sábado, 19 de marzo de 2016

Gobernar como Franco (1)

Good morning, Spain, que es different
España es un país políticamente insólito. Y una de las situaciones insólitas en que estamos metidos es la que muestra al Gobierno (viejo) negándose a rendir cuentas ante el Congreso (nuevo) para informar sobre asuntos corrientes o sobre otro que no es baladí, como es la posición española en la conferencia europea sobre el problema de los refugiados procedentes de Siria.
En el Partido Popular justifican este desafío al poder legislativo con la argucia de que se trata de un gobierno en funciones, cuando esa misma situación interina no ha impedido al Gabinete tomar decisiones que tendrán vigor durante más de medio siglo. Aducen que, careciendo de la confianza de la cámara, el Gobierno no debe someterse a ella, cuando esa debe ser la razón más poderosa del Congreso para someterlo a su control y evitar que se exceda en las funciones que le competen. Es una interpretación tan interesada como paradójica argüir que un gobierno en funciones (ordinariamente provisional) puede estar menos sometido a control parlamentario que otro que goza de la confianza de la cámara, pero delata el ideal autoritario de gobernar sin límites, sin testigos ni controles.
La Vicepresidenta recurre a la separación de poderes como argumento de autoridad, pero la utiliza de modo torticero para justificar la total independencia del Gobierno respecto a las Cortes. Según esta nueva teoría de la democracia, de la que los ciudadanos han tenido sobradas muestras de su aplicación en los últimos cuatro años, las urnas sirven para elegir a los diputados, pero después de nombrado el gobierno la ciudadanía se disipa, desaparece la soberanía nacional y sólo queda el Ejecutivo, que manda y dispone a su antojo sin rendir cuentas de sus actos. El hecho de que el Gobierno esté en funciones no altera la sustancia de la teoría, pues continúa investido de todos los poderes del Estado, debido a que todavía controla la cúpula de las instituciones que ha “okupado” durante la legislatura ya periclitada. El Ejecutivo subsume al Estado, al Partido y también a la Nación, que deja de ser soberana, para ser una colectividad dependiente de lo que decide un gobierno investido de poderes extraordinarios. Lo cual, como afirma Carl Schmitt, lo convierte en el verdadero soberano porque decide sobre lo excepcional, sobre lo que no está legislado o está por encima de lo legislado, en este caso, su forma de actuar al margen del Congreso y de la propia Constitución, que, por otra parte, ha sido abolida concienzudamente durante la legislatura, en lo que atañe a los derechos civiles y sociales de la ciudadanía.    
En cuanto tiene ocasión, Rajoy solicita que se deje gobernar a quien ganó las elecciones, como si alguien hubiera querido impedirlo, y repite que el Partido Popular fue el partido más votado el 20 de diciembre, como si el Gobierno únicamente debiera tener en cuenta a sus votantes, que, recordémoslo, sólo suponen el 29% de los votos emitidos y el 20% del censo.
De este modo tenemos (padecemos) un gobierno que representa a una minoría, colocado por encima de la soberanía de los ciudadanos, que reside en Cortes, y que no rinde cuentas ante nadie (tampoco ante sus seguidores), a no ser que lo haga ante Merkel, Juncker, el FMI o ante Dios y ante la Historia, como hacía Franco.
Tenemos un gobierno con fecha de caducidad, pero encastillado y desafiante, y tenemos un partido gobernante voluntariamente marginado de los intentos de concertar la investidura de un nuevo presidente del gobierno, como si quisiera prolongar lo más posible esta situación tan insólita como favorable para sus intereses.
En realidad, nada de lo que sucede es sorprendente, si se tiene en cuenta la trayectoria del Partido Popular desde hace décadas y cuál es su habitual forma de gobernar, tan llena de resabios franquistas. Es más, este anómalo estado de gobierno de excepción, no contemplado en la Constitución, parece el colofón más adecuado a un mandato cuajado de desplantes al Congreso y a la opinión pública, y pródigo en actos atrabiliarios para justificar unas medidas que han hecho retroceder el país a situaciones que creíamos ya superadas y para entorpecer la investigación de los cientos de casos de corrupción que anegan al partido gobernante. 

viernes, 11 de marzo de 2016

¿Conspiración?

A propósito de un post del Luki

Quizá haya una conspiración para destruir Podemos, quizá; quizá esté organizada por El País, quizá; quizá lo esté por la patronal financiera, quizá; lo que es seguro es que Podemos molesta, pero ¿un partido con 40 diputados es tan peligroso? ¿Un hipotético gobierno con izquierdas de todos los tamaños y colores y el apoyo tácito o explícito de las burguesías nacionalistas es tan peligroso? Porque la aritmética no da para más y eso, con ser mucho, es bastante poco; entiendo que no es una amenaza seria ni para PRISA ni para el Ibex... En este asunto yo sigo siendo maoísta y creo que las contradicciones externas actúan a través de las contradicciones internas, que en el caso de Podemos me parece muchas, y algunas, muy agudas, como para que no puedan ser fácilmente aprovechadas por sus adversarios. Podemos tiene que demostrar muchas cosas, y una de ellas es tan importante, que puede afectar a su propia existencia, y es ver si sus dirigentes son capaces de construir un partido político desde la ocasional confluencia de una heterogénea serie de grupos, grupitos y personas para ganar unas elecciones, que no se han ganado. Creo que su innegable vocación de ganar y llegar al gobierno reposa, por el momento, en una base política y organizativa bastante feble.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Todo es divisible


A propósito de un texto de Luis Roca Jusmet.

