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viernes, 17 de abril de 2020

Picavea. España inespañola


Después, cuando sucedieron, los chicos a los grandes Carlos y Felipes, vino, por extinción interna de la vida y por horrible desgaste exterior, el agotamiento, la degradación, la ruina total, la vuelta a la barbarie… ¡La España de Carlos II el mísero! En dos siglos, merced a la invasión progresiva de la ola mortal, de dentro afuera, la gran nación meridional de Occidente, maestra de Europa, concluyó inerte e inerme, convertida en el pingajo de El Hechizado, ludibrio de Europa.
Un genio embalsamó aquel cadáver, y le conservó para la eternidad, en pirámide de arte incomparable, puesto en espectáculo a la admiración, lástima, risa y pasmo de las gentes. Era don Quijote, que hace reír al mundo (y a mi llorar lágrimas de sangre), seco el cerebro, ida la mollera, la piel sobre los huesos, las tripas en hábito de vacío, el corazón grande y generoso, y aquella generosidad y grandes al servicio perpetuo de acciones imposibles o de trampantojos que no le importan, disparatada lucha, de la que sale, a la fuerza, lastimeramente malrotado y en ridículo, transhumando su tragicomedia a caballo sobre la imagen del hambre, compañero de imbécil malicioso, en medio de un mundo rufianesco, encanallado y frailuno, y a través de los campos largos, vacíos, interminables de la miseria. ¡Imagen asombrosa de la España inespañola y germanizada!   

Ricardo Macías Picavea (1899): El problema nacional (hechos, causas y remedios), Madrid, Seminarios y Ediciones, 1972, pp. 128-129.


domingo, 2 de diciembre de 2018

Secreto

Comentario a un post de Monse AC con una frase de H. Arendt: "El poder auténtico comienza donde empieza el secreto".

El secreto, fundamental en la guerra, convertido en norma de gobierno es la opacidad, que suele ser propia de dictaduras, satrapías y regímenes despóticos, pero es difícil de aceptar en regímenes democráticos sin son verdaderamente representativos. 
El secreto forma parte también de la competencia económica y de la guerra comercial. 
El secreto, los arcanos y el lenguaje esotérico, que suele ser un auxiliar imprescindible, son elementos propios de las religiones y fuentes del poder de la clase sacerdotal en la administración de misterios. 
En la vida privada, cada cual administra el secreto como quiere, dependiendo de los acuerdos tácitos o explícitos que existan en cada familia. En algunas familias hay pocos secretos, en otras el secreto lo impregna todo, pero me atrevo a segurar que cada familia, cada colectividad y cada individuo esconde alguno.

