domingo, 4 de diciembre de 2016

Máster de Podemos


A propósito de una opinión de Mikel Arteta sobre Errejón hablando en catalán en una emisora catalana.

No parece censurable que la gente aprenda la lengua de la región, zona o país en que vive si no desea sólo comunicarse en la lengua franca si es que existe. Lo que no comparto es que se penalice el uso de la lengua franca para hacer obligatorio el uso de la lengua minoritaria. Respecto a Podemos, el recurso fácil de lo que diga la gente, donde quiera que esté y cualquiera que sea lo que desea, conduce a la continua metamorfosis o al camaleonismo político.

Con indicar el máster que preparan en la Complutense está dicho casi todo. Se titula "Política mediática. Mapas y herramientas para una nueva cultura de ciudadanía" y consta de cinco módulos: 1) Política, mercado y comunicación; 2) Relaciones internacionales y geopolítica; 3) España y nuestro lugar en el mundo; 4) Comunicación, medios e ideología y 5) e Información social y medios de comunicación, que vienen a resumirse en uno: comunicación. Está aconsejado para funcionarios y trabajadores públicos, promotores de economía social y de redes de consumo responsable, miembros de partidos políticos, sindicatos, consultores de comunicación política, politólogos, sociólogos, economistas, periodistas, abogados, juristas, educadores y profesionales de cualquier ámbito privado comprometidos con los problemas sociales. Lo de "problemas sociales" viene a ser un eufemismo, si lo sustituimos por el poder, lo entenderemos mejor.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Mitos que matan