Referéndum: quiénes votan ¿los ciudadanos o los territorios? ¿Son los territorios los que se adaptan a los ciudadanos o es al revés? Como los territorios no pueden votar, la pugna siempre es entre ciudadanos que prefieren sentirse de un territorio o de otro. Por tanto la consulta para ser auténticamente democrática deberá permitir que todos los ciudadanos decidan sobre el territorio, no sólo los partidarios de una determinada configuración del territorio, aunque los nacionalistas se erigen como los únicos representantes legítimos para representar a un territorio. 
Lo cual supone admitir que, en una hipotética consulta, puede haber decisiones contradictorias sobre el mismo territorio, por tanto, lo democrático sería que el territorio se repartiera según unas u otras preferencias, siguiendo un principio de aplicación general: todos los territorios son divisibles, según decisión de sus habitantes. 
Por tanto si España es divisible, Cataluña (o el País Vasco) también deberían serlo. Y de la misma manera que los habitantes de una región deciden separarse de su antiguo país, los habitantes de una provincia deberían poder hacer lo mismo respecto al país nuevo al que se les quiere vincular.

lunes, 7 de marzo de 2016

Leyenda del beso

Good morning, Spain, que es different

Permitan los lectores que hoy me ponga lírico, zarzuelero y hasta rumbero, pues la ocasión lo merece. Ahí es nada, en la España católica y pudibunda, asistir al primer ósculo entre hombres en el Congreso, perpetrado delante de otros dos hombres, los ministros de Economía y Sanidad, y de las cámaras de televisión. Pero, ¿qué digo hombres?, digo auténticos machos alfa de la misma manada y con ganas de gresca, dándose el morro…

"Ay, amor de hombre 
que estás llegando y ya te vas, una vez más 
juego de azar, que me obliga a perder o a ganar 
que se mete en mi sueño 
gigante pequeño 
de besos extraños 
Ay, amor de hombre 
que estás haciéndome reír una vez más 
nube de gas, que me empuja a subir más y más 
que me aleja del suelo 
me clava en el cielo 
con una palabra" (pacto, sin Ciudadanos).

Cuando pensábamos que nada podía superar la visión de Carolina Bescansa enseñando la teta para nutrir a su infante en el escaño, llega el contacto bucal de Iglesias y Domenech, como una metáfora de la confluencia entre políticos de las naciones castellana y catalana.
Verdaderamente, la gente de Podemos se supera día a día en proporcionar espectáculo, en conseguir que la atención no decaiga y que el foco no se aparte de la pista central donde ellos actúan. Ya tienes la pista central, le decía el Gran Sebastián (Cornel Wilde), convertido en un tullido ex trapecista, a la bella y ambiciosa Holly (Betty Hutton), en “El mayor espectáculo del mundo”.
Sin ayuda de Cecil B. DeMille, los de Podemos ya tienen la centralidad del tablero y no la piensan soltar, aunque sea a base de números cada día más arriesgados para llegar a un acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez. Y uno de ellos, un recurso digno de un peletero, es zurrarle la badana de modo inmisericorde y después ofrecer la mano tendida para llegar a un pacto de gobierno. El acuerdo del beso, lo llamó.
Pero no está clara la intención de Iglesias, pues Sánchez tiene dudas por el comportamiento ciclotímico de su interlocutor, primero borde y zafio, y acto seguido cariñoso; ¡lagarto, lagarto! Sánchez no sabe si el Coleta cuando besa, es que besa de verdad, y en su honor no le interesa besar con frivolidad (siguiendo una copla de Manolo Escobar), o si le va a dejar tirado a las primeras de cambio con un beso digno de Judas.
En España, con los besos no se juega, porque Pedro Sánchez podría contestar al besucón con lo que cantaba el gran Peret, genial a la par que charnego: “Me pediste un beso y como no te lo daba, te pusiste a llorar… Y una lágrima cayó en la arena…  

sábado, 5 de marzo de 2016

Maniobras olvidadas

Good morning, Spain, que es different

Maniobras olvidadas del catalanismo

Ante la lucha ofensiva de las clases subalternas, la derecha catalana, incluso la catalanista, no ha dudado en apoyar al poder central por brutal que haya sido (Proceso de Montjuic, Martínez Anido, Primo de Rivera, Franco). El que ahora se sienta capaz de volar sola y prescindir de ese apoyo indica el estado de confusión de la población trabajadora en Cataluña y el bajo nivel de lucha por un programa social, lo cual, desde el punto de vista político, revela la práctica desaparición de las izquierdas con planteamientos de clase.