martes, 27 de noviembre de 2018

40º Aniversario Constitución. Roca

Comparada con la de Estados Unidos, en vigor desde 1787, aunque actualizada con sucesiva Enmiendas, la Constitución española de 1978 tiene pocos años, pero si se la compara con la duración de las otras Constituciones y Estatutos españoles es la de vigencia más larga, con la excepción de la de 1876, que estuvo vigente hasta 1923.
España fue de los primeros países en dotarse de un solemne documento escrito que reflejara la composición de las distintas partes del cuerpo social y las relaciones de la estructura jurídica, política y administrativa del Estado, que reemplazara la noción del país como un gran cuerpo humano compuesto de cabeza y extremidades, propia del Antiguo Régimen; la constitución fisiológica.  
Tras la reforma inglesa de 1688, la Constitución norteamericana de 1787, las constituciones de la Francia revolucionaria (1791, 1793, 1795) y las que hubo desde el Consulado al Imperio (1799, 1802, 1804), España se incorpora, en 1810, a la segunda oleada de las revoluciones atlánticas, más moderada que la primera, que producirá su texto fundamental en Cádiz, en 1812.
Pero el resultado de la controvertida relación entre la sociedad estamental y el mundo moderno, donde el súbdito no acaba legalmente de morir y el ciudadano no acaba políticamente de nacer, será un largo e inacabado proceso constituyente, en el que los avances de tipo progresista, que duran poco tiempo, ser alternan con bruscos saltos hacia atrás, en los que el arcaísmo parece recuperar el terreno perdido frente a la modernidad.
Tampoco se puede afirmar que haya faltado celo reformador, que más bien ha sobrado, tanto en un sentido como en otro -para renovar y para conservar-, sino que lo destacable ha sido la inestabilidad política provocada por esos intentos, que ha dado paso a lo que podría calificarse de desazón constituyente.
La Carta de Bayona de 1808, la Constitución de Cádiz de 1812, el Estatuto Real de 1834, la Constitución de 1837, la de 1845, la nonnata Constitución de 1856, los cambios constitucionales entre 1856 y 1868, la Constitución de 1869, el proyecto de Constitución federal de 1873, la Constitución de 1876, los proyectos de Primo de Rivera, la Constitución de 1931, las Leyes Fundamentales de Franco y, luego, la Constitución de 1978 son los jalones de una España necesitada de vertebración política, en la que la organización del Estado y la articulación de las diversas corrientes ideológicas no han podido durar mucho tiempo.
Los sucesivos procesos constituyentes pueden ser contemplados como si fueran las crestas de las olas que indican el movimiento profundo de las aguas sociales. Desde la limitada perspectiva que ofrecía el año 1836, la observación de esta azarosa existencia ya inspiró a Larra uno de sus ácidos epigramas -Aquí yace el Estatuto. Vivió y murió en un minuto-.
Nuestra azarosa trayectoria constitucional puede entenderse con los nombres de otros sucesos, pero representa históricamente lo mismo: entrada del ejército francés en España, huida de la familia de Carlos IV de Borbón a Francia, guerra de la Independencia, reinado de José Bonaparte, primeras Cortes liberales, fin de la guerra, primera restauración borbónica (Fernando VII) y regreso del absolutismo, trienio constitucional (Riego), nueva restauración absolutista (Cien Mil Hijos de San Luis) y década ominosa, regencia (María Cristina) y guerra carlista, reforma liberal, bienio progresista, década moderada y segunda guerra carlista, revolución de 1854, etapa conservadora isabelina, gloriosa revolución de 1868 y caída de la monarquía (Isabel II, al exilio), nueva guerra carlista, sexenio revolucionario, cambio de dinastía y abdicación de Amadeo de Saboya, Iª República, segunda restauración borbónica (Alfonso XII), agonía del canovismo, dictadura (Primo de Rivera) y dictablanda (Berenguer), Alfonso XIII al exilio, IIª República, guerra civil, dictadura franquista, una transición, tercera restauración borbónica (Juan Carlos I) y régimen democrático.

Roca, J. M. (2013): La oxidada Transición, Madrid, La Linetrna sorda, pp. 56-57. 

lunes, 26 de noviembre de 2018

6º día de lectura.


Sexto día de la cadena de lectura. Y sigo con “el procés”. 
Sé que me pongo “mu pesao”, pero es que el asunto me ataca los nervios, por lo que expresa, no sólo como objetivo difícil de alcanzar, sino por la información que aporta sobre quienes lo dirigen, que parecen obnubilados, viviendo una realidad paralela en una habitación y mal ventilada, atrapados por el aire viciado de un discurso circular y redundante sobre el mismo tema, pero con la mente cerrada a cal y canto a cualquier idea tangencial. Y ahí siguen, encerrados con un solo juguete, despreciando lo que aporta la realidad e inmunes al desaliento. Un tesón, que sería digno de alabanza si respondiera a mejor causa. 

“Durante los cinco años que van de 2012 a 2017, el proceso independentista discurrió entre dos sectores que daban apoyo al nuevo relato, pero que perseguían objetivos diferentes. Por un lado, quienes concluyeron, como Mas, que la única forma de conseguir que el Estado se aviniera a negociar un encaje diferente de Cataluña en España, en el que se blindara su singularidad cultural y lingüística y se atendieran sus reclamaciones económicas, era subir la apuesta, estirar la cuerda al máximo para sentarse a la mesa de negociación desde una posición de fuerza (…) Pero en el proceso también confluyeron de forma impetuosa quienes consideraron que esta era la oportunidad histórica para convertir Cataluña en un Estado independiente. Para ellos, se trataba de una ocasión única: ahora o nunca. Incluso algunos acuñaron el lema <tenim pressa> (tenemos prisa) y justificaron esa premura con el razonamiento de que, cuanto antes Cataluña lograra su independencia, antes gozaría de los recursos y herramientas necesarios para salir de la crisis. Con España en una situación de debilidad en Europa debido a sus maltrechas finanzas, y un movimiento popular en ebullición en Cataluña, creían llegado el momento de dar el salto decisivo”.