Good morning, Spain, que es different 
Anoche asistí a la presentación del libro de Gaizka Fernández Soldevilla “La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA” (Tecnos, 2016), en el que el autor analiza el relato nacionalista previo a la fundación de ETA y, por supuesto, a la opción terrorista emprendida por una de sus minoritarias pero persistentes facciones.
Frente al discurso que justifica la aparición y permanencia del terrorismo como respuesta a unas (pretendidas) condiciones objetivas previas y específicas del País Vasco (más represión y ensañamiento del franquismo), que en realidad son generales al resto de España y aún más leves (en el País Vasco acabó antes la guerra civil, con lo que hubo menos muertos en la contienda, y la represión posterior fue menor que en otros lugares de España, pues los represaliados en Andalucía o en Extremadura triplican a los ejecutados vascos), Gaizka analiza el discurso que conduce subjetivamente a la decisión de matar; porque privar de la vida a quien no comparte las propias ideas políticas es un acto derivado de la voluntad. La violencia política no alude a actos individuales, como puedan ser los de legítima defensa de las personas cuando están en peligro sus vidas o las de sus allegados, sino que, en el caso de ETA, se debe a una forma preferente de hacer política, adoptada de manera fría y formal en reuniones, que ha sido renovada y mantenida colectivamente a lo largo de cuarenta años, ante no pocas discrepancias internas.
Pero en ETA nunca se ha admitido responsabilidad personal y colectiva alguna en la ejecución de los atentados; los pistoleros han actuado como autómatas, como ciegos instrumentos de la Historia o de la Tierra, o como disciplinados ejecutores de la “voluntad” del pueblo vasco respondiendo a un agravio milenario -el llamado “conflicto”-. El terrorismo etarra se muestra a sus partidarios como una defensa ante una vieja y permanente agresión exterior, con lo cual, para los actos de ETA, el culpable siempre es España o el Estado español por no ceder a sus demandas. En este aspecto, la posición de ETA es cobarde, pues no asume todos los efectos de los actos que promueve, y es además tan infantil como la de un niño sorprendido en falta, que echa la culpa a otro: “yo no he sido, ha sido ese”.   
A pesar del terror inspirado por sus acciones y del matonismo practicado por los escuadristas abertzales, no recuerda la gallardía de Mussolini en la cámara, en enero de 1925, al proclamar la necesidad de llevar aún más lejos y con mayor fuerza “nuestra indómita voluntad totalitaria”. Para Mussolini, la acción fascista es una consecuencia de la voluntad política de llevar adelante un proyecto de total transformación de la sociedad. En ETA, esa voluntad está enmascarada tras un discurso exculpatorio, aunque el objetivo sea igualmente totalitario (pueblo, movimiento, Estado).
Señala Jean Pierre Faye, en “Los lenguajes totalitarios”, aludiendo al nazismo y al fascismo, que el relato prepara el terreno de la acción posterior.
Pues bien, Gaizka se ocupa de desmontar ese discurso, formado por decenas de relatos, previo a la decisión adoptada por el Biltzar Tipia de ETA, el 2 de junio de 1968, de iniciar la vía armada, teorizada en la IV Asamblea (junio de 1965), “ejecutando” a José María Junquera y a Melitón Manzanas, jefes de la Brigada Político Social de Bilbao y San Sebastián.
Esos relatos, presentes en la literatura nacionalista mucho antes de la aparición de ETA, a los que esta organización ha ido añadiendo sus aportes, van conformando el mito -la leyenda escrita- de la arcadia perdida, de la nación próspera y feliz invadida por sus vecinos, y del gudari invencible, el heroico resistente mantenido a lo largo del tiempo bajo unas u otras formas, del que los etarras se sienten herederos.
Para Caro Baroja (“El laberinto vasco”), los hechos ocurridos en el tiempo son algo tan abigarrado y atemporal como un baile con disfraces de distintas épocas. El guerrillero vasco de 1875 va junto al revolucionario ruso de 1917; el “orador” político hace un repaso de la historia en que en cinco minutos aparecen todos los agravios habidos y por haber; desfilarán el cura Santa Cruz, els segadors, los defensores de la ley sálica, etc. Los buenos del drama y los malos, galopando a lo largo de los siglos.
El éxito que ese relato mítico -de mitos que pueden llevar a matar- ha tenido entre la gente joven (y no tan joven), nos habla también de un tipo de mentalidad en el que perviven formas muy arcaicas de pensamiento, que dan por ciertas afirmaciones que chocan con la realidad, que eliminan la duda y rechazan cualquier idea o argumento que no sean concordantes con la propia opinión o con la de la familia o la cuadrilla, y que permiten vivir dentro de una burbuja, configurar una sociedad dentro de la sociedad o habitar un país imaginario.
Hablamos en definitiva, de ignorancia, primero, y de fe, después; de arcaísmo y de resistencia a la modernidad. Por lo cual es ardua la tarea que queda por delante para desterrar tales mitos, si aceptamos la opinión de Cassirer (“El mito del Estado”)  de que destruir los mitos políticos rebasa el poder de la filosofía. Un mito es, en cierto modo, invulnerable. Es impermeable a los argumentos racionales; no puede refutarse mediante silogismos.

Pero algo hay que hacer para que no se repitan.

lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Volver a 2007?

Respuesta a una pregunta de Amador Fernández Savater sobre si vamos a volver a 2007, con el éxito del black friday como pretexto.

Espejismos; en España, país diverso, hay público para todo; para el black friday y para el black every day. No hemos vuelto a 2007, y no vamos a volver. Porque de eso se trataba: de una "devaluación competitiva" o dicho de otra manera, de un rebajón de salarios y de establecer unas condiciones de vida muy leoninas para la población asalariada; disciplinar a los trabajadores con la reforma laboral y a los ciudadanos en general con la ley mordaza, mientras se privatizaba de forma legal e ilegal el patrimonio social colectivo formado por los bienes y servicios públicos y las instituciones del Estado del bienestar y se trasvasaba dinero desde las rentas bajas hacia las altas. Los tres millones de personas que han sido expulsados de la clase media hacia abajo y las situaciones de pobreza y exclusión: el 13% de hogares que llegan con dificultad a fin de mes; los 3,5 millones de personas con pobreza severa; los 4,5 millones de pensionistas (la mitad de los que hay) están bajo el umbral de la pobreza, el 15% de los trabajadores son pobres (y trabajan), 3 de cada 10 niños son pobres, las 40.000 personas sin techo, etc, etc, son los resultados (óptimos para el Gobierno) de unas decisiones políticas que, aplicadas con severidad, perseguían eso precisamente. Siendo optimistas, no vamos a volver a los niveles de empleo y bienestar, por lo menos en los próximos 10 años.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Víctimas

