miércoles, 31 de diciembre de 2014

Gobierno ilegítimo

Good morning, Spain, que es different
Con los Presupuestos Generales aprobados y teniendo por delante un anómalo año con tres citas electorales por delante y graves problemas por resolver, la legislatura agoniza y el Gobierno sobrevive en medio de un descrédito casi general. No da más de sí; poco se puede esperar de él que no sean las socorridas maniobras de última hora para paliar la pérdida de votos, pero a estas alturas ya le es imposible enmendar lo hecho, en el caso hipotético de que hubiera tenido intención de hacerlo.
Así que, por la contradicción existente entre los fines declarados y los medios utilizados; entre lo anunciado y lo realizado, y entre lo negado y lo realmente efectuado, este Gobierno, que actúa contra la mayoría de la población, a la que debería servir y proteger, es un gobierno ilegítimo.
En primer lugar, por su origen. El Partido Popular venció en las elecciones de noviembre de 2011 mintiendo a los electores sobre sus verdaderas intenciones y sobre las causas de la crisis económica, que, redujo a un asunto doméstico provocado por la mala gestión de Zapatero, fácil de corregir por un partido que sabía hacer las cosas como Dios manda.
Pero no sólo ocultó la parte fundamental de su programa, que era remodelar la sociedad y el Estado siguiendo sus preferencias ideológicas, su instinto y sus intereses de clase, sino que deliberadamente ofreció información engañosa con la intención de confundir a los votantes. Desde la dirección del Partido se fue desgranando un discurso destinado a suscitar la confianza de los electores, en el que, como cláusulas de un pacto implícito, se exponía un catálogo de todo lo que no harían -nos vamos a oponer a subir los impuestos, la amnistía fiscal es impresentable, no tocaremos las pensiones, no vamos a tocar la sanidad y la educación, no vamos a abaratar el despido, etc, etc-, que luego resultó ser el eje fundamental de su acción en el gobierno.
Escudándose en la herencia recibida, el Gobierno de Rajoy aceptó de buena gana los neoliberales dictados de la Comisión Europea, del Banco Central y del FMI para devolver la deuda externa de forma prioritaria, como prescribe el reformado artículo 135 de la Constitución, y sanear el maltrecho sistema financiero con fondos públicos a costa de reducir el gasto social del Estado y depreciar las condiciones laborales, que eran los objetivos perseguidos por su programa de clase.
El segundo factor de pérdida de legitimidad, es la decisión de liquidar, sin consenso parlamentario ni consulta específica a los ciudadanos, parte de los bienes y servicios del Estado del Bienestar, para entregarlos en condiciones ventajosas y no siempre claras a empresas privadas, como si el Ejecutivo de turno fuera propietario del Estado y el único actor autorizado para disponer de su patrimonio, que es colectivo; pertenece a todos los ciudadanos y en particular a las clases asalariadas, que han contribuido más que otras a financiarlo con sus impuestos. El Estado del Bienestar también forma parte de la denostada herencia recibida, y el Gobierno lo está dilapidando en beneficio de sus amistades.
Con reformas como la de la ley del aborto, ya retirada, la Ley de Educación y la atención concedida a las pretensiones de la Conferencia Episcopal en la ampliación del patrimonio eclesiástico (inmatriculación de propiedades), el Gobierno ha iniciado la vuelta al Estado paraconfesional, y con las reformas en el ámbito laboral, de la justicia y de orden público, se dirige también hacia un tipo de Estado autoritario, que le es tan grato como necesario para reprimir las protestas sociales que provocan sus antipopulares decisiones. 
Con todo ello, el Gobierno ha logrado abolir títulos enteros de la Constitución, en la que derechos laborales y sociales y derechos civiles fundamentales se han derogado de hecho abusando de un procedimiento de urgencia -el decreto-ley-, con el único respaldo de su partido y sin hallar objeciones por parte del Tribunal Constitucional o del Defensor del Pueblo. Lo cual no es extraño, ya que, en una tácita pero efectiva remodelación del Estado, el Gobierno está borrando la débil separación de poderes de nuestro débil Estado democrático, al situar personas afines a su ideario en los centros decisorios de instituciones públicas esenciales. De lo que resulta un poder legislativo y un poder judicial demasiado atentos a los deseos de un Ejecutivo omnipresente, que detenta un poder que nunca ha tenido otro gobierno desde la muerte de Franco, y que además extiende su influencia en la sociedad por medio de una extensa red de medios de información públicos y privados y de tramas clientelares por las que reparte prebendas y recaba adhesiones.
El último factor de ilegitimidad del Gobierno, pero no menor en importancia, es la acumulación de casos de corrupción -presuntos, unos, pero ciertos otros, ya juzgados o en proceso de instrucción- en que está inmerso el Partido Popular y la poca disposición a colaborar lealmente con la administración de justicia para lograr su rápido esclarecimiento y la correspondiente sanción de los culpables. Parte de las actividades ilegales han tenido como objetivo obtener financiación de forma irregular y en algunos casos financiar de manera específica campañas electorales, de modo que el Partido Popular ha ganado elecciones concurriendo con una oculta e ilegal ventaja sobre sus competidores.