Lola García: El naufragio. La deconstrucción del sueño independentista, Barcelona, Península, 2018. 

domingo, 25 de noviembre de 2018

40 Aniversario Constitución. Roca Junyent.


En su singularidad, España ha generado un nuevo modelo: por la reforma hacia la ruptura. Y en este modelo, las Cortes constituyentes eran y deben ser el motor de la ruptura, y la nueva Constitución el documento que la solemnice. Así, la Constitución no debe señalar únicamente el marco fundamental dentro del cual debe desarrollarse el futuro juego político de las Instituciones, sino también poner punto final a toda la era franquista. Y no a través de explicaciones impropias en su preámbulo, sino a través de un articulado que, al proclamar tal o cual derecho, venga a dar respuesta a lo que ha sido la larga lucha reivindicativa de estos últimos cuarenta años.
Este era un punto de partida fundamental. Y  cuando muchas críticas señalan la extensión -excesiva según algunos- del Anteproyecto, hay que tener presente la finalidad, ahora explicada, que perseguían algunos ponentes. Lógicamente, en una reforma constitucional que hoy se contemplase en Estados europeos de democracia consolidada, muchos de los temas que se contemplan en el Anteproyecto podrían ser negligidos, porque una larga práctica los ha constitucionalizado al margen del formalismo de su inclusión o no en el texto constitucional. Pero este no es el caso español y debían tratarse prolijamente, por ejemplo, todas y cada una de las libertades públicas, porque la práctica de su respeto no existía, y aun con un solo reconocimiento lo que perdura es un evidente criterio restrictivo de interpretación (…) Lo importante es definir un texto constitucional que cierre y rompa el esquema franquista abriendo solemnemente un régimen democrático (…) Una Constitución, pues, para la Democracia. Pero en este  planteamiento anida otra problemática mucho más rica y compleja: ¿qué Estado, qué clase de Estado y de Democracia querían definirse? ¿Un estado liberal, una democracia parlamentaria? ¿Un régimen socializante o socializable? ¿Una democracia formal que no alcanzase a las auténticas coordenadas de la vida económica, social y cultural?

Miguel Roca i Junyent: “Una primera aproximación al debate constitucional”, en VV.AA.: La izquierda y la Constitución, Barcelona, Taula de Canvi, 1978, p. 31-32.

viernes, 23 de noviembre de 2018

5º día de lectura


Quinto día de la cadena de lectura. Y dicen los taurinos que no hay quinto malo. Pero el libro previsto no va de toros, aunque quizá de toreros; de toreros aficionados al plante, al desplante, a citar al toro de lejos y a despachar con naturales, unos, o con mantazos; otros a no moverse, como el don Tancredo; unos a ver los toros desde la barrera y otros a exhibirse con toreo de salón y brindis al sol, que acaban no en los tendidos de sombra, sino “a la sombra” directamente. La fiesta nacional, con multitudinario paseíllo, con engaño y castigo; con jamelgos y picadores, que se celebra principalmente en una ciudad con dos plazas, dedicadas a otra cosa.
El libro no es un morlaco de 500 kilos (o 500 páginas), sino una res pequeña, pero ágil y astifina; un texto denso, breve y sintético (107 páginas): “La conjura de los irresponsables” de Jordi Amat (Barcelona, Anagrama, 2017), de recomendable lectura.

“Como ha sucedido a lo largo de buena parte del proceso soberanista -desde la ponencia encargada de redactar el Estatuto-, quedaba desmentida de nuevo la convicción ingenua de que la fijación de un deseo en un texto legal tiene una capacidad performativa automática. Ahora tampoco. Así, pasada la hora de la verdad, se empezó a extender una sensación de frustración resignada: la nueva República, surgida de la épica del 1 de octubre, no pasaba de ser un significante vacío. No había ningún reconocimiento internacional. No había estructuras que permitieran hacer efectiva la transición del viejo Estado al nuevo. No había capacidad de imponer con la fuerza un nuevo statu quo. Por no haber, no había ni la voluntad de escenificar el nacimiento del nuevo Estado con una acción simbólica como arriar la bandera. Palabras, palabras, palabras.
El desconcierto es que las élites gubernamentales lo sabían, como empezamos a descubrir, pero lo habían silenciado” (p. 104).

40º Aniversario de la Constitución. Solé T.