Respuesta a comentarios de Joaquim Pisa y a Agus Salva a mi texto: "1976. Un año decisivo"

Cierto. Según Mariano Sánchez Soler: "Como revelo en mi libro La transición sangrienta (Península, 2010), y en mi tesis doctoral, desde el 20 de noviembre de 1975 hasta el 31 de diciembre de 1983, la transición española se cobró, en apenas ocho años, más de 2.663 víctimas por violencia política entre muertos y heridos hospitalizados. De estas 2.663 víctimas durante la transición, un total de 591 personas perdieron la vida. De ellas, 188 murieron en actos de violencia política institucional".

Aparte del libro de Mariano Sánchez, "La transición sangrienta", Jean Chalvidant ("ETA. La investigación", Jaguar, 2004), ofrece una lista, por años, de 229 etarras muertos desde 1968 hasta 2003. Y una lista de 856 víctimas de ETA, desde 1960 hasta 2003, aunque existen dudas sobre la primera víctima, en 1960, la niña Begoña Urroz, muerta en una explosión en la estación de Amara en San Sebastián. La lista se detiene en Joseba Pagazaurtundua, pero no contempla el atentado de la T-4 en Barajas, que dejó dos muertos, ni los posteriores hasta 2010. Entre la tregua de 2006 y 2010, ETA mató a 12 personas, la última fue un policía francés.

