No sé si
vivimos en el mismo país; para algunos de más allá del Ebro y para otros de más
acá del Ebro, parece ser que no; ni parece que utilicemos la lengua, tanto el
catalán y como el castellano, de la misma forma y con los mismos significados,
aunque los significantes sean idénticos. Ni entiendo el nerviosismo suscitado en
Cataluña por un auto del 28 de julio, del Tribunal Superior de Justicia de
Cataluña (no de Castilla), dando 60 días a la Generalitat para hacer que el
castellano también sea lengua vehicular en la escuela.
El auto no pone en peligro la
enseñanza en catalán, ni pretende acabar con el sistema actual y mucho menos
exterminar una cultura y aún menos una nación, como dice algún exagerado. ¿Exterminar una nación? ¡Qué burrada! En
todo caso, ¿cuál nación, suponiendo que en Cataluña sólo exista una nación? ¿La
nación de los unidos por la lengua catalana o por algo más? ¿Pertenecen a misma
nación los que cierran hospitales y
reducen servicios públicos y los que padecen esas retallades?
Torrent,
cabeza de lista de ERC por Gerona, ha dicho: “Prefiero una Cataluña gobernada
por la derecha independentista, que una España gobernada por la izquierda”, que
es toda una declaración política y una brújula que indica a algunos despistados
hacia dónde van estos “izquierdistas”. A pesar del lavado de cara que periódicamente
realiza la prensa progresista en todo cuanto tiene que ver con Cataluña,
twitter y otros sistemas que han quebrado el monopolio informativo nos
devuelven el pensamiento directo y descarnado de estos tipos. En la prensa
“seria”, de referencia, han propagado una imagen aceptable del nacionalismo
catalán apoyada en la ocultación de sus planteamientos más chirriantes. Y la
parte menos dotada intelectualmente de la izquierda española los ha aceptado
sin dificultad.
3
septiembre de 2011
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