Sabemos que los trabajadores y las clases populares se juegan mucho en este debate constitucional, puesto que del resultado final del mismo dependerá que la palabra democracia tenga sentido o no para la mayoría del pueblo.
Por eso pretendemos que el debate sobre la Constitución no sea sólo un debate en el seno de las Cortes y aún menos un debate entre especialistas. Queremos que todos los trabajadores, que todos los sectores populares consideren la batalla por una Constitución democrática como algo suyo, como algo que les concierne directamente. Se trata de una batalla política que el pueblo debe ganar.
Con esto no queremos decir que se trate de imponer una Constitución sobre otra. No queremos una Constitución votada únicamente por el 51% del electorado contra el 49% restante. Se trata, por el contrario, de elaborar una Constitución que cuente con el mayor consenso posible, una Constitución que pueda ser votada sin grandes traumas por la gran mayoría del electorado.
Por eso, la Constitución ha de establecer unas reglas del juego practicables por esa gran mayoría. Si la derecha social de este país, apoyándose en la mayoría parlamentaria artificial que ahora tiene, nos quiere colocar una Constitución autoritaria y centralista, en la que las clases populares queden marginadas o tengan que situarse a la defensiva, la batalla política por la Constitución será diferente y podrá alcanzar, incluso, la impugnación de la forma de gobierno que en ella se prevé.
Esta es una cuestión clave. Lo que ahora está en juego es la consolidación de una democracia todavía precaria, de una democracia que se desarrolla en medio de un sistema de aparatos e instituciones que todavía son los de antes. La tarea más progresista, más revolucionaria es conseguir que esa democracia triunfe y se consolide.  
Jordi Solé Tura: Los comunistas y la Constitución, Madrid, Forma Ediciones, 1978, p. 10-11.

jueves, 22 de noviembre de 2018

40º Aniversario de la Constitución. Peces Barba




“Si tuviese que juzgar telegráficamente el texto elaborado, diría que no es el texto que hubiéramos hecho los socialistas, pero que sí es el mejor texto posible dada la composición de las fuerzas en presencia en el Congreso de los Diputados, reflejada en la ponencia. Creo que es un texto que nos deja a todos un poco descontentos, pero no tan descontentos como para enarbolar como bandera electoral su reforma para las próximas elecciones. El debate posterior modificará el texto, naturalmente, pero no creo que toque profundamente los consensos obtenidos. De todas maneras, estoy seguro de que la discusión en la Comisión y en el Pleno del Congreso y posteriormente en el Senado lo mejorarán.
No creo que se pueda decir que el texto es muy original, porque están presentes en él las soluciones de esas Constituciones ya citadas, más las de la francesa de 1958, que ha entrado por impulso de UCD y de Alianza Popular. Sin embargo, sí señalaría la originalidad del artículo primero, que creo que no tiene precedente y que personalmente enjuicio como muy positivo: <España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, y la igualdad y el respeto al pluralismo político>”.

Gregorio Peces Barba.
VV.AA: La izquierda y la Constitución, Barcelona, Taula de Canvi, 1978.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Azaña. Catalanizar


Es preciso estar habituado al ejercicio de traducir, al lenguaje común y claro, las tergiversaciones y sobreentendidos de la política barcelonesa. Detrás de aquella exaltación del patriotismo catalán, para contener las escisiones de clase, había la necesidad y la dificultad de imbuir el catalanismo en la porción más numerosa del proletariado de Cataluña. Otros han dicho más claramente: <Hay que catalanizar el campo>. Es decir, que tanto el campesino como el obrero industrial fuesen, antes que marxistas o sindicalistas, nacionalistas. Antes que Marx o Sorel o Bakunin, Ramón Berenguer IV o Maciá…

Manuel Azaña: “Cuaderno de La Pobleta (1937)”, Memorias políticas y de guerra (II), Barcelona, Crítica, 1978, p. 132.

Fdez de Castro. Franco y la cultura


Ayer, cuando buscaba una fotografía para ilustrar el texto sobre franquismo y fascismo, me topé con un artículo, del que extraigo un párrafo. Está referido a España, a la España de Franco, pero con cierta inversión, se puede aplicar a otras situaciones. La diferencia reside en cuándo se levantan las fronteras: si es antes o después de establecer la particular mitología.

“Cuando una sociedad se organiza en Estado establece sus fronteras, la piel que le separa de sus vecinos, coloca sus carabineros y sus inquisidores para evitar que entren o que salgan de matute mercancías, personas e ideas no deseadas, y se mira al ombligo para reconocer los genes que le identifican, su historia, las batallas ganadas y las retiradas honrosas, sus coros y danzas, el Dios que habita en sus catedrales y al que blasfeman o rinden culto sus gentes, el submarino que inventó uno de sus sabios, el fénix de sus letras, el torero, el Cid y el Santiago matamoros de su particular mitología, todo lo que hace proclamar a los societarios <nosotros somos diferentes>”.