sábado, 19 de noviembre de 2016

1976. Un año decisivo

Good morning, Spain, que es different 
Hace ahora cuarenta años estábamos inmersos en un proceso de cambios que no sabíamos cómo iba a terminar.
El otoño de 1976 se puede calificar de etapa decisiva en un año cargado de movimientos políticos y de luchas sociales, no exentas de sucesos dramáticos, que expresaban la tensión entre los que pretendían mantener un franquismo sin Franco y quienes deseaban acabar con la dictadura mediante una ruptura democrática o incluso revolucionaria. 
En la Transición no sucedió lo que en 1810, 1869 y 1931, en que tres períodos constituyentes de signo democrático ocuparon el vacío institucional dejado al caer la monarquía, ya que el régimen franquista sólo se hundió parcialmente, lo que le permitió conservar buena parte de su legitimidad y mantener en uso los aparatos fundamentales del Estado.
Cuando Franco murió se planteó con toda crudeza la continuidad o la extinción de su régimen, pero se dio una situación de precario equilibrio entre las fuerzas de éste y las de la plural y dividida oposición. En el año 1976, el forcejeo entre los partidarios de ambas opciones por romper a su favor ese equilibrio alcanzó la máxima tensión.
El gobierno de Arias y Fraga, fiel al “espíritu del 12 de febrero”, pretendió mantener el franquismo bajo la forma de una democracia a la española. “No se inicia un nuevo Régimen, sino una nueva etapa”, dijo el procurador Pedrosa Latas, expresando la opinión de los más furibundos defensores de la dictadura. Pero la movilización ciudadana y la aparición de un sector de la clase política franquista partidario de iniciar la reforma del Régimen antes de que las dispersas fuerzas de la oposición pudieran unirse e imponer una ruptura, aconsejó a las mentes más preclaras sustituir a Arias Navarro por Adolfo Suárez, cuyo gobierno acometió la tarea de reformar el Régimen desde dentro.     
Dicho cambio tuvo lugar en un contexto de movilización ciudadana, luchas obreras, estudiantiles y vecinales, huelgas generales, violencia terrorista y represión policial, con un elevado saldo de muertos, heridos y detenidos. Franco murió en la cama, sí, pero fue la ciudadanía más activa la que en la calle acabó con la dictadura, pagando un alto precio por ello, pues el Gobierno consideraba la calle no como un espacio público, sino como un escenario político sometido a su control. “La calle es mía”, dijo Manuel Fraga en aquellos días, siendo Ministro de Gobernación.
El año 1976 fue pródigo en acontecimientos que fueron marcando un cambio de tendencia. Empezó con una huelga general de varios días en Madrid, a los que siguieron otras huelgas en el resto del país; en marzo, en el marco de una huelga general tuvieron lugar los sucesos de Vitoria (5 muertos por la represión policial, 90 heridos y más de cien detenidos), también en marzo, las dos asociaciones unitarias de la oposición, la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia se unieron en Coordinación Democrática (la Platajunta); en abril, como efecto de la luchas obreras, la Ley de Relaciones Laborales reconocía la readmisión obligatoria de despedidos, también en abril pudo la UGT celebrar legalmente su XXX Congreso (el primero en suelo español desde la guerra civil), pero el día 1 de mayo no se pudo celebrar legalmente la Fiesta del Trabajo debido a la prohibición gubernativa.
En mayo, tuvo lugar la tragedia de Montejurra (2 muertos y varios heridos por la acción de pistoleros fascistas italianos y españoles), en junio se aprobó el proyecto de ley de asociación política (pero el ejercicio siguió siendo ilegal), en julio se abrió el registro de partidos políticos, CCOO, UGT y USO formaron la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS) y CCOO celebró de manera ilegal su primera Asamblea.
En julio, Adolfo Suárez reemplazó Arias Navarro en la Jefatura del Gobierno, el día 19 se legalizaron los derechos de reunión, asociación y manifestación, y el día 30 el Gobierno decretó una amnistía para delitos políticos que no hubieran puesto vidas en peligro. En agosto se decretó una amnistía sindical y el ministro de Relaciones Sindicales recibió a representantes de CC.OO y UGT, la CNT rechazó la entrevista. El día 11 de septiembre se celebró legalmente la Diada en Cataluña.
Otoño comenzó con nuevas huelgas y movilizaciones ciudadanas. En octubre, se publicó el Decreto de Medidas Económicas del Gobierno y la Plataforma de Organizaciones Democráticas defendió la “ruptura democrática” en la llamada “Cumbre del Eurobuilding”.
Noviembre se inició con una nueva jornada de lucha en Cataluña y el País Vasco y mediado el mes la COS convocó una huelga general en toda España. El día 18 las Cortes aprobaron la Ley de Reforma Política (el llamado suicidio de las Cortes franquistas), pero siguió habiendo evidente continuidad con la dictadura, pues el día 20, primer aniversario de la muerte de Franco, se celebró en la basílica del Valle de los Caídos un solemne funeral por el dictador presidido por los Reyes.
El día 1 de diciembre, las fuerzas de la oposición designaron a los miembros de la Comisión Negociadora que debía verse con el Gobierno. Estaba formada por Felipe González (PSOE), Santiago Carrillo (PCE), Enrique Tierno Galván (PSP), Francisco Fernández Ordóñez (socialdemócratas), Joaquín Satrústegui (liberales), Antón Cañellas (democristianos), Jordi Pujol (catalanes), Julio Jáuregui (vascos) y Paz Andrade (gallegos).
Entre el 6 y el 8 de diciembre se celebró legalmente el XXVII Congreso del PSOE (renovado), el primero en suelo española tras la guerra civil.
El 15 de diciembre tuvo lugar el referéndum sobre la Ley de Reforma Política, con una campaña electoral (“Habla pueblo, habla”) del Gobierno realizada sin oposición, con los partidos políticos en la ilegalidad y sin haber accedido Suárez a recibir de forma oficial a la Comisión Negociadora, aunque había mantenido entrevistas secretas con varios de sus miembros.
Las fuerzas de la oposición defendieron la abstención, pero el resultado del refrendo fue favorable al Gobierno. Habría reforma del régimen, pero no ruptura democrática… aunque la pelota aún estaba en el alero.
El día 16, los Grapo secuestraron a José Mª Oriol, presidente del Consejo de Estado, y el día 23 Suárez recibió a la Comisión Negociadora.
El día 30 de diciembre fue suprimido el Tribunal de Orden Público (TOP), que en ese año había abierto 4.795 sumarios. Entre los últimos detenidos puestos a disposición del TOP, estuvo Francisco García Salve, el cura Paco, detenido tres días antes en una manifestación que pedía la liberación de Santiago Carrillo, que fue puesto en libertad el mismo día 30. Aunque el Gobierno no le permitió convocar una rueda de prensa. Seguía el pulso.
El año 1977 habría de ser igual de intenso.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Pobreza energética

