jueves, 15 de mayo de 2014

La historia mágica de Euskadi (1)


Colegas:
 Primero, Marta, porque se lo debo, pues parece que su enfado iba dirigido contra mí, acusándome de no sé qué cosas terribles. Yo no impido que nadie se exprese, ni vascos ni no vascos y menos alguien del grupo, pero me tomo la libertad de opinar. Y opino sobre lo que me parece la carta de Medem (que me parece un nacionalista que no sabe que lo es) y creo que lo he hecho con fundamento, por eso me gustaría -no es una exigencia- que se me respondiera en los mismos términos. Pero parece ser que en lo tocante al asunto vasco no se puede discrepar de lo que dicen los nacionalistas; he ahí su gran triunfo: han logrado que el tema sea sagrado: o se está de acuerdo con su discurso o se es un fascista y se defiende la España, Una Grande y Libre, de Franco. Es decir, los nacionalistas vascos, sin gran esfuerzo teórico pero con abundante retórica política, han ganado ya la batalla de las ideas a gente presuntamente de izquierda, y eso es lo que me preocupa.

1. Discrepo en cosas que afectan a posiciones dentro de la izquierda. Podemos hablar de Aznar, de su discurso en la ONU y de su vasallaje hacia Bush, etc, etc, pero creo que ahí tenemos una postura aproximada. Si hubiera gente, entre nosotros o en la izquierda, que defendiera la enseñanza obligatoria de la religión, el recorte en materia social para llegar al déficit cero, los contratos basura o la intervención militar en Iraq, me preocuparía, pero ahí estamos de acuerdo, porque tenemos localizado, identificado al adversario (o quizá mejor, al enemigo) -la derecha tradicional española, católica, autoritaria, centralista y con enormes resabios franquistas- y a su política. Por eso no me citéis como argumento el GAL -29 muertos, no 40, pero eso no lo hace más aceptable-, cuyos miembros están muy bien en la cárcel, ni me digáis que en las comisarías se tortura; ya lo sé; lo dice Amnistía Internacional en sus informes (que también cita a ETA), ni cosas por el estilo, porque estoy en contra de ellas, pero lo más importante es que ni ETA ni el PNV son lo que son, ni están como están ni hacen lo que hacen a causa del GAL, ni porque la policía torture: no son organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos, sino partidos políticos (uno al menos; la otra es una organización política militarizada) que aspiran a alcanzar un objetivo político. Cuando Arana sentó las bases del nacionalismo vasco no había GAL, ni siquiera existía la declaración de derechos humanos, así que no mezclemos las cosas. Los nacionalistas vascos tienen un objetivo y luchan por él, y si el Estado en respuesta atropella los derechos humanos de los nacionalistas, pues ellos lo utilizan para crear opinión. Y hasta ahora yo no he justificado los atropellos de los derechos humanos por parte del Estado, al contrario, pero también he criticado los atropellos de esos mismos derechos efectuados por nacionalistas vascos a ciudadanos vascos y no vascos. ¿O es que eso no se puede señalar?

2. Mi preocupación por el tema viene porque veo que, aún hoy, una parte importante de la izquierda pierde su sentido crítico cuando se refiere al País Vasco. Podría resumir la idea diciendo que la izquierda es hipercrítica con la derecha española, centralista, autoritaria, etc, etc, con el Partido Popular, en definitiva, pero pierde ese espíritu crítico cuando juzga a una parte de la derecha vasca -la nacionalista- y su proyecto político, eso cuando no comparte dicho proyecto.
3. Quizá me equivoque, pero entiendo que la izquierda tiene uno de sus orígenes teóricos y una de sus actitudes más claras y valiosas en las ideas de la Ilustración. El deseo de los ilustrados de compendiar y actualizar el saber humano de su época en una sola obra -La Enciclopedia- a la luz de la crítica razonada, para librarlo del yugo de la escolástica, de la ignorancia, de la superstición y de los criterios de autoridad, según indicaba D'Alambert en el Discurso Preliminar, ha sido, además de una gran empresa, una de las guías del comportamiento de izquierda. Librar el acontecer humano de la ignorancia y la superstición -de la alienación, que decía Marx-, sacarlo de las manos de reyes y curas y confiarlo a la libre voluntad de los ciudadanos me ha parecido siempre un noble empeño. Si a eso le uno, en la tradición de donde provengo, las aportaciones de Marx, nacido curiosamente, en una de las regiones de Alemania más influidas por el enciclopedismo, y su extensa labor teórica para desvelar, mediante una rigurosa crítica, las brumas del pensamiento burgués, y le añadimos las de sus muchos y valiosos seguidores, me podría parecer que la izquierda estaba intelectualmente preparada para enfrentarse a las trampas ideológicas de sus adversarios. Pero veo que me equivocaba, pues no siempre es así y que enemigos astutos han sentado como un indeclinable derecho el que sus ideas políticas no puedan ser críticamente juzgadas. Y lo más grave del asunto, es que esa posición tan prepotente, tan autoritaria y tan dogmática (casi papal: hay delito de excomunión democrática para el que dude y condena eterna al campo del fascismo) haya sido asumida mansamente por la izquierda.