Ignacio Fernández de Castro: “Franco y la cultura”, El Mundo, Documentos, “Franco 1892-1992”.

“No fueron dos culturas enfrentadas, fue la estúpida confusión de los salvadores de turno, versión folclórica de las salas de banderas, que no eran capaces de distinguir la patria de la pandereta, la astucia de los uniformados ambiciosos cuyo sable se pone al servicio de quienes ofrecen una medalla, un monumento o un lugar en la Historia”.
(ibíd.)

lunes, 29 de octubre de 2018

Cotarelo. Izquierda y nacionalismo


La izquierda jamás entendió bien el nacionalismo luego de la Revolución francesa. Por una ironía mordaz de la historia, el sustituto de la izquierda sumida en una crisis de sombrías perspectivas son, precisamente, los más absurdos tipos de nacionalismo. Por lo demás, algunos actuales quizá aseguren seguir un programa de izquierda. Cuando ésta no es capaz de acometer su propia revisión doctrinal con visas de éxito, nada de extraño tiene que alguien se apropie algunos de sus postulados con fines de glorificación de la aldea.

Cotarelo, R. (1989): La izquierda: desengaño, resignación y utopía, Barcelona, Ediciones del Drac, p. 51.

Cotarelo. No nacionalismo.


No existe un discurso antinacionalista desde una actitud no nacionalista; es un absurdo parecido al de un agnóstico pretendiendo convencer al ateo o al creyente de que crea o deje de creer. El no nacionalista, caso de existir, que lo dudo, será indiferente respecto a los razonamientos del nacionalista, pero no puede negar el derecho de los demás a serlo. Carece de sentido, pues, que los nacionalistas españoles, entre los cuales me cuento (si bien sólo entre los comedidos y ocasionalmente descomedidos), pretenden ser no nacionalistas con el único fin de obstaculizar el nacionalismo ajeno.

R. Cotarelo (2006): La izquierda en el siglo XXI, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, p. 148.

domingo, 28 de octubre de 2018

Lectura. Día 2. Solé Tura


Segundo día de la cadena de lectura.
Hoy, toca un libro de Jordi Solé Tura,
de 1967. Es una reedición de 2017 de "Catalanismo y revolución burguesa", con comentarios de Javier Cercas, Joan Botella y Borja de Riquer. Transcribo un párrafo del autor de la edición castellana de 1974: "Mi hipótesis de trabajo es que la historia del nacionalismo catalán, en sus diversas fases, es la historia de una revolución burguesa frustrada (…) El nacionalismo catalán nació, se desarrolló y dio de sí lo mejor de sus energías en el período en que el modo de producción capitalista pugnaba por elevarse en el plano hegemónico sin conseguirlo plenamente. Al secular esfuerzo de la burguesía industrial catalana por ejercer su hegemonía en el bloque dominante, sin conseguirlo en ningún momento, corresponde en el plano político e ideológico un planteamiento que va del asalto directo al poder central (hasta el período revolucionario abierto en 1868, en líneas generales) al asalto periférico (fase nacionalista). La primera fase terminó con un compromiso inestable, de carácter oportunista (Restauración) y la segunda con otro compromiso a largo plazo y a nivel superior (cuyos comienzos podríamos situar en 1917), del que todavía no ha salido ni es probable que salga ya. El drama de la burguesía catalana es que en ninguna de estas fases ha conseguido alzarse con la victoria".
Propongo como nuevos eslabones de esta cadena libresca a Joaquim Pisa, Isabel García Bejarano y Jose Luis Vergara.
Me faltan otros cuatro para completar los siete preceptivos, pero los citados (y citada, ¡ojo!) ya pueden ir preparando las portadas de sus libros. Si aceptan la invitación, claro está.

sábado, 27 de octubre de 2018

Lectura. Día 1. Tocqueville.