A propósito de un comentario de Carmen Vidal sobre "pobreza energética"

A mí no me parece mal utilizar "pobreza energética", porque precisa en cierta medida una forma de pobreza de país rico. Es una expresión muy gráfica. Como la pobreza es relativa, no es lo mismo ser pobre en la India que en Alemania o en España, pues en los países desarrollados se puede ser pobre con casi los mínimos vitales cubiertos. La pobreza energética acerca al tercer mundo, pues señala que están sin cubrir algunos mínimos que hasta ahora se consideraban asegurados, como eran la luz y el calor. Entiendo que quien se alumbra con velas se priva también de comer y de otras cosas., haciendo mil equilibrios cada día, privándose de una cosa o de otra para poder sobrevivir. Me sucede lo mismo con la dieta de los niños: decir que hay miles de niños que no hacen tres comidas al día, es señalar que nos acercamos al tercer mundo.

Carmen: "El problema es que al parcializar el concepto se parcializa la solución. Y no se que es más de tercer mundo no tener calefacción o no comer. Esto lo explican muy bien en las escuelas de negocios que enseñan gestión pública, la base más importante para diseñar una política pública determinada es el nombre que se le da al problema o objetivo que quieras atajar en esa política. Gana el concepto y ganaras la política" Por eso el lenguaje es el principal campo de batalla ideológico. Sería mucho más efectivo para concienciar hablar de pobreza real o de privación de condiciones mínimas de vida. Entre otras cosas porque esa ley que gas natural se ha saltado solo dice que tiene que avisar para que el ayuntamiento ponga medidas sociales y no se interrumpa el suministro, no hace desaparecer la deuda. La deuda eléctrica sigue creciendo para el usuario que tendrá que hacer frente al total de la deuda en cuanto tenga ingresos. Porque no trata el motivo de la pobreza solo una única de sus consecuencias."

No lo veo así, la pobreza es una, pero las causas son múltiples. Si no se olvida lo principal, que la pobreza es un efecto del desigual reparto de la riqueza producida socialmente, no veo mal que se vaya identificando por sectores a los autores y coautores de este desastre. La pobreza es una, la explotación también, la opresión y la marginación, también, pero me parece bien que se vayan señalando los factores y los autores que las componen: la pobreza energética señala al oligopolio de las compañías eléctricas; como los créditos engañosos, las preferentes, las hipotecas con cláusula suelo, etc, etc señalan directamente a las entidades bancarias y no sólo al capitalismo en general. Del mismo modo que los bajos salarios, los contratos precarios, las largas jornadas laborales, los accidentes, etc, apuntan a patronales como la CEOE o Fomento. Y los abusos de las compañías de telefonía, apuntan a otro oligopolio concreto y no sólo al capitalismo en general. El capitalismo es complejo, y una de sus defensas es presentarse como resultado fatal de un proceso que se quiere hacer pasar por natural e inevitable, por lo cual, para las grandes masas de población que padecen sus efectos es difícil identificarlo como un sistema que funciona con una lógica propia, que les perjudica de muchas maneras. Por esta razón, me parece políticamente conveniente desmontar tales defensas al ir desvelando los diversos intereses sectoriales, e incluso los rostros que hay detrás.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Rosa y cinco millones más