Por todo lo dicho y porque las deterioradas condiciones de vida y trabajo de millones de personas de este país no pueden esperar ni un día más, es necesario emprender un drástico cambio de orientación política, que sólo puede venir con un adelanto de las elecciones generales y otro gobierno.

http://www.publicoscopia.com/opinion-politica/item/2902-un-gobierno-ilegitimo.html

sábado, 27 de diciembre de 2014

Taking off

Good morning, Spain, que es different

El gobernante lejano se apareció en Navidades, el telelíder dejó el plasma y lo hizo in person, true live; el gran ausente, por fin, habló.
Triste país este, en que es noticia que el presidente del Gobierno comparezca ante la prensa, dé cuenta de algunas cosas y conteste a algunas preguntas de los periodistas, no a todas. Rajoy no compareció para hablar de asuntos de poca monta sino para advertir de “cosas que generan inestabilidad, falta de progreso, retroceso y pérdida de bienestar”, con lo que dejó traslucir su aversión al cabello largo y recogido detrás de la nuca, pero, sobre todo, apareció para “vender su libro”, el relato de las maravillas de su tercer año de reinado y anunciar el venturoso futuro que nos espera, pues 2015 será el año del despegue definitivo. Despegamos.
Rajoy recurrió a algunas grandes cifras en apoyo de su tesis, pero se dejó en el tintero los saldos de la cuenta de la vieja, ya se sabe: la diferencia entre lo que había y lo que hay, lo que tenía y lo que tengo, lo que debía y lo que debo. Y visto así no hay justificación para tanto triunfalismo, si nos atenemos a la justificación que dio nada más llegar al Gobierno para justificar los recortes: que había que pagar la deuda, como ordenaba el reformado artículo 135 de la Constitución, que parece ser que es el único que hay que respetar.
Bueno, pues la deuda, cuyos intereses nos han costado 36.590 millones de euros en 2014, no sólo no se ha reducido sino que es mayor que la que dejó Zapatero. A finales de 2011 la deuda pública era de 744.000 millones de euros y en el tercer trimestre de este año es de más de un billón de euros (1.020.000 millones de euros), el 96% del PIB. La deuda también está despegando.
Y el paro también despega. Es otra cifra que debería rebajar los humos a una persona sensata: hoy, a finales de 2014, hay registrados 140.000 parados más que a finales de 2011, parados reales hay más. Dice Rajoy que se ha creado empleo. Bien, pues en términos absolutos, no; y en términos relativos, tampoco, lo que se ha hecho es repartir en varios empleos puestos de trabajo que ya existían; se ha destruido empleo de calidad y se ha creado empleo temporal, precario y barato.
En cambio, el poder adquisitivo de los salarios se hunde, y las prestaciones por desempleo, y las pensiones, las becas, las ayudas a la dependencia, y, en general, todo lo que depende del gasto público se deteriora, se privatiza, se suprime. España es el país de Europa donde más ha crecido la desigualdad y donde el 20% de la población vive en el umbral de la pobreza y tres millones en la pobreza severa, es decir, con menos de 307 euros al mes, 6 millones sufren de pobreza energética y más de un millón y medio sufren cortes de luz por no poder pagar la factura.
La destrucción de la economía del país ha sido brutal, y eso por no hablar de otras cosas que también se han destruido. Pero para Rajoy, despegamos. Y hay que huir de aquellos que pueden generar inestabilidad y poner en peligro el definitivo despegue.
En los años sesenta, el término taking off era “colocarse” con algún sicotrópico, principalmente LSD; despegar y emprender un viaje sicodélico hacia un universo de luces y colores. ¿Qué habrá tomado Rajoy?
 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Sorprendente unanimidad