Primer día de lectura. Me he unido a una cadena, que ignoro dónde, cuándo y quién la empezó, que consiste en publicar durante 7 días la cubierta de 7 libros y solicitar a 7 personas distintas (Dios no vale, que son tres en una) a hacer lo mismo para continuarla.
Como le comentaba a María José Peña, que es quien me ha invitado y a la que agradezco el honor, un servidor, por deformación profesional sólo lee "peñazos", así que no sé si mi participación en la cadena será de utilidad. Suelo dejarme influir por el momento político, así que algunos libros que colgaré son del "tema", es decir monotemáticos sobre "el procés", pero el primero es diferente. Se trata de "El Antiguo Régimen y la Revolución", de Alexis de Tocqueville, en edición reciente (2010) con una buena introducción. Una lectura que es un complemento necesario a las obras sobre la Revolución francesa, porque Tocqueville analiza, de manera muy pormenorizada, la que sucedía antes y establece las rupturas y las continuidades entre el Antiguo Régimen y lo sucedido después de 1789. 
El Prefacio del autor es sensacional y no me resisto a transcribir un párrafo: "Los mismos déspotas no niegan que la libertad sea excelente; sólo que no la desean más que para sí mismos y sostienen que los demás son por completo indignos de ella. Así, pues, no se difiere por la opinión que se debe tener sobre la libertad, sino por la estima más o menos grande que se tiene de los hombres. Se puede, por tanto, decir de manera rigurosa que la inclinación que se muestra hacia el régimen absoluto está en razón directa al desprecio que se profesa hacia el propio país".
Que vaya preparando el libro Monse Ac, que es la primera persona seleccionada para seguir la cadena.

martes, 2 de octubre de 2018

Marx. Todo se vende


Hubo un tiempo, como en la Edad Media, en el que solamente se cambiaba lo superfluo, el excedente de la producción sobre el consumo. Hubo, también, un tiempo en el que no sólo lo superfluo, sino todos los productos, todas las existencias industriales pasaron al comercio; toda la producción dependía del cambio (…) Llegó por fin un tiempo en el cual todo lo que los hombres habían considerado inalienable llegó a ser objeto de cambio, de tráfico y se podía enajenar. Es el tiempo en el cual las mismas cosas que hasta entonces se transmitían, nunca, sin embargo se cambiaban; se daban, pero no se vendían; se adquirían, pero no se compraban: virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc; todo, en fin, pasó al comercio. Es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal o, hablando en términos de economía política, el tiempo en el que toda cosa, moral o física, al convertirse en valor venal, se lleva al mercado para apreciarla en su más justo valor.

Marx (1846-1847): Miseria de la filosofía, Madrid, Júcar, 1974, pp. 72-73.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Solé Tura.La Lliga "revolucionaria"


La Lliga Regionalista surgió en un contexto de violenta lucha de clases (…) La Lliga era claramente regeneracionista, pero a diferencia del regeneracionismo de Costa (...) el regeneracionismo de los nacionalistas catalanes tenía un propósito muy concreto: llegar al poder, transformar el Estado español para influir en él de acuerdo con su verdadero peso específico, impulsar la transformación económica y política de España en sentido capitalista. Es decir, realizar la revolución burguesa.
Ahora bien, el intento revolucionario de la burguesía catalana padecía una serie de defectos internos y externos que viciaron desde el primer momento su propósito: la burguesía catalana era, de hecho, la única burguesía industrial del país (con excepción de la vasca…); era, además, una burguesía periférica, condicionada por un mercado interior pobre y miserable, pero indispensable; una burguesía presionada por un proletariado combativo y exasperado; una burguesía que necesitaba el Estado oligárquico para una hipotética expansión colonial y para conservar el orden público interior; una burguesía debilitada estructuralmente por la tensión interna entre el desarrollo urbano e industrial de Cataluña y la subsistencia de instituciones agrarias verdaderamente capitalistas.
Por lo demás, la propia burguesía entraba en la lucha con intereses no siempre coincidentes. Entre los industriales textiles (…) los algodoneros, más afectados por la crisis de 1898, constituyeron el núcleo del movimiento nacionalista, una gran parte de los laneros, bajo la dirección del conde de Egara, continuaron en el marco político de la Restauración. Ni siquiera hubo una dinámica uniforme entre los diversos sectores de la fabricación textil algodonera: entre los hiladores se tendía a la concentración de empresas y unas veinte o treinta familias controlaban el sector, con fuertes acumulaciones de capital; en cambio, entre los industriales tejedores predominaban la pequeña empresa y la propiedad familiar. Los grandes industriales querían a toda costa un arancel proteccionista y una política de compromiso con Madrid.    
Por otro lado, el campo catalán se recuperaba difícilmente de la tensión provocada por la crisis de la filoxera. Aunque el conflicto parecía apagado, no tardaría en estallar con redoblada fuerza.
Los grandes propietarios, representados por el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, constituyeron la correa de transmisión para hacer efectiva la hegemonía política de los hombres de la Lliga. Pero el precio que exigieron fue la intangibilidad de las relaciones agrarias y el respeto a las jerarquías tradicionales.
Todo esto daba a la alta burguesía catalana una gran inestabilidad política y doctrinal. Era una clase íntimamente reaccionaria que desempeñaba un papel revolucionario en el contexto hispánico; una clase conservadora y corporativista que se proponía europeizar, modernizar, liberalizar el país; una clase esencialmente urbana e industrial, profundamente vinculada a un campo conservador e inmovilista. Como veremos, la síntesis doctrinal de Prat de la Riba reflejó estas contradicciones.