Good morning, Spain, que es different

Rosa, la anciana de 81 años, que ha muerto en Reus al incendiarse su casa por haber caído la vela con que se alumbraba, es una muestra del deterioro social que han provocado los recortes en gasto social, un ejemplo de la “recuperación” selectiva y de la política que, según Rajoy, ha dado tan buenos resultados, que no hay que tocarla.
La muerte de Rosa, una víctima de los recortes, del paro (de su yerno) y de las bajas pensiones, es un caso extremo y directo de precariedad, pero entre los cinco millones de personas afectadas por la pobreza energética hay otros casos similares sin que sea tan evidente la relación entre la causa y el efecto. Personas que mueren de frío, de un catarro mal curado o de neumonía por las mismas circunstancias que Rosa, pero que no figuran en las estadísticas como víctimas de la pobreza inducida, o mejor dicho, de la rapiña del oligopolio eléctrico alentada por el Gobierno de Rajoy, que tanto ha hecho para que se den estas situaciones propias de los años cuarenta y cincuenta, cuando Franco regía los destinos de la España imperial pero con hambre.
Al lado de la muerte de esta anciana hay que colocar los beneficios de miles de millones de euros de las compañías eléctricas, que aumentan cada año, casi doblan el beneficio de las compañías eléctricas europeas y apenas se redujeron en los peores años de la recesión. La luz ha subido el doble que la media en la UE y España es el cuarto país con la luz más cara.
Las tres grandes compañías Endesa, Iberdrola y Gas Natural-Fenosa han ganado 56.600 millones de euros desde que comenzó la crisis hasta el año 2105; el peor año fue 2013, en que sólo ganaron 5.900 millones de euros, pero en 2914 ganaron un 20% más. El año 2016 tampoco pinta mal. Su beneficio asciende a 20 millones diarios. Endesa es la que más gana  (empresa pública privatizada por Aznar y ahora propiedad semipública de la italiana ENEL), pues se sitúa entre las cinco más rentables del sector en Europa.
Formar parte del consejo de administración de una gran compañía, en particular de alguna de las eléctricas, es la puerta para pasar de la casta política a la casta económica y se ha convertido en el destino final de muchos políticos, para contemplar cómodamente la vejez.
Lo contrario que Rosa, y otros cientos de miles de personas, que, a edad avanzada, casi sin fuerzas y con las limitaciones propias de la edad, se han de enfrentar a sobrevivir con el mismo ánimo con que sobreviven los refugiados sirios o iraquíes. Son los refugiados españoles dentro de su propia patria, que dependen de la caridad pública o privada, de la menguante asistencia social y de los bancos de alimentos. Ancianos, que junto con mujeres, enfermos y niños que no hacen tres comidas al día (conseguirlo fue el empeño de Lula para Brasil), indican que vamos camino del tercer mundo, y que estamos entre los campeones de Europa en aumento de la desigualdad.
Desde la dictadura, no se había visto un gobierno con un sentido de clase tan claro: que gobierna para los ricos y desprecia a los asalariados y a los humildes. Un gobierno antipopular a pesar de lo engañoso de su nombre, escogido para confundir a millones de personas que no son ricas, pero son incautas y están mal informadas.
Junto con lograr que cinco millones de personas padezcan pobreza energética, hay que recordar el "mérito" del Gobierno de haber empujado a más de 3 millones de personas desde la clase media hacia abajo, despeñadas a golpe de decreto hacia la precariedad.
El Gobierno de Rajoy está construyendo, con prisa pero sin pausa, una España disociada, empobrecida y crecientemente desigual, que para una buena parte de sus habitantes ha retrocedido a los años cincuenta, y que, en ciertos aspectos, cuando cinco millones de personas han de renunciar a la energía eléctrica y recurren a las velas y al brasero para tener luz y calentarse, en sólo ocho años ha retrocedido dos siglos.