Creo que anoche me
excedí y abusé de vuestra paciencia, pero no terminé, así que ahí va otra
ración de lo mismo. Se trata de uno de los muchos ejemplos que podrían ponerse.
En Breve historia de Euskadi. De la prehistoria
a nuestros días, de Francisco Letamendía, Ruedo Ibérico, 1980, Letamendía,
en el primer párrafo del capítulo I, afirma que en casi ningún país de Europa
la prehistoria incide en la fisonomía actual. Lo cual no es del todo cierto,
pero si así fuera, quien no pretenda estar apegado a unas raíces cuanto más
antiguas mejor, no puede menos que alegrarse por haber dejado atrás aquellos
días tan bárbaros y de haber remontado, al menos un poco, un estadio tan
próximo a la animalidad. Pero bueno, eso no es lo esencial, sino que el autor
llama la atención sobre el hecho de que en todas partes ha sido así menos en
Euskadi, y como consecuencia de este legado la
formación de las clases sociales en su Edad Media histórica queda así
condicionada por la pervivencia de las estructuras democráticas tribales de la
prehistoria y procede de la disolución de estas.
¿De dónde viene este
carácter tribalmente democrático? Lo aclara, o mejor lo intenta, en el epígrafe
"La democracia matriarcal primitiva", en el que no estudia la
democracia matriarcal vasca sino que se atiene a las definiciones de Morgan
sobre la gens, el matriarcado, la consanguinidad, etc. Pero hay que decir que
Henry Morgan basó sus estudios sobre la familia en su estancia entre las tribus
de los indios iroqueses de Norteamérica y que sus conclusiones sobre el
carácter democrático las extrajo de las decisiones de la Liga Iroquesa, que
agrupaba a la principales naciones de la lengua algonquina (mohawk, onondaga,
seneca, oneida, cayuga y tuscarora). En algunas de las ideas de Morgan
publicadas, en 1877, en La sociedad
primitiva (creo que hay una edición de Ayuso de finales de los años 70) se
inspiró Engels para escribir su obra El
origen de la familia, de la propiedad privada y el Estado, pero ninguno de
estos autores habla del matriarcado vasco, que quizá Letamendía confunda con la
matrilinealidad. Pero eso no le impide concluir: Hasta cuando ha perdurado esta estructura gentilicia entre los pueblos
vascos no puede decirse con certeza; pero que ha existido, y hasta fecha no muy
remota en el tiempo, es indudable. Bueno, pues o cuenta algo más o no queda
más remedio que dudar, o ¿es que vale como apoyatura para defender su tesis
sobre la estructura gentilicia prehistórica vasca una investigación hecha en el
siglo XIX, en otro continente, entre gentes de otra cultura y en otra etapa de
civilización? Para él la confirmación está en la pervivencia de la lengua
vasca.
En otro momento,
escribe Letamendia, Barandiarán apunta la hipótesis de que el hombre vasco que los habitaba
(los territorios) y a lengua que se
hablaba entre ellos en el eneolítico coinciden con los hombres y la lengua
vasca actuales (...) constituyendo probablemente
la raza vasca moderna una evolución local del hombre de Cromañón, pero lo
que en el texto expresa cierta cautela -hipótesis, probablemente- en el
lenguaje político de la calle se convierte en certezas probadas.
Otro de estos lapsos
se advierte en el epígrafe "La formación del reino de Navarra". Dice
en un párrafo: Las antiguas mesnadas
tribales se convierten en fuerza pública permanente que sustituye al pueblo
armado. Ha nacido el primer Estado vasco, el Estado monárquico.
Aquí ya se puede rastrear
la noción de Estado que tiene Letamendía (y de qué concepción teórica proviene
esa interpretación abertzale de que ETA es el otro Estado). Pero dejando esto,
la aseveración es atrevida, pues la noción Estado es del Renacimiento,
corresponde a Maquiavelo, quien designa "lo stato", como lo estable,
lo que permanece en el poder por encima de la circunstancia vital del
gobernante, lo cual tiene poco que ver con las mesnadas tribales vinculadas a un caudillo o, con el estadio intermedio, las huestes medievales de un señor feudal.
Por otra parte, no se tiene constancia de ese Estado monárquico, que
cuando se consolida, Letamendía se ve obligado a decir que es de Navarra, pero
de la división del Reino de Navarra, surgen otros pero no un reino vasco y
menos un Estado vasco. Se puede sacar la lista de los reyes de Navarra, de
Aragón o de Asturias, el reino más pequeño antes de ser el de León, pero no de
los reyes de Vasconia, pues no se produce ni la escisión por reparto realizada por Sancho
III, ni una escisión como la del conde Fernán González, en el año 960, que a
partir de un condado en el reino de León crea el reino de Castilla. Así que el
destino de los vascos será azaroso, pero no existe un reino y menos un Estado,
en el sentido moderno del término, en el que los vascos se hayan gobernado de
modo independiente. Aunque esto no es lo que cuentan los nacionalistas, sino
que los vascos eran independientes hasta que fueron invadidos por España (la
fecha de la invasión es desconocida).
Letamendía, como tantos
otros, se ve obligado a buscar razones históricas que justifiquen la invención
de la tradición realizada por el romanticismo vascongado, en un proceso que es
muy similar en Europa y que comienza en Alemania, con Herder, como reacción alemana
a las ideas de la Ilustración y de la civilización, ambas de matriz francesa. Frente
a la idea de civilización, que representa la hegemonía intelectual y artística
de la Francia en proceso de modernización, los románticos alemanes oponen la
cultura popular, el espíritu del pueblo; lo espirutual, arraigado en los siglos como lo
verdaderamente valioso frente al racionalismo y el materialismo francés, que
juzgan una ligera y apresurada impostación.
La idealización del
pasado, de la tradición, de la Edad Media, de la religión, de los mitos, de lo
mágico y de lo emotivo, como lo que expresa verdaderamente el sentir de los
pueblos, es una reacción conservadora europea ante el racionalismo de la Ilustración, el liberalismo político y
las prácticas revolucionarias posteriores a 1789.
El surgimiento del
nacionalismo vasco no escapa a esta corriente, pues, como un proyecto político
tardío que reacciona frente a la modernización del País Vasco, está precedido
por una extensa siembra literaria de este pensamiento romántico, que mucha
gente de izquierda debería conocer.
Conclusión: no niego
por principio el derecho de autodeterminación de nadie y menos de los vascos,
pero quiero discutir seriamente sobre ello: pido que se me justifique con
razones, no con mitos; con proyectos para el futuro, no con amañadas
reconstrucciones del pasado y, exijo, eso sí, que ese deseo venga avalado por
una mayoría cualificada de ciudadanos, no por la actividad de una minoría de
fanáticos iluminados que quieren imponer sus criterios por la fuerza. Pero lo
que más me sorprende es que entre gentes de la izquierda estas razonables
peticiones estén mal vistas.
Saludos.
Jueves, 25 de septiembre de 2003 15:17
Para Colectivo Red Verde.
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