J. Solé Tura: Catalanismo y revolución burguesa, Barcelona, El viejo topo, 2017, pp. 57-58.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Solé Tura.Revolución burguesa frustrada


Mi hipótesis de trabajo es que la historia del nacionalismo catalán, en sus diversas fases, es la historia de una revolución burguesa frustrada (…) El nacionalismo catalán nació, se desarrolló y dio de sí lo mejor de sus energías en el período en que el modo de producción capitalista pugnaba por elevarse en el plano hegemónico, sin conseguirlo plenamente. Al secular esfuerzo de la burguesía industrial catalana por ejercer su hegemonía en el bloque dominante, sin conseguirlo en ningún momento, corresponde en el plano político e ideológico un planteamiento que va del asalto directo al poder central (hasta el período revolucionario abierto en 1868, en líneas generales) al asalto periférico (fase nacionalista). La primera fase terminó con un compromiso inestable, de carácter oportunista (Restauración) y la segunda con otro compromiso a largo plazo y a nivel superior (cuyos comienzos podríamos situar en 1917), del que todavía no ha salido ni es probable que salga ya. El drama de la burguesía catalana es que en ninguna de estas fases ha conseguido alzarse con la victoria.

J. Solé Tura: Catalanismo y revolución burguesa, Introducción a la edición castellana de 1974, Barcelona, El viejo topo, 2017, p. 47.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Engels, republicano y unitario (2)


(Después de la detención de Marx, en Bruselas, el 3 de marzo de 1848) Pronto volvimos a reunirnos todos en París. Aquí se redactó el siguiente documento, firmado por los miembros del nuevo Comité Central, documento que se difundió por toda Alemania y del que todavía hoy algunos podrían aprender algo:

Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania
1. Toda Alemania será declarada República, una e indivisible (…) 7. Las fincas de los príncipes y las demás posesiones feudales se convierten en propiedad del Estado (…) 8. Las hipotecas sobre las tierras de los campesinos se declaran propiedad del Estado; los campesinos abonarán al Estado los intereses de esas hipotecas (…) 11. El Estado tomará en sus manos todos los medios de transporte: ferrocarriles, canales, barcos, caminos, correos, etc, convirtiéndolos en propiedad del Estado (…) 15. Implantación de fuertes impuestos progresivos y abolición de los impuestos sobre artículos de consumo (…) 16. Organización de talleres nacionales. El Estado garantiza a todos los trabajadores medios de subsistencia y asume el cuidado de los incapacitados para trabajar (…) 17. Instrucción pública general y gratuita.
Firmado por C. Marx, K. Schapper, H. Bauer, F. Engels, J. Moll y W. Wolf.

F. Engels: Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas, Londres, octubre, 1885.

En Marx y Engels: Manifiesto del Partido Comunista y otros escritos políticos, Méjico, Grijalbo, 1969.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Engels. Republicano y unitario 1


