Lo
que defiende Cheng está en las antípodas del multiculturalismo. El
multiculturalismo parte de identidades culturales homogéneas. De esta manera
Cheng sería un chino que se aproxima a Europa manteniendo su identidad y el
grupo de procedencia. La actitud correcta sería de tolerancia mutua.El
cosmopolitismo intercultural parte de la identidad singular de cada ciudadano,
que forma parte de muchos grupos heterogéneos porque no tiene una identidad
grupal fija y cerrada. En el mundo globalizado en el que estamos me parece la
mejor opción. Ni nos diluimos en lo uniforme del capitalismo consumista ni
buscamos identidades perdidas que sólo han existido en la fantasía de la
tradición. La identificación imaginaria con el grupo lleva al sectarismo y a la
violencia. Mejor estar abierto e ir construyendo una identidad a partir de
múltiples experiencias.
Luis Roca Jusmet, reseña
de <El diálogo>, de François Cheg, Valencia, Pretextos, 2013, en El viejo topo nº 316, mayo 2014.
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