Ante el año 2026, ignoro hacia dónde cavará el viejo topo que trabaja en silencio para la historia, pero presiento que seguirá escarbando en la misma y funesta dirección que en los últimos años y con un tesón semejante, por lo cual deduzco que, para la inmensa mayoría de la población española, en particular los sectores más frágiles de las clases populares, y no digamos para las más pobres del mundo, el año entrante no será mucho mejor que el saliente, porque el topo, trabajador incansable, pero ciego, a veces no se orienta bien en el subsuelo y, perdido el rumbo en sus catacumbas, en vez de hacer aflorar avances y progresos, lo que aporta son sistemas políticos monstruosos, dirigidos por seres guiados en grado superlativo por la ambición, el fanatismo y la crueldad, que imponen décadas de brutalidad, ignorancia y retroceso moral para la humanidad.
En
estas circunstancias que me rodean y me inquietan, no me siento capaz de desear
sincera y rutinariamente, como si no pasara nada, un feliz y próspero año
nuevo, lleno de ventura y de bonitos proyectos que se van a realizar.
Mi saludo es más modesto,
deseo que seáis moderadamente felices mientras podáis, con o sin permiso de
la autoridad competente, conservéis la sensatez y la claridad de mente y el corazón
abierto (y generoso) para quienes tienen menos, pero sin renunciar a una pizca
de utopía, porque hoy es absolutamente necesario imaginar que vendrá un tiempo
mejor que el presente.