4. Cuando oigo hablar a gente de la izquierda del pueblo vasco, y defender la voluntad del pueblo vasco para decidir sobre su futuro en los mismos términos que los nacionalistas, y cuando veo que la izquierda acepta como natural que el PNV y ETA/HB/B sean los únicos partidos que representan al pueblo vasco, me pongo a temblar, porque veo que la izquierda ha retrocedido siglos en su pensamiento, en su sentido crítico y que está presa de la superstición o de la ignorancia, o de ambas cosas.
 Entre la gente de izquierda se encienden las señales de alarma cuando Aznar o miembros de su partido se arrogan la representación no sólo institucional, sino política, cultural o emocional de todos los españoles o del pueblo español, y entonces pensamos que Aznar (o quien sea), en ese aspecto, representa a una parte, a quienes le votan, a quienes comparten su programa e intereses, pero a otra parte, no; de ninguna manera; no hay una sola España (la imaginada por el PP); hay más de una, somos un país plural, pensamos, y además dividido territorial y socialmente (la distinción entre la izquierda y la derecha, si se mantiene, alude a esa diferencia social).
Pero esas señales de alarma no se encienden entre demasiada gente de la izquierda cuando se habla del País Vasco, de donde curiosamente se excluyen del análisis las diferencias de clase, de renta y posición, la diversidad de situaciones, necesidades e intereses divergentes, e incluso contradictorios, y se habla de un pueblo con intereses comunes, coincidentes en el mismo proyecto soberanista. ¡Qué gran triunfo del PNV, el partido de la burguesía nacionalista vasca, ha sido lograr que la izquierda acepte para Euskadi un proyecto que combate en otras partes! ¡Qué gran triunfo es haber logrado que la izquierda apoye, sin discusión, un proyecto político que subordina los intereses de los parados de Rentería (Orereta, creo que se llama ahora) a los de los señoritos y señoritas de Neguri! ¡Qué gran triunfo del PNV es haber logrado que una organización que se dice de izquierda y socialista haya conseguido hacer penetrar en muchos jóvenes ese mismo proyecto, pero arropado con el romanticismo de la llamada lucha armada y la liberación nacional!

5. Cuando oigo a gentes de izquierda discutir acerca del pueblo vasco como un sujeto político, me parece que hemos retrocedido a antes de la Ilustración y que quien habla así está preso de la superstición y alude a los mitos para apoyar sus argumentos. El término pueblo es un concepto antropológico que revela  escasa utilidad para hablar de política en términos modernos. Quienes hablan del pueblo vasco y sobre todo quienes dicen que actúan en nombre del pueblo vasco son unos farsantes, porque el pueblo vasco tal como ellos lo conciben, no existe, como las encuestas y las elecciones no se han cansado de mostrar a quien lo haya querido ver.
Hoy, en Euskadi, por mal que les siente a algunos, no existe una comunidad de necesidades e intereses, ni cultural ni lingüística ni económica, y mucho menos política, sino una sociedad moderna, escindida en clases sociales (que el PNV trata de escamotear), niveles de renta, propiedad, situaciones y, sobre todo, en ideas y comportamientos políticos, que en muchos casos son muy divergentes. Estas cuestiones eran antes el abc de la sociología de izquierda y, desde luego, de la política, pero ahora parece que la izquierda se halla más cómoda en el terreno del pensamiento mágico. Puede ser, pero no dejaré de criticarlo.
Saludos.     
           
24 de septiembre de 2003.
Para Colectivo Red Verde.

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