Si, en rigor, se puede evitar (incluir legalmente) la cuestión de la República, según mi criterio se debería y se podría incluir en el Programa la reivindicación de concentrar todo el poder político en manos de la representación del pueblo. Y esto sería suficiente, por ahora, si no se puede ir más lejos.
En segundo lugar -La reconstrucción de Alemania-. Por una parte es necesario terminar con la subdivisión en pequeños Estados -intentar revolucionar la sociedad mientras existieran derechos particulares en Baviera y Wurtemberg, así como la Carta de Turingia, por ejemplo, ofrecería el mismo lamentable aspecto que ahora-. Por otra parte, es necesario que Prusia deje de existir, que se descomponga en provincias autónomas, a fin de que el espíritu específicamente prusiano termine de pesar sobre Alemania. Subdivisión en pequeños Estados, espíritu específicamente prusiano: los dos polos de la contradicción en la que Alemania se encuentra encerrada hoy, y en la que cada uno de los polos sirve de excusa y justificación del otro. ¿Qué es preciso, pues, hacer?
En mi opinión, el proletariado no puede utilizar más que la forma de república, una e indivisible. En suma, en el inmenso territorio de los Estados Unidos, la república federal es todavía hoy una necesidad, si bien ya empieza a constituir un obstáculo para el Este. La república federal constituirá un progreso en Inglaterra, donde en las dos islas viven cuatro naciones y donde, a pesar de un Parlamento único, existen una junto a otra, todavía hoy, tres legislaciones diferentes. En la pequeña Suiza, la república federal hace tiempo que constituye un obstáculo, sólo tolerable porque Suiza se contenta con ser un pequeño miembro puramente pasivo dentro del sistema de los Estados europeos. Para Alemania, una organización federal sería un retroceso considerable.
Dos aspectos distinguen un Estado federal de un Estado unitario: primero, que cada Estado federado, cada cantón, posee su propia legislación civil y penal, su propia organización judicial; segundo, que junto a la Cámara popular hay una Cámara representativa de los Estados, en la que cada cantón, pequeño o grande, vota como tal. En cuanto al primer aspecto, nosotros lo tenemos bajo la forma de Consejo Federal, y bien podríamos prescindir de él -tanto más cuanto que nuestro “Estado federal” constituye ya la transición hacia el Estado unitario. No es de nuestra incumbencia hacer descender de su altura la revolución de 1866 a 1870; por el contrario, nosotros debemos aportar el complemento y la mejoría necesarios mediante un movimiento de base. Así, pues, República unitaria. Pero no en el sentido de la República Francesa actual, que no es otra cosa que el Imperio sin emperador fundado en 1798.
Federico Engels (1891): Crítica del Programa de Erfurt, Madrid, Ayuso, 1975, pp. 73-75.     

sábado, 16 de junio de 2018

Picavea. España



Después, cuando sucedieron, los chicos a los grandes Carlos y Felipes, vino, por extinción interna de la vida y por horrible desgaste exterior, el agotamiento, la degradación, la ruina total, la vuelta a la barbarie…¡La España de Carlos II el mísero! En dos siglos, merced a la invasión progresiva de la ola mortal, de dentro afuera, la gran nación meridional de Occidente, maestra de Europa, concluyó inerte e inerme, convertida en el pingajo de El Hechizado, ludibrio de Europa.
Un genio embalsamó aquel cadáver, y le conservó para la eternidad, en pirámide de arte incomparable, puesto en espectáculo a la admiración, lástima, risa y pasmo de las gentes. Era don Quijote, que hace reír al mundo (y a mi llorar lágrimas de sangre), seco el cerebro, ida la mollera, la piel sobre los huesos, las tripas en hábito de vacío, el corazón grande y generoso, y aquella generosidad y grandes al servicio perpetuo de acciones imposibles o de trampantojos que no le importan, disparatad lucha, de la que sale, a la fuerza, lastimeramente malrotado y en ridículo, transhumando su tragicomedia a caballo sobre la imagen del hambre, compañero de imbécil malicioso, en medio de un mundo rufianesco, encanallado y frailuno, y a través de los campos largos, vacíos, interminables de la miseria. ¡Imagen asombrosa de la España inespañola y germanizada!    

Discrepo (respuesta a José Catalán). Picavea escribe sobre las zonas de sombra de la Resturación, pero también escribe sobre otros momentos de la historia de España en términos elogiosos: "El Renacimiento se dice que es italiano. Pero esto sólo puede concederse, si por tal se ha de entender simplemente la rehabilitación de las letras clásicas y del arte greco-latino. Mas si se trata del advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva vida, de una Europa nueva con política, administración, ejércitos, armas, cultivos, industrias, crítica, ciencias, técnicas y, en fin, un mundo nuevos, el Renacimiento es plena, original y sustancialmente español. ¿Quién, en justicia, puede disputarlo? Y sin embargo lo hemos perdido, como otras tantas justas propiedades: ¡otro descabalgamiento que debemos al teutonismo subsiguiente!"
Para Picavea, la lenta decadencia de España viene de la subordinación a un cuerpo extraño, que fue la Casa de Austria, que define como un férrea monarquía extranjera que puso sus intereses familiares por delante de los de la nación. El espíritu germánico, el "fanatismo tudesco", "la monomanía teológica", se impuso sobre una sociedad que era resultado de una mezcla de culturas y saberes.