Good morning, Spain, que es different

Razón tenía el mensaje de “Palinuro” de esta madrugada al sorprenderse por la  unanimidad que había suscitado el discurso del Rey, el día de Nochebuena, en la prensa y en los partidos políticos. Era de esperar en los grandes medios de información y en los dos grandes partidos dinásticos, el PP y el PSOE, y también en casi todos los demás, no tanto en Podemos, que en breve nota matizaba sus diferencias. La excepción fue Izquierda Unida, pues para Cayo Lara el discurso fue decepcionante y continuista.   
¿Dónde está el origen de la unanimidad? Pues, muy sencillo: en el diagnóstico, que casi todos comparten. El Rey señaló en su discurso algunos de los graves problemas del país, con lo cual mostró dos cosas: una, que está al día, por lo menos a grandes rasgos, de la marcha el país, lo cual es de agradecer aunque sea parte de su trabajo, y dos, que sabe cómo ganarse a la audiencia con un poco de populismo; regio populismo, claro está.
En el rápido diagnóstico que el Rey hizo de la situación, se olvidó de citar un factor tan importante en la situación como el papel jugado por la Casa Real en la crisis del vigente régimen político y en la desafección de la ciudadanía respecto a las instituciones. Por un lado, por la lejanía mostrada respecto a la difícil vida cotidiana de la gente corriente, en esta etapa de crisis económica, y por otro, porque está tocada por una corrupción, que, por el rango y la función de la Casa Real y por la magnitud de las cifras y la organización de la trama, es difícil de equipar con otras, de las muchas y muy graves que hay en el país. En lo que respecta al cumplimiento de la ley, lo que acontece en la Jefatura del Estado debe desempeñar una función ejemplar. Pero volvamos a la causa del éxito del discurso real.
Hacer un diagnóstico de algunos graves problemas, o de los principales problemas del país, no implica compartir ni las causas ni los posibles remedios. Las diferencias podrían venir al señalar los distintos grados de responsabilidad en lo ocurrido, que en el caso de la crisis se atribuye en exclusiva a la inmoderada pretensión de los ciudadanos de vivir por encima de sus posibilidades, o en el dictamen sobre un modelo económico que se ha mostrado incapaz de ofrecer  empleo, es decir una forma estable de vivir, a la población carente de otras rentas y propiedades; quizá también podría haber desacuerdos en el dictamen sobre un sistema financiero excesivamente orientado hacia la especulación.
De mismo modo, podrían surgir discrepancias al señalar unos u otros factores en el deterioro de las instituciones y la vida pública, pero no había en el discurso real mayor concreción. Tampoco la había al señalar las líneas de actuación, las prioridades, los frentes de atención preferente; simplemente se enunciaban y se instaba a todo el mundo a ponerse manos a la obra para llevarlas a cabo, según el albedrío de cada cual.
Instar a todos sin distinción, gobernantes y gobernados, empresarios y trabajadores, dirigentes y dirigidos, rentistas y asalariados, oligarcas y marginados, empleados y parados, hombres y mujeres, honrados y corruptos, ricos y pobres, centralistas y periféricos, creyentes y descreídos, instalados y marginados, sirve de poco, pues hay personas y grupos que no apoyarán jamás esas medidas correctoras, porque, tal como van las cosas, les ha ido y les va bien; tampoco los corruptos se prestarán a luchar contra la corrupción, ni muchos de los que tienen puestos sus intereses en la continuidad del sistema aceptarán reformarlo.
No es esa la función de la Corona, argüirán los monárquicos, porque en las modernas monarquías parlamentarias, el Rey reina, pero no gobierna. Ni, por lo visto, tampoco orienta, así que su existencia se revela de escasa utilidad. Tan escasa, que los discursos de la Corona son acordados con el Gobierno de turno, con lo cual cabe preguntar por la verdadera función de una institución, que, al tener un origen y una legitimidad que desbordan el marco del juego democrático, podría ser más independiente en sus opiniones.
Resulta, entonces, que la Corona es otro poder del Estado sometido al Ejecutivo, con lo cual la independencia del Jefe del Estado puede ser tan ficticia como la del Fiscal General del Estado, el Presidente del Tribunal Supremo, el director General de Televisión Española, el Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores o el gobernador del Banco de España.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Real discurso sobre irreal país

