de Alba. Una de las diez mayores fortunas de este país. Rebelde; dicen los que la conocieron de cerca que hizo de su capa un sayo, porque en cierto modo se apartó, en ocasiones, del estirado protocolo que rige las costumbres de la gente de su alcurnia, a la que, evidentemente, no renunció.
Descendiente de una duquesa inmortalizada en los lienzos, ora en cueros ora vestida de maja, por un pintor ilustrado, Cayetana, sin olvidar la administración de sus extensísimo patrimonio, era amiga de la farándula y de la bohemia de luxe, por lo cual era frecuente verla en fiestas y ferias, rodeada de tonadilleras, bailaoras, cantantes, artistas y toreros, en el famoseo de gama alta sevillano o marbellí. Y la prueba de ese aprecio popular está en los cientos de personas de toda condición social, que, junto con cargos públicos y autoridades civiles y militares, han desfilado por su “velorio” para rendir el último homenaje.
Cuando se tiene tanto dinero es fácil sacar un poco los pies del tiesto y amagar sin riesgo una miaja de rebeldía intrascendente para acercarse en señaladas ocasiones a los gustos de la gente corriente, pues ese ha sido uno de los grandes aciertos de la aristocracia española, que con un alarde de campechanía y superficial contacto con la plebe, ha sabido meterse en el bolsillo a los estratos más ignaros del pueblo llano.
En otros países, el empeño de la nobleza más alta en mantener la distancia con el pueblo ha terminado con frecuencia en el cadalso. En España, no; pues tenemos una nobleza bien nutrida, consentida y renovada, que vive de manera natural entre los ciudadanos, en esa mezcla de lo viejo y lo nuevo que perfila a la España de hoy, ancestral y a la vez postmoderna, en la que permanece la fuerza de los viejos estamentos sobre una débil ciudadanía como signo de una revolución burguesa varias veces empezada y nunca rematada.
Descendiente, también, del legendario Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, vencedor en Flandes y odiado por su severidad, como aún recuerdan en Bélgica y Holanda, Cayetana Fitz-James Stuart, en su calidad de gran latifundista, ha sido una de las propietarias más favorecidas por las subvenciones de la Política Agraria Común, decididas curiosamente en Bruselas. Que lo uno no quita lo otro, en esta contradictoria Europa neoliberal.
Falleció la duquesa de Alba. Una de las diez mayores fortunas de este país. Rebelde; dicen los que la conocieron de cerca que hizo de su capa un sayo, porque en cierto modo se apartó, en ocasiones, del estirado protocolo que rige las costumbres de la gente de su alcurnia, a la que, evidentemente, no renunció.
Descendiente de una duquesa inmortalizada en los lienzos, ora en cueros ora vestida de maja, por un pintor ilustrado, Cayetana, sin olvidar la administración de sus extensísimo patrimonio, era amiga de la farándula y de la bohemia de luxe, por lo cual era frecuente verla en fiestas y ferias, rodeada de tonadilleras, bailaoras, cantantes, artistas y toreros, en el famoseo de gama alta sevillano o marbellí. Y la prueba de ese aprecio popular está en los cientos de personas de toda condición social, que, junto con cargos públicos y autoridades civiles y militares, han desfilado por su “velorio” para rendir el último homenaje.
Cuando se tiene tanto dinero es fácil sacar un poco los pies del tiesto y amagar sin riesgo una miaja de rebeldía intrascendente para acercarse en señaladas ocasiones a los gustos de la gente corriente, pues ese ha sido uno de los grandes aciertos de la aristocracia española, que con un alarde de campechanía y superficial contacto con la plebe, ha sabido meterse en el bolsillo a los estratos más ignaros del pueblo llano.
En otros países, el empeño de la nobleza más alta en mantener la distancia con el pueblo ha terminado con frecuencia en el cadalso. En España, no; pues tenemos una nobleza bien nutrida, consentida y renovada, que vive de manera natural entre los ciudadanos, en esa mezcla de lo viejo y lo nuevo que perfila a la España de hoy, ancestral y a la vez postmoderna, en la que permanece la fuerza de los viejos estamentos sobre una débil ciudadanía como signo de una revolución burguesa varias veces empezada y nunca rematada.
Descendiente, también, del legendario Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, vencedor en Flandes y odiado por su severidad, como aún recuerdan en Bélgica y Holanda, Cayetana Fitz-James Stuart, en su calidad de gran latifundista, ha sido una de las propietarias más favorecidas por las subvenciones de la Política Agraria Común, decididas curiosamente en Bruselas. Que lo uno no quita lo otro, en esta contradictoria Europa neoliberal.
domingo, 1 de junio de 2014
¿Banco malo?
Good morning, Spain
(que es different)
Con
el lío de las elecciones había pasado por alto una noticia sobre las finanzas
(o quizá sobre la moral) que tiene relación con los resultados de la consulta.
Se
refiere al llamado banco malo (SAREB, por su nombre de pila: Sociedad de
Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), la entidad
semipública (el 45% del capital es del Estado) creada para sanear la banca, al hacerse
cargo de los activos tóxicos de los bancos privados tras el estallido de la
burbuja inmobiliaria, que también lo es hipotecaria.
Pues
resulta, que el SAREB, en 2013, año de recortes, pagó a sus empleados una media
de 105.000 euros (12 pagas de 8.750 euros al mes). Su presidenta, Belén Romana tuvo
unos ingresos de 295.000 euros (24.600 al mes) y el consejero delegado Walter
de Luna de 385.000 euros. La alta dirección se repartió 3.458.000 euros, y de
esa cifra 1.435.000 euros fueron al consejo de administración.
Falta
un dato para completar el cuadro: en 2013, el SAREB tuvo unas pérdidas de 261
millones de euros.
El propio nombre de la entidad -banco malo- encierra una
paradoja -¿puede haber un banco malo?-. Quizá para los ciudadanos españoles,
que están soportando recortes en sueldos, pensiones, sanidad, educación y asistencia
social, para sanear las finanzas de los bancos, pero no es malo para sus directivos, ni
tampoco para los de este curioso banco ¿malo?
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