“Francesc Cambó respetaba al rey Alfonso XIII pero, con el tiempo, acabó teniendo la sensación de que el monarca no acababa de comulgar ni con su persona ni con sus propuestas y que intentaba utilizarle para sus maniobras. Ahora bien, hay que subrayar que Alfonso XIII nunca le opuso grandes dificultades políticas. Había sido el propio monarca quien le había facilitado el acceso al gobierno. Fue el monarca, y no los políticos dinásticos, quien forzó la formación de los gobiernos de concentración y la presencia de los catalanistas de la Lliga en el gobierno a partir de octubre de 1917.
De hecho, ambos personajes intentaron, con métodos de la vieja política, solucionar problemas que ya eran fruto de la nueva situación social y económica y exigían actitudes, procedimientos e instrumentos muy diferentes. Ni Francesc Cambó se avino nunca a ser el líder de una nueva derecha reformista y auténticamente democrática, como le reprochó Gaziel  (Agustí Calvet) en 1931, ni tampoco Alfonso XIII fue un jefe de Estado que actuara por encima de los partidos políticos y que facilitara el libre tránsito a la participación ciudadana, como estaban haciendo por entonces los monarcas de los países nórdicos, de Gran Bretaña, de los Países Bajos o de Bélgica. Jesús Pabón sostiene que Francesc Cambó apoyó siempre a la monarquía porque la consideraba un órgano de estabilidad política, frente a la república, a la que identificaba con la revolución social. El mismo político catalanista reconocía, ya en plena guerra civil, que él era un pragmático: “Yo no soy monárquico de sentimiento, pero la reflexión me ha hecho ver que en España no puede haber orden y paz sin monarquía”.

Borja de Riquer: “Alfonso XIII y Cambó. La monarquía y el catalanismo político”, Barcelona, RBA, 2013, p. 185-186.

viernes, 4 de marzo de 2016

El concierto vasco

"El País Vasco y Navarra, gracias a los términos en que está fijado su sistema concertado de financiación, obtienen una financiación excepcionalmente favorable sin justificación correlativa suficiente. Su sistema concertado les permite no contribuir en absoluto al esfuerzo de nivelación interterritorial de los servicios público que lleva a cabo el Estado, de manera que (medido en relación a otras CC.AA. de renta similar) se ahorran anualmente la aportación de cantidades que equivalen a algo entre el 5 y el 7% de su PIB. Por citar el último estudio ("Un sistema de cuentas públicas territorializadas para España", De la Fuente, Barberán, Uriel, Madrid, 2014), la financiación observada a competencias homogéneas es de 3.868 euros anuales por habitante para el País Vasco, mientras que la media de las CC.AA. de régimen común es de 2.077 euros por habitante y año". 

J. M. Ruíz Soroa: "Encantada de haberse conocido", Claves de razón práctica nº 245, marzo, 2016.

martes, 1 de marzo de 2016

Franquistas en CiU

A propósito de una noticia colgada por Félix Ovejero sobre la opinión del jefe de informativos de TV3: "España tiene esencia franquista y autoritaria".

Este memo; jefe de los servicios desinformativos, por no decir algo peor, debería indagar sobre el origen ideológico de las personas que llenaron las listas de candidatos CiU en las primeras elecciones de la etapa democrática, porque estaban llenas de franquistas, pero no de franquistas de a pié, de los muchos que había en Cataluña, sino de personas que habían tenido cargos públicos durante la dictadura. 
En Cataluña, como en otras partes, en 1979, cuando llegaron las segundas elecciones generales y las primeras municipales, desde el punto de vista político estaba "todo el pescado vendido", con una clara hegemonía de la izquierda, tras unos años de gran movilización obrera, estudiantil y vecinal (el PSUC, las distintas corrientes socialistas, los sindicatos, las extremas izquierdas, los nacionalistas de izquierdas (ERC, PSAN, Tll), anarquistas), así que lo que quedaba era la derecha que había sido franquista, que se repartió entre CD (Alianza Popular de Fraga y grupos de notables bajo denominaciones liberales), y CiU, que recogía el voto del catalanismo católico, autoritario, anticomunista y tradicionalista, de modo que de la noche a la mañana muchos que se habían acostado como cargos municipales franquistas se levantaron como cargos electos del nuevo poder democrático. Fenómeno bien conocido en el resto de España, donde una vez muerto el dictador salieron de debajo de las piedras demócratas de toda la vida. 
En esto, Cataluña no fue ni es diferente del resto del país. Cataluña no es el oasis antifranquista o antifascista, que desde hace 30 años están "vendiendo" los nacionalistas, que los que tenemos cierta edad y bastante memoria nos negamos a aceptar. Entonces, yo sí estaba allí; yo sí conocí la dictadura y la Transición.