Good morning, Spain, que es different

El primer discurso del nuevo rey de España aportó pocas novedades: hizo un discurso tecnocrático en el que dijo lo que se esperaba que dijera "en estas fechas tan entrañables que propician el encuentro de las familias", aunque me parece que esta frase es de su señor padre (se la hemos oído tantas veces...). Poco hubo de nuevo en el regio mensaje navideño.
Siguiendo las encuestas de opinión, Felipe VI dio un rápido repaso a la actualidad del país aplicando el método DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) para señalar los principales problemas y las soluciones, los retos que tenemos que afrontar y los muchos valores y capacidades que tenemos para hacerlo bien. Nada nuevo. Describió un país ideal, lleno potencialidades democráticas, con la crisis económica superada y con una corrupción en vías de corregirse, como lo demostraba la acción de la justicia.
Eso mismo lo podría haber dicho cualquiera y con los mismos efectos, es decir, con ninguno, porque ese es el llamado papel simbólico de la monarquía, contar cosas, apelar a unidad, al diálogo, a los valores reales o presuntos, a superar los retos, etc, etc, pero poco más, y dejar que se interprete su mensaje y que luego cada cual haga de su capa un sayo.
Después de la intervención del rey sobre la corrupción no es de esperar que la infanta Cristina renuncie a sus derechos dinásticos y acepte su responsabilidad en el caso Noos, ni que los Pujoles, Narcís Serra, Todó, Rato, Blesa, Castedo, Costa, Cospedal, Baltar, Mato y toda la recua de perceptores de sobres, sobornos, comisiones, trajes, confetti, relojes, automóviles y mamandurrias se encamine, en fila india y con el carnet de identidad en la boca, hacia los juzgados para poner en claro sus actividades. Ayer el Rey cumplió con las tareas de su oficio y a partir de hoy la vida sigue igual, como cantaba otro gran patriota español, que reside en Miami para demostrarlo.        
Sin embargo, hubo algo que sí me gustó, aunque pueda sonar a frase retórica: que “la economía debe de estar al servicio de las personas”. Una vez dicha, inmediatamente pensé que esa frase perdida entre otras era un subrepticio mensaje enviado a alguien, pero ¿a quién? ¿Quizá a los de “Podemos”? ¿O quizá a los superpatronos del Ibex 35?
A lo mejor recomendaba a los más selectos representantes del gran capital que corrigieran algo su “modus operandi” como Scrooges de la economía, para que aflojaran un poco el dogal con el que tienen cogido al país. Pero me temo, que como los otros, no le harán ni pizca de caso.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

No hay tregua en Navidad

Good morning, Spain, que es different

Este gobierno inmisericorde no da tregua ni en Navidad. En estos días de fiesta, no se aminoran las medidas de austeridad, no se suavizan las leyes, no se devuelven los empleos, ni se suspenden los despidos ni los embargos ni los desahucios, ni se restauran los sueldos y las pensiones; ni se recuperan, siquiera temporalmente, los bienes y servicios públicos privatizados y externalizados. Ni siquiera la justicia es más justa y actúa con más diligencia y rigor contra corruptos y expoliadores de la riqueza nacional.
En estos días de fiesta, los bancos seguirán sus procedimientos habituales en el impago de hipotecas, los que han perdido su casa seguirán en la calle o acogidos por familiares y amigos o por asociaciones solidarias, no se detendrán los EREs, los que han perdido la tarjeta sanitaria seguirán sin ella, los inmigrantes seguirán igual de perseguidos, y los pobres, igual de pobres, o quizá más; quienes pasan frío porque no se pueden permitir el lujo de pagar la calefacción y el agua caliente, seguirán así, porque este Gobierno cristiano pero inmisericorde, ha rechazado una petición de la oposición para declarar “la tregua del frío”, que permita posponer el pago de los recibos del consumo de energía durante los meses de invierno, como ocurre en otros países que también son capitalistas. Mientras tanto, la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia prevé un superávit en la tarifa eléctrica de 52 millones de euros, y ENDESA anuncia que piensa repartir a sus accionistas un dividendo extraordinario por importe de 14.600 millones de euros.
En estas fiestas, bastantes políticos corruptos seguirán impunes y pasarán las fiestas en sus casas, gastando a mansalva y brindando con cava o champagne francés por el régimen político que les permite llenar la “buchaca” burlarse de los ciudadanos año tras año. 
Por encima de las buenas palabras, de los falsos deseos de amor y concordia, el Gobierno no cesa en sus objetivos. En la lucha sin cuartel para defender los intereses de la banca, de los monopolios, de las grandes empresas y las mayores fortunas, de los defraudadores fiscales y de los corruptos de toda laya, el Gobierno no da tregua ni en Navidad.
No se la concedamos tampoco los trabajadores, los asiduos contribuyentes, los ciudadanos honrados, o mejor dicho, empecemos a salir de esta fatal pasividad y compliquemos un poco la vida a quienes insisten en defender este régimen político autoritario y corrompido a pesar de su agonía.
Que 2015 sea el año en que la resignación se convierta en indignación, en exigencia de responsabilidades a quienes no han asumido ninguna y, sobre todo, en poder ciudadano, y empecemos a transformar, de verdad y profundamente, un estado de cosas tan injusto para la mayor parte de la población.
Por eso, en este desdichado año 2014, que ahora concluye, la salutación navideña no puede ser otra que la frase con que, en 1834, George Büchner comenzaba un famoso manifiesto: "Paz a las cabañas, guerra a los palacios"
 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Almas de cántaro

Good morning, Spain, que es different
¿Almas de cántaro o tontos del haba?, that is the question. Me debato en la duda y no sé cuál es el término más acertado para calificar la conducta de los dirigentes del PSOE. ¿Son cándidos, se hacen los tontos o están realmente incapacitados para dedicarse a la política? ¡Qué duda! Porque no acierto a saber si actúan con impericia y con una malicia que se me escapa, porque también padezco de “cantarismo”, y de habas, tengo calderadas.
Aunque a veces trato inútilmente de percibir en sus movimientos tácticos algún atisbo de malicia que delate una astuta maniobra para más adelante, la mayoría de las veces me decanto por atribuirlos a la impericia o, quizá mejor, a una gran ignorancia no exenta de ambición.
¿Saben en el PSOE cómo funcionan las cosas en este país? Pues, con frecuencia, lo dudo. ¿Saben lo que es y lo que representa el Partido Popular aquí y ahora? Pues, también lo dudo, porque dan la impresión de que actúan como recién llegados, en particular su flamante candidato a no sé qué cosa, porque con el camino que lleva se quedará en candidato a secas.
A Pedro Sánchez le sucede lo que a Zapatero, que parece un turista recién llegado a España y colocado en la difícil tesitura de tener que opinar y decidir sobre las cosas de este país, y se nota que no lo conoce. Ya digo, un turista,  pero, ¡ojo!, un turista interesado, que puede acabar sus días en el consejo de administración de un monopolio, porque la puerta giratoria se abre también para estos turistas. El mismo Pedro estuvo “encajado” en Bankia, sin saber muy bien lo que tenía que hacer allí, salvo cobrar y asentir; es decir, lo que todos, pero se ignora si esa presencia y la de otros miembros del PSOE en ese célebre Consejo hizo avanzar el socialismo en España. Me parece que no, pero también dudo, porque les veo con mucha fe en el futuro, como si esos pecadillos del pasado no contaran.  
A veces pienso que les faltan amigos sinceros y que les sobran consejeros, o que convocan muchas ruedas de prensa y conceden demasiadas entrevistas y no les da tiempo a pensar lo que dicen, también creo que es una costumbre malsana acudir a tantas tertulias y atiborrarse de encuestas y sondeos de opinión para saber lo que piensa la gente, porque han sido esos hábitos los que les han llevado a donde están. ¿Y dónde están? Pues ahí está el drama, que no lo saben, y esperan que alguien se lo diga. Sólo saben que están entre Rajoy y Podemos.
Perdieron la brújula y el mapa hace tiempo y van a tientas, pero por un territorio desconocido, ya digo, porque España ha cambiado tanto -ellos la cambiaron tanto-, que no la reconoce ni la madre que la parió, como decía Alfonso Guerra (hasta hace pocos días el diputado más veterano de España), y mucho menos que la va a conocer después del paseo triunfal de Rajoy, conduciendo el carro de fuego tirado por la “troika” y arrasando todo lo arrasable.
Y hablando del PP…También creo que el PSOE necesita un enemigo sincero. Y el PP no lo es; es un enemigo artero, taimado, astuto y traicionero. De lo cual hay pruebas para aburrir.
Sin ir más lejos, después de haber estado tonteando en el Congreso con la pacata ley de transparencia y los viajes de los diputados y senadores, el Gobierno se ha sacado de la manga, sin aviso y con prisa, una reforma del Código Penal, que afecta a derechos fundamentales, con 90 enmiendas sobre terrorismo en una ley que ya está en el Congreso. Omite el informe del Consejo General del Poder Judicial, del Consejo de Estado y del Fiscal pues tiene pensado aprobarla en el pleno del Congreso del 20 de enero, y la aprobará.

Entonces, ya repuesto, se supone, de esta nueva puñalada trapera, ya veremos lo que hace el PSOE, si escarmienta o sigue afiliado al club de las almas de cántaro.  

domingo, 21 de diciembre de 2014

Piel de vaca 3

Good morning, Spain que es different
El cambio de centuria trae un relevo en los escenarios, pero pocos cambios políticos, en un país cuyos gobiernos no se resignan a administrar una potencia menguante en el concierto o desconcierto colonial de fin de siglo.
Unas guerras acaban, con importantes pérdidas humanas, morales y territoriales, pero otras siguen su curso. Los héroes de Cuba, Puerto Rico y Filipinas dejan paso a los héroes de Marruecos. Nuevas levas de hombres jóvenes, obligados a ser valientes en guerras insensatas, son héroes a su pesar en tierra extraña; sobre sus cadáveres anónimos -el soldado de leva o de quinta es siempre el soldado desconocido- los militares profesionales escriben, con sangre, sudor y pólvora ajenos, el glorioso expediente personal que les hará medrar en su carrera; las menciones en el orden del día, las condecoraciones, las estrellas en la bocamanga, el hondear de banderas y los vistosos desfiles con banda de música serán la parte honorable y ostensible del reverso siniestro de muertos y heridos, de bajas propias y ajenas, de amigos y enemigos, o de subordinados y enemigos, cosechados en hazañas insensatas o siguiendo órdenes estúpidas de un estamento que nunca yerra, que habrán servido a los ambiciosos planes de los militares africanistas para ascender en el escalafón que conduce al generalato. Menos mal que hay una guerra.
Dentro del país surge otro tipo de héroe, que da nuevas pruebas de bravura obligado por la necesidad, porque expresa el difícil acomodo del capitalismo a una estructura social que guarda muchas vivencias del antiguo régimen.
Los nuevos héroes y heroínas son contrarios a la guerra entre pueblos, pero partidarios de la lucha de clases al reclamar una parte de la riqueza producida, obtener plenos derechos civiles y participar con sus decisiones en el devenir nacional. Las tensiones entre el capital y el trabajo, el conservadurismo y la modernidad, el moderantismo y la democracia, el catolicismo y el laicismo, la monarquía y la república, se agudizan y expresan por medio del sindicalismo, de las agitaciones campesinas, de las huelgas obreras y el intento de acabar con el sistema mediante una triunfante huelga general, según unos, o de un decisivo levantamiento insurreccional, según otros. Y, claro está, las tensiones también se expresan con la contundente y frecuentemente desproporcionada respuesta del Estado y de las organizaciones patronales.
Los nuevos héroes y heroínas son defensores del sueño igualitario de la emancipación obrera y de la liberación de la mujer, y portadores del mensaje de un mundo fraternal, donde la riqueza se comparta en un paraíso colectivista o en una república federal, en el utópico horizonte de acabar simultáneamente con el capitalismo y con la monarquía, sueño que el imparable declive del régimen de la segunda restauración parecía poner al alcance de la mano en los albores de los años treinta.

(Continuará)